Una Noche en el Asilo

“Camina”-, ordeno el oficial mientras lo empujaba, el trato de protestar pero un fuerte golpe seco en su cara lo detuvo. No estaba en condiciones de reclamar algo.

El vestíbulo lucia bastante abandonado, los guardias de seguridad brillaban por su ausencia y lo mismo se podía decir de la fornitura que podría alegrar los ojos del lugar.

“Espera aquí”-, volvió a ordenar el hombre mientras se acercaba a lo que parecía ser el mostrador, su mirada delataba una inmensa desconfianza, como si estuviera extrañado por la ausencia de personas en el lugar.

El por otro lado lucia más tranquilo, después de todo al fin había conseguido lo que quería. Su trabajo estaba hecho, ahora solo faltaba cumplir el precio de ello.

Silbando tranquilamente se dispuso a esperar el retorno del guardia.

Al cabo de unas horas se desesperó. ¿Es que acaso se había perdido o qué?, no lograba entenderlo, sonrió mostrando los dientes mientras se concentraba. Tal vez era hora de utilizarlo.

Sonrió mientras retiraba el parche medico de su ojo derecho, solamente para revelar un brillo dorado; su ojo era una esfera de un color ámbar decorada por un patrón geométrico con signos arcanos que hablaban de una raza mucho más antigua que la humanidad. Aquel sextagrama ocular se dilato hasta rozar la pupila mientras esta emitía un brillo amarillento y una onda de energía transparente recorría el lugar clavándose en lo más profundo de los cimientos del asilo.

Crane sonrió por tercera vez; siempre había querido presenciar un auténtico motín carcelario, pero no había nada de entretenido entre unos cuantos presos comunes y en su mayoría cuerdos. Claro que podía sumergirse en lo más profundo de sus mentes y arrancarles la cordura de cuajó, ¿pero que había de divertido en ello?, era preferible ver como una horda de mentes frágiles se mataba entre sí, ¿Y qué mejor lugar para contemplar eso que un asilo lleno de ellos?

Desde luego, el tumulto no iba a ser algo difícil de provocar, en especial cuando los de su tipo podían cambiar el mundo con solo sus pensamientos.

“Que comience la función”

El guardia se levantó adolorido, la sensación abrasadora en su costado derecho seguía ahí, el terror se posó en su mirada:

Los restos chamuscados de su uniforme yacían ya descosidos y quemados en su mayoría, en ocasiones cubriendo parte de la piel abrasada y que había tenido la infortuna de haber sido alcanzada por la llamarada, la carne quemada, ya siendo cubierta por llagas hinchadas, de las cuales manaba sangre y ya comenzaba su pronta cicatrización.

Levanto su mano para poder apoyarse en la cercana manija y levantar su pesado cuerpo, pero el solo ver como esta, ya distante de parecer humana a duras penas podía aferrarse de la saliente metálica.

La poca carne no abrasada que le quedaba se aferraba con todo a su mano, algunos trozos ya de plano consumidos por la combustión se disolvían y caían hacia las partes del brazo donde no había lesión alguna, causando quemaduras tanto o peor equivalentes a las a de la cera de una vela.

El pobre hombre pensaba aterrado que era lo que podía haber pasado, la seguridad era perfecta y además ya se habían instalado varios dispositivos anti incendio, especialmente desde el ultimo que había sucedido, hacer ya más de tres años atrás.

El aullido de dolor que escucho del nivel inferior a donde se encontraba le erizo la poca piel sana que le quedaba, con los ojos paralizados de terror miro hacia adelante. El letrero que indicaba el número de niveles mostraba un diabólico 2.

Se encontraba justo arriba del pasillo 3, el lugar donde había ocurrido la explosión y también el sitio donde se encontraban encerrados los…

Los pasos que escucho que provenían de la más cercana escalera lo hicieron reaccionar. En esas ocasiones es el miedo lo que toma el control de tu cuerpo, en un acto de puro reflejo el guardia logro incorporarse a una velocidad envidiable y dirigirse hacia la puerta que quedaba al fondo del pasillo, justo unos pasos adelante de la temida escalera que conducía hacia aquel infierno terrenal.

Al pasar por ahí no pudo evitar dirigir una mirada hacia la escalera pero se arrepintió de hacerlo al divisar una alargada sombra que parecía tener un objeto afilado en sus manos y avanzaba cojeando por los escalones, pero al sentirse observado, levanto su cabeza revelando un par de ojos que brillaron al sentir la proximidad de una víctima.

El hombre grito mientras corría precipitado hacia la puerta siendo perseguido por las continuas pisadas del otro hombre quien se veía incapaz de poder alcanzarlo debido a la cojera.

Logro cerrar la puerta justo a tiempo para darle un buen golpe al interno quien cayó al suelo impulsado por el golpe. Detrás de la puerta el guardia suspiro aliviado mientras se sujetaba el vientre, se preguntó por enésima vez que era lo que estaba pasando hasta que cayó en cuenta: Solo debía de llamar por ayuda.

A tientas, avanzo por la habitación donde se había encerrado que según su memoria se trataba de un archivero.

“Perfecto, me servirá de mucho el poder saber qué clase de maniacos se encuentran en este piso y en el otro”-, pensó mientras tomaba un pesado volumen engargolado en negro cuya tapa rezaba: “Lista de Internos”

Abrió la primera página y reviso atentamente el índice hasta llegar a distinguir la línea que decía: “Segundo Nivel”

Tosió un poco por culpa del polvo y siguió leyendo hasta llegar al primer artículo del nivel dos:

“Nombre: Jeremiah Walter, Edad: 19 años, Razones de su estancia: Necrofagia…”

No logro terminar de leer debido a los afilados caninos que se clavaron en su cuello y al repentino peso de algo que había caído sobre su espalda.

No logro ahogar un grito pero si el poder dar golpes ciegos a lo que fuera que estuviera encima de él. Un puñetazo logro darle de lleno a la cosa porque se desembarazo adolorido del hombre pero llevándose un buen trozo de carne.

Un sonido gutural sonó en las tinieblas, justo adonde había caído lo que sea que lo había mordido. Aun adolorido, se preparó para desenfundar su arma y hacerle frente pero su mirada se llenó de terror al encontrar su vaina vacía.

“¿Buscabas. .Esto.?”

La voz era completamente seca y chirriante, como unas cadenas oxidadas y lo peor es que venía justamente detrás de él. Sabía que era una estupidez voltear, pero aun así lo hizo, solo para poder apreciar la grotesca visión de una máscara de esqueleto con la boca abierta por un cierre revelando una autentica boca cuyo aliento pútrido estuvo a punto de darle arcadas.

No tuvo ni tiempo de gritar porque ya los dientes se clavaban directamente en su cara derrumbándolo en tierra. Aquel devora hombres comenzó a morder la carne de la cara como si de un perro famélico se tratara.

Con auténtica gula y algo más allá de la inmoralidad comenzó a engullir todo a la fuerza mientras se llevaba a su paladar varios bocados de carne en ocasiones quemada. Con autentico deleite arranco ambos ojos de sus respectivas cuencas y se los trago de un bocado no sin antes lamerlos con la punta de su lengua medio cortada.

Arranco la nariz de un solo mordisco pero la escupió después de haberla probado mientras maldecía en voz abaja el pésimo sabor que tenía. Ya en pleno frenesí con solo su fuerza bruta consiguió retirar algunos cuantos músculos de la cara.

Skullmask se detuvo al escuchar un sonido familiar en la esquina de la habitación, se incorporó al ver también el clásico parpadeo de un teléfono sonando.

Una sonrisa se formó detrás del cierre de su máscara; todos, sin excepción alguna terminarían en su estómago.

“Observaciones: Al parecer solo responde al mote de “Sewn”, practica a menudo la automutilación”-, leía en voz baja Crane mientras hojeaba el grueso libro que se había encontrado en la recepción.

El contenido de este, en especial por las descripciones de las características de varios de los internos era dignos de la pesadilla de un demente.

Aburrido, dirigió su vista hacia los monitores cercanos que mostraban unas cuantas zonas donde las cámaras de vigilancia estaban estratégicamente colocadas

No había nada interesante que ver, o eso creía ya que después de ver por la cámara del nivel 3, le pareció distinguir con el rabillo del ojo una figura oscura doblando la esquina del pasillo.

“Nivel 3 ,¿eh?”-,-pensó mientras volvía a sonreír. No cabía duda de que debía leer más sobre esa sección.

Dirigió su atención hacia el archivero y al cabo de unos minutos extrajo un volumen aún más ligero que el otro. No tardó mucho en llegar a la parte que describía atentamente las funciones de dicha zona; muy interesado se dedicó a leer los largos párrafos escritos en tinta negra.

Aquello era mucho mejor de lo que esperaba, aún más que el otro libro que se dedicaba simplemente a enumerar de forma casi robótica las continuas atrocidades que aquellos internos de mente frágil ejercían en sus celdas como pequeños reyezuelos en sus aún más diminutos reinos de cal y canto.

Los miles de horridos testimonios cuyo contenido hubiera helado la sangre de cualquier incauto que hubiera osado leer estos documentos que contenían toda clase de relatos cuyos mensajes rayaban lo mórbido y ponían un énfasis especial en lo enferma que puede llegar a ser una mente humana, pero para él, eran simples cuentos de niños.

Aquel hombre de cabellos de oro pálido que termino matando a su familia y alegaba que un búho lo había obligado a hacerlo, solo para terminar auto mutilándose y arrancándose su ojo derecho y salir en las noches a hacer lo mismo a los infortunados que tenían la desgracia de topárselo.

Del niño que había sido criado en un cobertizo por bastardo y tratado como uno, tal que termino comiéndose a sus propios progenitores, no sin antes atarlos con gruesas cadenas en aquel mismo cobertizo.

Como olvidar a aquel joven y sus infortunios en un circo ambulante, al parecer la locura no fue la cura para librar sus ataduras…

Todos esos relatos le habían fascinado, de verdad no se había equivocado al elegir aquel sitio como su nuevo patio de juegos, no podía esperar por ver a todos sus habitantes en acción, aunque claro, aquello podía esperar.

Lo esencial en estos momentos era algo simple: Poder ver lo poco que había disponible.

Rio un poco, pobres de los que se encontraran ahí, pues definitivamente no iban a tener una muy buena noche que digamos.

“Hablando de noche”-, pensó,-“¿Qué hora será?

Miro hacia los monitores de nuevo hasta clavar su mirada en el reloj digital de uno. La pantalla rezaba la hora exacta.

“18:00 PM”-, pensó al mirarlo,-“Tal vez ya es hora contactar a mi empleador”

Se levantó del cómodo sillón acolchado del que no se había movido por cerca de dos horas y se dirigió hacia la pared más cercana.

“Voy a odiar hacer esto, pero bueno”-, pensó mientras extraía una navaja de su cinturón y la levantaba frente a su ojo derecho.

Sin ninguna duda, la clavo directamente en el globo ocular hasta que el límite de la hoja quedo suspendida en medio de la masa gelatinosa.

Con calma, no tardo nada en sacarlo de ahí. Sin mostrar signo de dolor alguno uso su dedo como una brocha para pintar el mismo signo que se encontraba en el mismo ojo que acababa de mutilar.

Una vez terminado eso, basto la palma de su mano para activar aquel diagrama esotérico potenciado con la bendición directa de un Ancestral.

Al principio lo sintió, aunque su poder era decenas de veces mucho más inferior al suyo su potencial de evolución era monstruoso.Crane sabía muy bien que le convenía demasiado seguir haciendo encargos para él, ya que de lo contrario, podía perder algo más que su talento adquirido…

Las columnas de tinieblas que emergían de la pared parecían tener un aspecto orgánico.Crane miro intranquilo como comenzaban a fusionarse y a tomar una forma más o menos de su tamaño.

Ahí estaba, cubierto por aquel abrigo negro, con el pelo mucho más corto que la última vez que lo había visto pero el mismo parche negro que cubría su ojo izquierdo. A pesar de su aspecto y posición como un simple ejecutor en el “nuevo árbol” le recordaba más a una persona que estaba más acostumbrada a mandar que a obedecer.

Azrael miro al joven Alterador con firmeza mientras retiraba su abrigo y lo colocaba en la silla más cercana, revelando un chaleco del mismo fúnebre color.

“¿Esta todo dispuesto?”-, pregunto sin dignarse siquiera a mirarlo.

“Si, por supuesto, los cinco guardias ya deben estar muertos a este paso”-, contesto alegremente Crane.

“Eran 6”-, le señalo Azrael mientras se acomodaba en el sillón frente a los monitores.

Crane se sobresaltó ante ese dato,-“¿Cómo lo sabias? Y ¿a qué te refieres con que “eran”?

Azrael sonrió consiente de que el otro no podía verlo,-“Digamos que tengo a un “hombre adentro”

Crane trago saliva, los del “árbol” en verdad tenían ojos en todos lados, pero lo único que podía hacer en este momento era esperar nuevas instrucciones.

“Bueno”,-dijo de la nada,-“Puedo verlo ahora: viene en camino”

“¿Cuántos?”-, pregunto con aparente desinterés Azrael mientras veía como la cámara frontal capturaba las imágenes de unos cuantos hombres entrando en el edificio.

El lente enfoco la cara de uno de ellos. Un hombre rubio con un parche medico en su ojo derecho, que caminaba esposado, parecía que el encontrarse de nuevo en ese lugar no le traía ningún buen recuerdo.

“Camina Iván”-, se escuchó a través del parlante al hombre detrás del rubio, este pareció sentir temor por un momento y dirigió su mirada hacia la cámara.

Azrael disfruto cada mínima expresión de esa cara mientras decía para sí mismo.

“Esta Noche será muy divertida”

La cabeza aun le dolía, pero más lo hacia su espalda. El solo recordar toda la serie de golpes que había tenido que soportar horas antes lo hizo caer más aún.

Respiro profundamente mientras se incorporaba. Detrás del yacía una enorme reja de hierro que lo separaba del pasillo hacia la libertad.

Jeff suspiro mientras colocaba sus manos en aquellos barrotes, al hacerlo una parte de su playera ya convertida en harapos se levantó mostrando una larga y asquerosa cicatriz que recorría gran parte de su espalda.

Miro aquella línea de carne muerta con el ceño fruncido. Recordaba muy bien como se la había hecho o mejor dicho quien se la había hecho.

Tres Meses Atrás:

No pudo evitar escupir sangre luego de que la punta de aquella bota se clavara en su estómago con toda su fuerza. No cabía duda alguna de él que lo estaba haciendo en verdad se moría de ganas en hacerlo sufrir.

“Despierta Samsa, que tienes mucho que hacer”

Aquella voz estaba cargada del más puro sadismo, pero él no tenía más remedio que obedecer, sin embargo, cuando trato de incorporarse, una nueva patada, esta vez en el pecho lo devolvió al suelo.

Ahí, frente a frente con una luz cegando su poca visión, pudo admirar la silueta de alguien un poco más bajo que el cuya sombra ocultaba sus rasgos, hasta que dio un paso al frente y se inclinó.

Lo primero que vio fue el número. Era un 8 rodeado por un campo circular blanco que a su vez se encontraba rodeado por una gran circunferencia del mismo color que el número.

El pelo, de un tono negro con algunos matices marrones emergía debajo de un sombrero de ala ancha color verde olivo, también llevaba una ligera playera del mismo color junto con un juego de pantalones acampados.

El joven de la máscara de Billar pareció quedarse quieto un minuto, pero después a una velocidad envidiable se acercó y lanzo su brazo hacia su costado.

La velocidad del impacto fue tal que no noto el puñal de hoja ondulada clavarse en su costado pero si logro tener una cercana visión de su afilada hoja saliendo de la herida que había causado, solo que bañada en su propia sangre.

“Vaya, tu resistencia al dolor es algo alta, pero no importa, conozco a alguien que es un experto en este tema, de hecho, fue mi maestro, estoy seguro que se llevaran bien”

Jeff mordió duramente la mordaza que tenía sujeta en su boca y sintió ganas de golpear en medio de su careta a aquel sujeto, pero sus manos atadas con gruesas cadenas se lo impedían, solo pudo bajar la cabeza en señal de impotencia.

“Eight, el Líder te está llamando”-, se escuchó anunciar a una voz que provenía de la puerta. Jeff alcanzo a mirar a una figura algo más fornida y que sostenía una inmensa ballesta en sus manos.

El hombre, levanto la cabeza revelando una máscara metálica que imitaba en cierta forma a un demonio, la burlona mueca no hizo más que enfurecer al Killer quien lo había reconocido.

El Cazador pareció sonreír tras su máscara al ver a su némesis en un estado lamentable. Ahogo una pequeña risa sarcástica al recordar lo fácil que había sido capturarlo y sobretodo, recordó las caras de los del “árbol” al ver como el entraba a la sala común llevando a cuestas el cuerpo inconsciente del asesino serial.

Eight Ball por su parte pareció decepcionado, los de arriba raras veces le dejaban juguetes con los cuales entretenerse aunque por otro lado entendía lo vital que era llevar a aquella escoria de humano al Asilo. Era esencial para el Culto el poder tener entre sus filas a las docenas de anormales que yacían encerrados en esas celdas.

“Entiendo, me dirige hacia ese lugar inmediatamente, por ahora quedas a cargo de “esto”-, anuncio mientras se retiraba por la salida y se perdía a la distancia.

El Cazador no se molestó en responder, en su lugar se limitó a acercarse al Killer quien no podía hacer nada para defenderse.

“No te preocupes, te llevare a un lugar donde perteneces, tómalo como unas vacaciones, unas lindas vacaciones con barrotes y una amable doctor”-, le anuncio con una sonrisa bajo su máscara.

“Y bien, Woods, dime, ¿tienes alguna alergia?”

La primera vez que escucho esa voz, se había tranquilizado, le recordaba a la voz de cualquier otro doctor de consultorio. Amable, cálida.

Sin embargo, el encontrase maniatado a una silla metálica alumbrado por una lámpara que solo iluminaba un pequeño círculo alrededor suyo no era para nada tranquilizante, por lo menos aun no tenía la mordaza.

“Espero tu pronta respuesta”-, volvió a escuchar mientras sentía unas frías manos colocándose en sus hombros. Levanto la cabeza solo para encontrarse con frente a frente con un hombre algo mayor cuyo pelo negro tapaba parcialmente la mayor parte de su frente, usaba un cubre bocas que misteriosamente poseía distintivos dibujos que recordaban a una sonrisa con dientes tan afilados como agujas.

Por lo que podía ver, estaba usando la típica bata de doctor y debajo una camiseta del mismo color con una corbata negra.

Se sintió increíblemente incomodo cuando sintió como una de las manos tomaba su cabello y comenzaba a acercarlo a su cara.

“Vaya, vaya, Dios es demasiado cruel, el colocar esta fina cabellera en el cuerpo de un infante varón, pero no importa, por el momento me entretendré curando tus males, como todo buen doctor”

“¿Qué me vas a hacer?”-, pregunto con un dejo de temor en su voz.

No hubo respuesta, porque el doctor pareció perderse de nuevo en la penumbra. Sin embargo, este reapareció con algo en manos.

Más cerca le permitió ver a Jeff de que se trataba el objeto. A simple vista parecía ser una varilla de hierro sin ninguna punta, pero al verlo más cerca.

El “doctor” pareció darse cuenta de la mirada del joven asesino porque volteo en su dirección. En su mirada brillaba la locura.

“Oh, ¿esto?, descuida, no es nada grave, los del árbol me pidieron que te curara y es lo que me propongo a hacer, cuando haya terminado contigo, dejaras de ser aquel siniestro asesino serial que veo en los periódicos a diario, así que. ¿Comenzamos?”

Aquel siniestro hombre, cuyos niveles de brutalidad y perversión eran mucho más altos que el suyo comenzó a acercarse mientras blandía aquel palo y se apresuraba a sacarlo de la silla en la que lo había dejado. Con brutalidad y una fuerza prodigiosa lo tiro al suelo.

Jeff trato en vano de arrastrarse y huir pero fue inútil, no había tomado en cuenta la cadena que lo mantenía sujeto al respaldo de la silla. Alcanzo a sentir como las manos del doctor comenzaban a retirarle lo que parecía su prenda de vestir inferior y comenzaba a arrancársela.

Jeff pataleo mientras sentía como aquellos brazos de ese demonio encarnado lo sumergía en la oscuridad.

Las gruesas paredes de Concreto ahogaron sus gritos que duraron toda la noche…

Tiempo actual.

Al principio fue un ruido muy fuerte, pero después fue una onda de calor, misma que termino despertándolo.

Se incorporó a toda prisa mientras veía como la pared conjunta a la de su actual celda había cedido dejando un inmenso boquete tras el cual se divisaba la reja de hierro de la celda conjunta completamente caída.

No lo pensó mucho, le urgía escapar lo más aprisa que pudiera, antes de que el doctor Smile regresara de su “paseo nocturno”. Entre corriendo y saltando, logro salir de los escombros y precipitarse al pasillo.

Este lucia completamente desierto y a oscuras, cosa que no le sorprendió, pero si quedo extrañado al admirar el hueco calcinado en el sitio que solía ocupar una de las calderas.

“¿Una explosión de gas?”-, pensó extrañado mientras se dirigía hacia las escaleras. Sin embargo una idea ilumino su mente.

Dio media vuelta en dirección hacia la celda donde solía dormir el “doctor”. Tal como lo imaginaba, en un bloque de concreto que también servía como mesita de noche se encontraba un bisturí algo largo.

Lo tomo algo dudoso mientras comprobaba su filo con la yema de su pulgar,-“No es muy filoso y tampoco tiene mucho alcance pero me servirá para defenderme momentáneamente hasta que encuentre algo mejor”-, pensó.

Algo libre de dudas y un poco más seguro, se aventuró de nuevo en el pasillo, extrañado por la ausencia de sus moradores. “Qué raro”-, pensó al mirar la celda junto a la suya,-“Estoy casi seguro de que esa se encontraba habitada”

Para su desgracia, no se equivocaba. A penas desapareció por las escaleras algo bastante curioso ocurrió en la celda mencionada.

Si se hubiera aventurado dentro de la celda para satisfacer su curiosidad probablemente no hubiera salido con vida de ahí, porque esa celda estaba lejos de encontrarse desprovista de ocupantes.

Más bien de uno solo.

Una camilla rote yacía junto a los escombros, parcialmente cubierta con una vieja manta de hospital, tenía el propósito de mantener caliente a alguien que tenía imposibilitado el poder mover sus manos. Hasta ahora.

El golpe de los escombros había bastado para romper los débiles cerrojos ya consumidos por la oxides y los estragos del tiempo, después de casi cinco años confinado en aquella tabla con ruedas infernal, estaba libre.

Una mano, completamente cubierta con la manga de la camisa de fuerza logro zafarse de las correas de cuero que la mantenían sujeta a la superficie. Con una calculada calma, la otra mano repitió la misma operación.

Sin importarle que las correas restantes rajaran partes de su camisa de fuerza, comenzó a agitarse y a desenredar la mayoría a ciegas. Después de unos minutos lo logro y comenzó a incorporarse.

Lo primerio que salió a la luz fue su cabellera rubia algo larga, en verdad le urgía cortársela, después fue su cara que mostraba más rasgos femeninos que masculinos, aunque estaba cubierta o al menos la mitad inferior por una especie de bozal metálico que recordaba a la tapa del casco de un caballero medieval o a una jaula en miniatura con los barrotes demasiado juntos.

Ya ni siquiera recordaba su nombre, solamente usaba aquel mote que se le había dado debido a una confusión en los papeles: 979.

979, nueve veces había mordido a los guardias que trataron de contenerlo una vez, siete veces había matado en esas ocasiones y nueve veces había logrado escapar.

El nombre le quedaba.

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979
Se relamió los labios al pensar cuanto tiempo había pasado desde que lo habían forzado a aquel miserable ayuno de carne humana. Bah, eso era irrelevante, lo que había que hacer ahora era tomar un buen trozo de alguien de por ahí.

Se incorporó completamente dejando a la luz su escuálida figura que aun así poseía una agilidad envidiable. Sonrió, lo único que necesitaba era ascender a los pisos superiores, donde la seguridad no era tan estricta.

Salió de su celda y se dirigió hacia las escaleras, confiando en encontrar a alguien rápido…

Jeff había logrado escabullirse al segundo piso, pero para su mala suerte no se encontraba solo. Lo vio venir.

Aquella sombre cuya silueta mostraba a todas luces evidentes signos de cojera y se veía algo más alta que el promedio de internos de ahí.

Jeff trago saliva al reconocerlo, a estas alturas era imposible no poder sentirse vacío en su presencia, pues se trataba definitivamente del ser más desquiciado que había conocido en toda su vida. Su torpe mascara como asesino a sangre fría que había creado para protegerse de la fría e inflexible realidad era tan solo una pequeña obra escolar en comparación.

El doctor levanto su cabeza mientras olisqueaba el aire, su expresión le indicaba que había captado algo, esos ojos rojos que tan bien conocía se estaban entornando aún más.

Jeff sintió como su mano, la que sostenía el bisturí que había sustraído de aquella celda temblaba. La apretó con fuerza mientras chasqueaba los dientes de ira, aquel hombre lo había humillado de las peores maneras por cerca de tres meses y ahora lo tenía casi a su merced, no podía permitir que este escapara con vida.

Sin embargo, antes de que pudiera salir de su escondite de sombras para clavarle en su cara el cuchillo medico los pasos que venían de la escalera del tercer nivel lo detuvieron.

Aún más pegado a la pared, confiando en que la penumbra lo protegería de las visiones inoportunas observo al segundo personaje entrar en escena.

Una silueta delgada y cubierta por lo que parecía ser una camisa de fuerza con las correas desatadas hizo su aparición desde las escaleras. Su pelo rubio con una enorme mota negra lucia desordenado mientras que una especie de bozal parecido a una jaula le cubría la mitad inferior de su rostro. Jeff se preguntó si era un suplicio el comer con eso puesto.

Pero algo que le llamo más la atención fue lo que parecía ser un candado colgando del collar de cuero que tenía, un simple candado dorado con un número grabado en el: 979.

Había algo inquietante en la mirada de aquel joven, dos pozos gélidos y negros que parecían grabarse en tu alma mientras te transmitían temor y eso sin contar la horrible sonrisa que esbozaba tras esos barrotes que llevaba en el rostro.

“979, tanto tiempo”-, se escuchó decir al doctor quien parecía verse satisfecho con la libertad del otro interno, no cabía duda de que los dos se conocían de hace tiempo.

“Entre locos se llevan bien”-, pensó Jeff mientras los observaba. No se atrevía a salir porque sabía que no tenía oportunidad de pelear contra los dos en un combate cercano, lo que debía hacer era apresurarse y escapar lo más rápido posible.

“Saludos doctor, no estoy sorprendido con verlo aquí afuera, pero dígame, ¿tiene alguna idea de porque la seguridad desapareció de improviso?”-, contesto el aludido con un tono de voz demasiado suave.

El doctor pareció verse confundido un minuto pero recupero su compostura, sin embargo, antes de que pudiera responder a la pregunta de su amigo, unos pasos entrecortados que provenían del piso superior.

Ambos internos se quedaron quietos mientras se posicionaban, el doctor pareció extraer de sus bolsillos un gran número de diminutas cuchillas mientras que el tal 979 se agachaba como si se tratara de un animal preparado para efectuar un gran salto.

Los pasos se detuvieron y ambos internos parecieron verse confundidos por un momento, lo que fuera que estuvieran encarando estaba claro que no se trataba de ningún guardia de seguridad, ¿tal vez otro interno? Jeff deseaba poder verlo también pero el riesgo de que lo vieran era demasiado alto por lo que decidió permanecer en su lugar mientras escuchaba lo que parecía ser una nueva conversación.

“Doctor Smile, 979, he venido por ustedes”-, anuncio una voz gutural que podía ser confundida fácilmente con el paso de un gis por una pizarra.

La sorpresa en ambos rostros fue bastante perceptible. El primero en recuperar la compostura fue el doctor quien con una voz un tanto desconfiada contesto.

“¿Para quién trabajas y porque le interesa?”-, dijo mientras entrecruzaba los brazos con 979 imitándolo mientras le dirigía una mirada de desconfianza al sujeto que Jeff no alcanzaba a distinguir.

“El Rey ha posado su ojo sobre ustedes y digamos que fue un pájaro quien le informo, me imagino que ya lo comprendieron “,-contesto aquel misterioso emisario con su voz bestial.

Tanto Smile como 979 entendieron muy bien a que se refería pero también se encontraban atrapados en un grave dilema: aquí adentro del Asilo eran los amos de todo lo que se movía, pero afuera, en aquel torcido submundo donde muchos de los que se encontraban atrapados en el Asilo se habían criado, el oponerse al misterioso “Rey” significaba una sentencia de muerte directa.

“Entendemos eso, supongo que todo este “incidente” fue obra suya, ¿no?”-, respondió esta vez 979.

El emisario confirmo sus palabras.

“Antes de irnos, nos gustaría mostrarle al algunos muchachos que se encuentran en el Nivel 3 y en el 2, varios de ellos podrían prestar un gran servicio a su majestad”-, dijo el doctor con el tono más convencedor que tenía.

“Bien, más anormales me parece perfecto”

Los pasos volvieron a escucharse mientras que Jeff contenía la respiración. Sabía que en esos momentos su vida dependía de un hilo demasiado delgado y lo último que necesitaba era cometer alguna estupidez como estornudar ya que aquellos últimos segundos podrían también volverse los últimos.

Miro desde su escondite y casi respingo cuando vio pasar junto a él la silueta del doctor quien lucía algo preocupado mientras mantenía su vista al frente no notándolo. A su lado la delgada forma del tal 979 se perfilaba mientras ambos eran seguidos por una sombra que pronto estuvo al alcance de su vista.

Estaba cubierto por un impermeable azul oscuro que le quedaba grande a pesar de su fornida figura. La capucha estaba alzada y cubría exitosamente gran parte de su cabeza misma que estaba cubierta por una horrible careta de calavera cuyas cuencas estaban cubiertas desde el interior con una especie de tela negra que ocultaba sus ojos.

Jeff trago saliva pensado en que no debía hacer nada imprudente ya que desconocía en qué dirección estaban mirando esos ojos ocultos bajo el velo negro que bien podía estar escrutando la oscuridad en la que se hallaba oculto.

La fortuna pareció sonreírle una vez más ya que el trio de anormales desapareció a la distancia mientras discutían de algo en un tono de voz que no alcanzo a oír. Una vez que se sintió seguro, el Killer asomo la cabeza por el pasillo y corrió lo más silencioso posible en la dirección contraria.

“Bien, si el doctor, números y ese tal cara-calavera van en la otra dirección, en teoría no debería ser posible que me los encuentre en este lado, lo único que debo hacer ahora es llegar al Archivero y buscar alguna arma o mejor aún: la salida”-, pensó mientras llegaba hacia la gran puerta de hierro en la cual encontró algunas marcas de sangre seca.

Al principio tembló, pero al apretar fuertemente la empuñadura del bisturí recupero su antiguo temple y sangre fría como asesino, sonrió una vez más recordando su eterna sonrisa y abrió la puerta de la habitación.

Tal como lo esperaba, el interior se encontraba no solo a oscuras, sino que también desordenado, a estas alturas no le sorprendía el saber porque muchos documentos se perdían. Avanzo a tientas mientras sus ojos se adaptaban a la nueva penumbra en la que se encontraba inmerso.

Hasta que sus manos llegaron a palpar lo que parecía ser un estante de libros en el cual encontró por pura casualidad una linterna. Al encenderla pudo comprobar con satisfacción como uno de los libros no era otra cosa que un plano propio del edificio.

Satisfecho lo hojeo mientras buscaba en el índice algún artículo relacionado con las salidas de escape o emergencia cosa que no tardo en encontrar. Al parecer las salidas de emergencia se hallaban ubicadas en distintos puntos del edificio, la primera en ese mismo nivel, pero lamentablemente detrás de la celda más alejada, es decir en la misma dirección en la que habían ido aquel trio del terror.

Y la segunda se encontraba a través de un túnel subterráneo en algún punto del nivel 5. Jeff se extrañó al leer sobre un Nivel 5 pues en toda su estancia jamás había escuchado hablar de tal cosa.

Intrigado, reviso el plano del nivel 3. Efectivamente de ahí se bajaba al nivel 4 donde al parecer se encontraba desprovisto de internos por el momento, pero al llegar a la página relativa al nivel 4 no encontró nada, ningún indicio que mostrara algo sobre un nivel 5.

“¿Se habrán confundido?”-, pensó extrañado, pues en todo el libro no había encontrado otra mención del susodicho nivel 5. Por las dudas volvió a revisar solo para encontrarse con el mismo enunciado.

Tras cierto tiempo de reflexionar se deicidio por probar suerte en el nivel 4, pero antes regreso a la página de ese nivel para averiguar todo lo posible o lo que al menos le resultara útil.

“Interesante, al parecer en el nivel 4 hay una especie de almacén la se guardan pertenencias de los internos, me pregunto si…”

Sus ojos se iluminaron al pensar en recuperar su antigua chaqueta y su preciado cuchillo. Últimos objetos que le recordaban quien solía ser, antes de que el mundo lo moldeara en lo que era ahora y lo convirtiera en ese monstruo.

Decidido, cerro el libro y se encamino hacia la salida, sin embargo, a medio camino tropezó con algo bofo y pesado que yacía en el suelo. Al medio incorporarse e alumbrarlo con la linterna no pudo reprimir un agudo grito que deseo que las gruesas paredes se encargaran de ahogar.

Pues lo que estaba viendo no era otra cosa que el cuerpo de un hombre con la cara horriblemente mutilada, gran parte de su piel si es que no estaba cubierta por la ropa hecha jirones se encontraba en un estado cercano a la carbonización por haber sido expuesta a un inmenso calor.

Pero lo peor era la cara, aquel rostro sin ojos algunos, con varios trozos de carne que parecían haber sido arrancados de cuajo por alguna bestia inhumana.

Jeff se levantó lo más rápido posible y salió corriendo, ni se molestó en dejar la puerta abierta o que sus pasos resonaran por todo el corredor mientras abajaba precipitadamente las escaleras o peor aún, que durante su llegada temporal al tercer piso dejara caer la linterna al piso haciendo un gran estrepito que las angostas paredes de ese corredor se encargaron de propagar con un eco diabólico.

No noto la falta de aquel útil artefacto hasta que se encontró cara a cara con las tinieblas que dominaban en el lugar que quedaba al final de las escaleras.

El Cuarto Nivel, abandonado según los registros y en desuso desde hace varios años. Por lo que había leído, varios años atrás había albergado a un hombre que se le consideraba tan peligroso e inestable que se le otorgo este propio nivel para mantenerlo.

También leyó que en el incendio de hace cerca de cuatro años atrás, este lugar había sido uno de los afectos. Mismo que termino con la exitosa fuga de al menos 5 sujetos considerados “anormales”, aquel hombre entre ellos.

A pesar de no ser precisamente un novato en el campo de arrancar vidas por mano propia, el solo caminar por un sitio así lo ponía muy intranquilo, tanto que ya comenzaba a visualizar figuras aterradoras vigilándolo desde los rincones a la espera de un error fatal suyo.

Para tranquilizarse, simplemente recordó que el sitio que buscaba se encontraba todo recto y que no tenia de que preocuparse, pues las sombras hacen todo menos daño. Salvo que, no solo hubiera sombras.

No llego a sentir como aquella mano esquelética se aferraba a su tobillo y el susto por la impresión lo hizo acre mientras veía horrorizado como un bulto cubierto con una lona se agitaba mientras una mano huesuda se aferraba con tenacidad a su tobillo.

Mas movido por el instinto y el miedo que pos su sangre fría, descargo una patada con el pie libre a lo que parecía ser la cabeza del “bulto” solo alcanzando a quitarle la lona.

Hubiera deseado no haber hecho eso.

Lo que vio le erizo más que la piel pues se trataba de un hombre mayor quien tenía adornada la cara con espantosos puntos de costura que mantenían eternamente cerrados sus parpados, lo mismo con su boca, mientras que varios parches hechos de tela vieja recorrían varias partes de su cuerpo.

A pesar de tener la boca silenciada, Jeff logro entender una de las frases inteligibles de aquel hombre quien parecía casi implorárselo.

“Mátame”

Por primera vez, el asesino de la cara quemada mando a dormir a una persona por compasión, si es que eso aun tenia significado alguno para él.

Pero la alegría le duro poco, pues sintió como una mirada penetrante se clavaba en su espalda. Volteó solo para encontrarse frente a frente con algo que parecía haber salido de sus peores pesadillas.

Se trataba de un joven más o menos de su misma edad, con una playera de tela azul bastante vieja y cubierta con parches de tela amarillenta, mismo que también estaban en algunas partes de su cuerpo siendo la más destacable una algo pequeña ubicada arriba de su labio.

Sus ojos eran del mismo color del agua de un manantial, pero algo opacos, como si la luz hubiese dejado de pasar por ellos mucho tiempo atrás.

Pero lo más perturbado era el número de puntos de costura que tenía en todas partes, tanto en los brazos, como él lo poco de piel que se podía ver en el cuello de su playera.

“H-h-hola..veo que has roto a uno de mis amigos..¿sabes?..eso..esta..mal..aunque..no..me caia..bien..pero mama dice que debo tener amigos y que debo jugar con ellos ..P-pero yo no qui-ero..pero debo complacer a mama aunque también tengo que cerrarlos a ellos..porque..porque se burlan de mí..”

Su tono de voz era el más melancólico que había escuchado hasta ahora.Jeff dio un paso hacia atrás esgrimiendo su bisturí solo para ser seguido por el aterrador joven, de quien tuvo una mejor vista.

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Sewn
“No-n-no puedes irte aun..tienes que unirte a la fiesta..descuida..no tomara..mucho..sí..dos eternidades..tal vez..”-, tartamudeaba aquel monstruo.

“No te atrevas a tocarme”-, gruño Jeff pero antes de que pudiera hacer algo como clavarle su cuchillo en la frente al otro, sintió como se caia de espaldas sobre un mar de bultos agitándose.

La sensación de estar atrapado entre piernas y brazos que lo mantenían sujeto al suelo fue mil veces pero que ser sodomizado por aquel doctor inmoral. Sentía como si de pronto todas sus víctimas se hubieran reunido y se estuvieran preparando para arrastrarlo al infierno.

Aterrado, contemplo como el otro se inclinaba hasta estar a la altura y lo miraba con sus ojos vacios.

“Bien-v-venido..soy Sewn..y tu seras mi nue-v-vo amigo”-,dijo mientras llevaba una de sus manos a su cabeza.

Jeff miro con horror como aquellos adornos plateado que él creía que eran algo como pasadores de pelo no eran otra cosa que agujas clavadas en la piel de aquel joven.

Trato de resistirse al ver como Sewn insertaba sin mucha dificultad el hilo en el diminuto ojo de la aguja y comenzaba a acercarlo peligrosamente hacia él.

Cuando sintió como la punta de la aguja traspaso su piel justo debajo de su ojo y la volvió a perforar solo que esta vez saliendo de ella no pudo hacer más que gritar.

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