Tormentos de un Buho

Era el aguijón de la sed lo que siente en su garganta, atravesando la delicada capa de piel como si pudiera perforarla de verdad, incapaz de oponer resistencia contra los tormentos que su propio cuerpo le propinaba, aun completamente o casi roto, hizo un esfuerzo demasiado sobrehumano para lograr incorporarse. De nada le servía el poder hacerlo, pues su cuerpo ya no era suyo, jamás lo había sido y nunca lo seria. Contemplo a través de sus entristecidos ojos negros lo que se encontraba a la distancia: kilómetro y kilómetros de un extenso pastizal desprovisto de vida, la atmósfera de un color sombrío permanecía inmutable.

Azrael miro todo eso mientras sentía como las fuerzas volvían a abandonar su cuerpo, sin poder evitarlo, coloco su mano sobre la cuenca vacía de la que aún no había terminado de manar aquel líquido negruzco que quemaba al contacto. La sensación de ausencia volvió aparecer en su interior, se preguntó cuánto tiempo había pasado desde aquel fatídico incidente bajo el puente.

¿Años tal vez?, no tenía ninguna manera de comprobarlo. Antes de que pudiera seguir con sus pensamientos sitio un agudo dolor en su interior, solo que esta vez no provenía de su cabeza, mucho menos de su pecho. Venia directamente del vientre.

El harapo negro que llevaba encima le permitió poder ver su vientre desnudo; la tremenda palidez de su piel era algo que no le atraía mucho de su nueva apariencia, pero tuvo que dejar de un lado sus preferencias para poder comprobar la fuente de su nuevo tormento.

Ahí estaba, justo arriba de su ombligo yacía una cicatriz negra, justo el sitio donde había sufrido su primera apuñalada en el Vació, también donde sintió que la oscuridad se fusionaba con su cuerpo. No cabía duda alguna; la metamorfosis había comenzado.

Una nueva punzada proveniente del mencionado lugar recorrió todo su cuerpo, demostrándole una vez más lo frágil que era. Azrael no pudo hacer más que sostenerse con sus dos manos y caer al suelo, una vez ahí dirigió su vista al cielo. A pesar de encontrarse eternamente cautivo en un sitio donde no había mucha luz, sus sentidos se habían agudizado permitiéndole el poder identificar la "noche" del lugar, que en este caso, estaba muy próxima.

Una intensa ráfaga de frio comenzó a recorrer su cuerpo, por un momento parecía que todo se había detenido, Azrael no se inmuto: sabía que ya estaba aquí. Sus sospechas se confirmaron al verlo aparecer, a él.

Aquel monstruo Mitad pájaro, mitad sombra, que chillaba en la oscuridad, cuyos enormes ojos escrutaban su alma, cuyas garras de acero se clavaban en su carne despellejándolo en el acto, aquel pico que pasaba por su vientre en toda extensión mientras daba pequeñas mordidas que comenzaban a arder pasados unos minutos, ese plumaje de ébano que rozaba contra su cuerpo envolviéndolo en un aura de tinieblas.

Azrael sintió como una de las garras había comenzado a desgarrar su vientre y grito.

Recordó amargamente todas las veces en las que había tenido que pasar por esto una y otra vez, las primeras veces había sido doloroso, pero ahora no era nada en comparación a el sin nadie con quien guiarlo en el mundo, desprovisto de toda compañía, atrapado en un páramo solitario y oscuro. Al menos tenía a alguien que lo moldeara.

Lentamente las características comenzaron a ser alteradas, sin ninguna otra figura, comenzó a adoptar la más cercana. El sentirse como un simple muñeco entregado a los deseos de otras cosas no hizo más que aumentar esa misma perspectiva del mismo. A pesar de que le dolía físicamente, en la mente él lo comenzaba a disfrutar, la tremenda brutalidad de lo que fuera su tormento comenzó a adueñarse de él, pero claro, nada de eso iba a ser gratis. Todo tiene su precio.

Para que algo deba ser creado, otra cosa debe ser destruida primero.

Si el pájaro desea nacer del huevo, primero tiene que destruirlo.

En este caso, era mucho más sencillo el aspecto y los pasos que seguirían.

“Para encontrarte a ti mismo, primero debes perderte”

Y eso es lo que estaba haciendo, diluyendo lentamente los trozos que quedaban de su anterior personalidad en un vaso, como si de una delicada mezcla de pintura se tratase comenzó a agitarla con un pincel, pero oh, el pincel estaba sucio, sucio del plumaje de un ave.

Y así fue como la corrupción se extendió sobre la pintura, la nueva mezcla no era más que una quimera, un horror nuevo que escocia las pieles, pero no había de que preocuparse, pues aquello no era algo que pudiera evitarse.

Y así mientras las garras del ave de la muerte seguían rajando su delicada piel, mientras sus plumas de obsidiana lo mutilaban por enésima vez: sonrió.

Pues aquello era el, siempre lo había sido (mentira)

“Pobre pájaro enjaulado”

La sangre seguía manando de sus heridas, sin detenerse una sola vez.

“Pobre presa perdida”

La sensación de la garra en su rostro era tan solo una dulce caricia para él.

“No hay porque llorar”

De su cuenca vacía solo surgían gruesas lágrimas de un color oscuro, que recorrían la redondez (falso)de sus mejillas hasta caer al suelo lleno de un pasto sin vida (mentira)

Un torrente de oscuridad envolvía su cuerpo mientras aquellos ojos amarillos lo consumían con su mirada, de aquella oscuridad solo brotaron miembros.

Negros, tanto como lo rodeaban, más líquidos que solidos; su contacto viscoso en su piel había dejado de repugnarle hace mucho, pues él era lo mismo.

Carne de su carne. (Que así sea)

Sangre de su sangre. (Se ha agotado)

Alma de su alma. (Heisse)

Era de él, más que un simple vínculo, más que un simple contenedor, incluso más allá de un simple devoto.

El, el vasallo masoquista, el otro, el/la rey/reina caprichoso/a.

La sensación de aquellos miembros entrando en él había dejado de dolerle hace bastante tiempo (mentira), de hecho, no era más que placer.

Mientras los miembros carnosos hurgaban en su carne dándose un festín con su interior, el solo podía mantenerse estático mientras su maestro/maestra lo devoraba desde su interior.

“Pobre pájaro enjaulado”

Algunos trozos lograron caer al suelo rebosante de vida (mentira); carne tan pálida como la nieve teñida de un escarlata y varias gotas del mismo líquido.

“Deberías tener algún compañero”

Por efecto del enorme sufrimiento muerto, aquellos pedazos comenzaron a ser tomados a su vez por la oscuridad que los rodeaba. Entrelazándose entre sí para formar una nueva mezcla.

El artista que está dibujando esta escena se tomó un momento para pintar algo más. Inconsciente de lo que estaba a punto de desatar (mentira), como un padre todo benevolente (o un niño con mucho poder) lo hizo.

Con las sombras le dio forma, para poder sostenerse en el Vacío, el aspecto del guardián de la sabiduría también influyo en su tarea.

Con esa figura lo plasmo, con las sogas lo corto, pobre pájaro enjaulado, aún no está desprovisto del dolor.

Aquellos ojos amarillos, se quedaron mirando, a su querido hermano (mentira), quien yacía mutilado, por esa forma espectral.

Una sonrisa apareció en la comisura de sus labios mientras acariciaba a su vez el pecho de Azrael quien no pudo hacer más que sobresaltarse por aquella sensación, desconocida para él.

Nada de la asperidad a la que estaba acostumbrado, sin embrago, el solo contacto no hizo más que: (bendecirlo) quemarlo.

(No duele)

Dentro de su propia mente, en el palacio de sus sueños se atrincheraba, evadiendo por poco la auténtica realidad que se azotaba fuera de él.

La mano comenzó a tamborilear mientras cambiaba su pálida piel por los negros plumajes de un búho rematando la mano como una autentica garra.

Esta no hizo más que arrastrarse por la piel del pecho de su actual progenitor/hermano por vía sanguínea dejando una ligera marca por la cual el hilillo carmesí seguía uniformemente.

Azrael siguió profiriendo gritos silenciosos, en el parapeto de su mente ya taladrada por la oscura fantasía en la que inmerso se encontraba.

(Un reino sin luz ni esperanza)

Las venas se arqueaban por su piel como si se encontraran tensadas mientras la carne caía hecha jirones al pastizal muerto, siendo ocupada con un plumaje aún más oscuro. Las cuencas de los ojos comenzaron a hundirse más mientras que una negra esclera comenzó a taparlos y remataba el derecho con un iris del mismo color del ámbar, en el reducido espacio entre la boca y la nariz comenzó a brotar el pequeño pico del mismo color del ébano.

Solamente cuando quiso gritar se dio cuenta que lo único que salía de su garganta no eran más que chillidos ininteligibles.

En su mente Azrael se aferraba a lo poco que le quedaba, antes de que el huracán de memorias reprimidas se le viniera encima.

Las palabras reprimidas, mismas que quiso decir le fueron también arrancadas, pues la sensación de tener una garra sujetando fuertemente su cuello basto para mantenerlo dominado.

Sintió como algo mas viscoso y resbaladizo que los apéndices de su primer torturadora pasearse por su vientre, pero pasados unos segundos lo sintió aún más áspero y seco, fue entonces cuando se animó a voltear hacia abajo, solo para encontrarse con el mismo instrumento que nunca quería volver a encontrar.

Una soga que repugnantemente tenía un aspecto orgánico comenzaba a subir por su cuerpo mientras se enredaba en su vientre similar a una serpiente blanca que más parecida a un anélido parecía robarle lo (poco) de vida que tenía.

Y así mientras los dos búhos lo tenían agarrado tanto e arriba como abajo, era la soga lo que no paraba de enredarse y desenredarse en él.

La sangre negra corre a través de su cuerpo, con el mundo visto a través de la arquitectura de la carne, él es la sangre, él es el búho, cuyas garras el mundo envolverá.

La noche ya ha caído (es eterna), la soga ya se aferra, ya las tinieblas esperan, volverse uno con él. Uno de los búhos (la primera), paso su lengua carnosa y llena de púas por su mejilla, ya de por si se encontraba herida.

El contacto de ese líquido quemaba, ¿pero que era el dolor? Nada, ya había dejado de tener sentido

Fue la soga ahorcándolo lo que le recordó lo que era.

“Para encontrarte primero debes perderte”

Y así iba a suceder. Azrael sintió como la presión de la cuerda lo dejaba sin oxígeno, trato de hablar y quejarse pero el silencio solo emergió de su boca.

Y no fue la primera, solamente sintió como las otras tres comenzaban a enrocarse tanto en sus brazos como en sus piernas, como formando una cruz y el como el cuerpo.

XII

El hombre ahorcado; significa redención, cambio, aceptación y martirio, pero es más divertido el número que sigue. Porque el pobre ave ya ha sido ahorcada demasiadas veces, es tiempo de que conozca el hambre.

XIII

Muerte. Pero no la de él, aun no es su turno, primero debe terminar aquello…

Azrael se sintió colgado de nuevo, mientras caía de aquel árbol inexistente en ese paramo negro mientras los tentáculos o cuerdas que lo ahorcaban apretaban cada vez más fuerte. No podía respirar de igual manera.

Y así fue como él se mantuvo colgado, similar a la carta de su número mientras las risas y chillidos de los dos demonios resonaban en aquel reino sin luz.

El búho hambriento (XIII)Editar
Pero peor fue lo que resonó dentro de sus entrañas. Aquel crujido que reclamaba la comida que no tenía.Azrael ya lo había sentido varias veces, pero nunca con tanta intensidad.

Hasta que su nariz se encargó de captar aquella fatídica esencia.

Incluso sin luz, él podía puede oler claramente el aroma de la carne fresca y jugosa que había brotado de la tierra, A pesar de sus intentos, no lograba zafarse de aquellas cuerdas que lo mantenían apresado y no lo dejaban hundir lo que parecía ser sus dientes en aquella carne.

Lentamente noto como su plumaje comenzaba a desvanecerse y su pálida piel volvía a surgir a la vista. Ya dominado por el hambre, que semejante a una fiera le roía las entrañas sumergió sus afilados dientes en los más profundo de la carne.

La jugosidad de aquello logro saciar momentáneamente tanto su sed como su hambre por lo que él dejó escapar un gemido de satisfacción. La sustancia líquida que servía como su solvente para su comida, el soluto, rezumaba lentamente de su boca. La mezcla con la saliva, se derramaba al suelo como una grotesca cascada. Él devoro y termino su comida hasta llegar al hueso que ya se podía divisar.

Fue ahí cuando se dio cuenta de que era lo que estaba mordiendo. Su brazo lucia sorprendentemente mutilado mientras había marcas de mordiscos suyos por doquier, ríos de sangre manaban de las heridas aún abiertas mientras caían acompañados de torrentes de saliva.

El hueso, con unas siniestras marcas de colmillos suyos lucia completamente blanco y a punto de ser partió a la mitad, tan frágil era y había llegado a ser.

Tan pronto como noto lo que había hecho, Azrael se quedó mudo mientras sentía como los diminutos restos de carne se paseaban por su boca y en ocasiones se derramaban. Realizo una copia de sí mismo en aquel rincón, con la cabeza entre sus manos y dejo que las oscuras y en ocasiones lagrimas color escarlata brotaran de amabas cuencas y rodaran por sus mejillas. Cayo de rodillas mientras sentía como la inmensa oscuridad tanto dentro de él como la exterior se arremolinaba contra su cuerpo.

Se encontraba incapaz de negar la sensación de tener el estómago lleno, sus ojos (O lo que quedaba de ellos) se encontraban bien abiertos llenos de incredulidad. No había nada que pudiera hacer más que aceptarlo, el hecho de que había dejado de vivir hace mucho y que había regresado.

Pero ya no más como lo que solía ser, ahora su propia existencia no era más que una aberración. Un ser que viviría consumiendo la carne y hueso de aquellos que tuvieran la desgracia de ponerse frente a él.

Sintió como la oscuridad volvía a tomar forma y pudo percibir la forma de su verdugo que con su sola mirada parecía atravesarlo, entonces entendió lo que era.

No se atrevió a levantar la cabeza, solo se mantuvo inclinado reconociendo a su implacable y cruel maestro, detrás de él sintió las garras del otro abrazándolo por la espalda. La sensación de esos filos orgánicos rallando su piel no fue más que una pequeña y leve caricia para él.

Una sonrisa que mataba por completo toda la inocencia que guardaba dentro de él se asomó por la comisura de sus labios.

“¿Estaba bueno?”

La voz, semejante a una ventisca congelo aún más la atmosfera. Pasaron varios minutos hasta que una pequeña risa termino por matar el silencio.

El ente miro como Azrael levantaba su cabeza por fin mientras la sangre escurría de su boca, la expresión que mostraba indicaba sin duda alguna que su mente ya había cedido.

Roto, justo como lo había ordenado el.

“Permíteme expresarme mejor, ¿estaba delicioso?”

Una nueva risa salió de los labios de él joven búho quien se limitó a responder con una voz que lucía perfectamente los niveles de perversión a los que había estado expuesto. El iris en el fondo de aquella cuenca vacía resplandeció con un brillo demoniaco.

“Fue lo mejor que he probado en toda mi vida” (mentira)

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