La Plaga de Octubre - Parte 3

“¿A quién demonios se le ocurre salir con este tiempo de perros?”-, se escuchó decir bajo el cuello de su abrigo a uno de ellos, quien sostenía su rifle mientras se mantenía lo más apegado posible a su abrigo de pieles, con la esperanza de ahuyentar el frió, alguno del grupo, para tratar de relajar un poco el ambiente.

“Te hubieras quedado encerrado en casa entonces Leo” -, farfullo este entre risas a las que pronto acompañaron un coro de carcajadas del grupo. “Guarden silencio”-, susurro secadamente Vinsky mientras les lanzaba una mirada de desaprobación.-“¿Quieren regresar acaso con algo de plomo en sus huesos?”

Y siguieron avanzando a través de la penumbra de la arboleda, a pesar de que estaban equipados con varias linternas, estas no conseguían aumentar el haz de luz cuándo se trataba de iluminar el grueso boquete negro que tenían delante suyo.

La propia vegetación era un peligro, pues en la oscuridad, tanto las ramas secas como la hojarasca, eran excelentes detectores de intrusos, el bosque era el infierno verde, en el que un pie mal colocado, era ruidoso o podía quedar demasiado cerca de las fauces de una fiera, no exactamente la que andaban buscando.

Los insectos pululaban alrededor suyo, mientras esperaban cualquier oportunidad para lanzarse sobre sus cuellos y sorber el néctar carmesí dentro de ellos, algunos de ellos formaban auténticos enjambres que disuadían a los cazadores a internarse a partes más espesas del páramo, lo mismo se podía decir de los ofidios que habitaban en aquella Judeeca vegetal, no los veían, pero si oían el suave silbido que esos reptiles producían se asemejaba al de una tetera repleta de agua hirviendo.

Uno de ellos, Nikolai, cometió el error de caer en lo más odiado, su pie, mal colocado y un repentino estornudo fue lo que le hizo caer a una zanja, su quejido, aunque leve, alcanzo a ser escuchado por todos ellos. “Idiota”-, murmuro el viejo Yakob mientras se acercaba sin separarse d su arma, seguido de unos cuantos, dispuesto a ayudarlo,-“¿Estas atrapado?”-, pregunto.

Antes de poder responder, Nikolai estornudo de nuevo mientras bajo la cabeza como si le hubiera dado una punzada, Yakob estaba a punto de desesperarse, pero se las arregló para inspeccionar a donde había ido a parar la pierna, misma que se encontraba atorada en la zanja, cubierta por un pequeño montículo de hojas secas.

Conrad miraba hacia el otro lado, no tan pendiente de lo que sucedía entre aquellos de allá, su mente estaba recordándolo todo, aquella vez en la que había sido forzado a hacerlo, siendo instigado por “ellos”, sus crueles e implacables maestros que mandaban a sus garras cubiertas de gris y negro a cortar sus cuellos en caso de que no fueran serviles.

Sus ojos, negros como la obsidiana, escrutaban los cercanos árboles, mientras que su oído estaba de lo más aguzado, no podía verlo ni oriol, pero lo estaba ´´presintiendo, no estaban solos y él tenía una buena idea de que era lo que los rodeaba.

“Craacck”

A pesar de que fue un sonido leve, basto para ponerlos a todos en guardia, todos miraban hacia la vegetación que había a su alrededor, tratando de captar el menor ruido que les indicara en donde podía estar parapetado lo que lo había causado.

Una sombra atravesó una de las salientes del páramo a una velocidad monstruosa, impendiéndoles a los cazadores el poder distinguirla claramente, después la misma volvió a ejecutar ese mismo paso, mientras que algunos se quedaron desconcertados al caer en cuenta de que se trataba de algo bípedo.

“¿Qué.fue..eso?”-, dijo entre dientes Vinsky mientras mantenía su arma, listo para apuntar, algo en su interior flaqueo y dejo escapar un pequeño estornudo que fue acompañado de una grotesca flema que cayó sobre el tronco repleto de musgo que yacía a sus pies, el haz de luz de su linterna alcanzo a iluminarlo levemente, Conrad miro en esa dirección y advirtió con horror el líquido rojizo que acompañaba a la sustancia mucosa, volteo con ojos consternados hacia Minsky quien se veía no solo asqueado.

Una risa, extrañadamente femenina se escuchó terriblemente cerca, pero como si se trataba de algo completamente salido del averno, unas cuantas notas cuyo mensaje solo incentivaba el terror n los presentes y que el eco se encargó de repetir.

La risa volvió a escucharse mientras que la figura volvía a ejecutar su aparición, esta vez frente a ellos brevemente, solo para desaparecer entre las sombras cuando sintió como la luz de las linternas apuntaban su cuerpo.

“¿Qué..es..eso?”-, esta vez fue uno de los del grupo quien se encargó de decirlo, solo para sentir como una poderosa fuerza lo empujaba hacia atrás contra la vegetación, sus gritos alertaron a los demás que voltearon con las armas listas mientras que veían en uno hueco recién formado en la vegetación como la oscuridad se tragaba al infeliz.

Conrad rechino los dientes con molestia, al menos no iba a permitirle a esa труп salirse con la suya,-“Mátenla”,-ordeno mientras iniciaba el tiroteo contra la vegetación, que se precipito formando una verdadera lluvia de metal contra la arboleda.

”Detenganse”, ordeno nuevamente mientras levantaba el brazo, los hombres obedecieron mientras observaban atentamente la arboleda, en espera de alguna señal que les indicara si aquella cosa seguía con vida, pero el silencio volvió a envolver la fina capa en la que el bosque estaba inmerso.

”Ahg” -,se quejo alguien por detrás justo antes de que sintiera como algo lo cogía del pie y lo levantaba solo para dejarlo caer, una sombra se precipito a moverse con su característica velocidad, solo para quedar por encima de una rama de árbol, observándolos desde las alturas.

“¿Qué están esperando?, disparenle” -, grito colérico Yakob mientras el mismo disparaba metralla contra la figura que simplemente esquivo las andanas con una gracia sobrehumana, solo para saltar en el aire y perderse en la oscuridad de este hasta caer precipitadamente desde las alturas sobre el anciano, que desprevenido estaba, nada pudo hacer por evitarlo y gritar mientras que los curvos colmillos de aquella arpía demoniaca se clavaban en su cuello mientras que una sensación de ardor candente recorría su anciano cuerpo provocándole numerosas punzadas de dolor.

Los demás se quedaron atónitos ante la sangrienta escena de la cual eran testigos, sin ninguno con una idea clara de que hacer, su confusión fue aprovechada por ella, quien entre el tumulto alzo la cabeza sonriendo triunfante ante la oportunidad que esos mortales le estaban ofreciendo para usar su carta de triunfo, por lo que prosiguió en mostrar lo que parecía una sátira del rostro de una mujer bellísima adornado con facciones demoniacas como aquellos ojos que parecían ser dos cuencas oscuras que conducían al averno y cuyos fondos oscuros filtraban la penumbra reinante mientras que su pelo, aunque acomodo dado casi perfectamente con un broche argentífero era del mismo fúnebre color y parecía desvanecerse entre la oscuridad burbujeante de la arboleda.

Y por último, aquella boca que se abría de par en par, con esos labios rojizos como una fresa madura y aquella exquisita dentadura coronada por dos pares de afilados colmillos, de los cuales se desbordaba aquel liquido carmesí que había extraído del hombre en el que estaba suspendida.

Los hombres quedaron embelesados por esa visión mientras sentían como una honda de energía los iba recorriendo hasta mantenerlos inmóviles, de no ser porque Conrad aprovecho eso para descargar un disparo a quemarropa sobre aquella arpía rompiendo su conjuro y regresándole su voluntad a los que habían sucumbido ante el vampirismo energético de aquella.

La muerta emitió un chillido de dolor mientras que aquel fluido necrótico comenzaba a brotar de sus cuencas y en su boca los colmillos se extendían aún más y más, antes de que uno de los hombres, el más cercano tuviera oportunidad alguna de asestarle una descarga aún más directa, se mantuvo estático un momento solo para lanzar una arcada mientras se llevaba ambas manos al cuello, como si estuviera preso de alguna intoxicación.

Conrad farfullo mientras preparaba su propia arma y apuntaba en dirección hacia la cabeza de aquella myertovjec dispuesto a mandarla de una buena vez a la tumba, miro hacia los ojos llenos de odio y salvajismo a pesar de carecer de pupila o iris alguno de aquel experimento de “ellos” y no tuvo remordimiento alguno al disparar.

El chillido que surgió de la boca de aquel demonio le aturdió los oídos, pero sonrió al ver como el cuerpo permanecía de pie unos momentos, antes de caer entre la hojarasca, los hombres aun, temerosos, se acercaron a mirar el cuerpo demacrado que comenzaba a presentar indicios de su verdadera naturaleza, vieron con horror como una intensa costra de podredumbre empezaba a cubrir la pálida piel del cadáver mientras que la espesa putrefacción, saturada con pus, emergía de las heridas supurantes que comenzaban a surcar el cuerpo de las cuales salían pútridos olores que ellos tenían la desgracia de poder percibir.

Conrad se quedó paralizado mientras veía aquella horrenda metamorfosis, ¿Qué era eso?, se suponía que no era más que un sirviente de ellos, un mero necron artificial y nada importante, pero lo que estaba ocurriendo le decía lo contrario, el mismo vio como las finas y aunque demoniacas facciones de aquella mujer eran sustituidas por la espesa capa de putrefacción, hasta que lo entendió, aquella shiki solo había sido un señuelo, pero..¿para qué?

“¿Qué era eso?”-, pregunto Nikolai mientras sujetaba su arma de un modo poco tranquilizador, sin lugar a dudas la aparición lo había afectado mucho, algunos de los hombres miraban el cuerpo nerviosos, se escuchaban numerosos murmullos entre ellos que hablaban de historias sobre los Upir, quienes se alzaban desde sus tumbas para beber la sangre de los incautos que sirven como presas suyas, también de los Okiagari japoneses, quienes se condenados a surgir de su letargo para llevarse la sangre de su propia descendencia y ni hablar de los grotescos Myertovjec, cuyas apariencias, más parecidas a las de un cadáver consumido por la putrefacción andante, pueden ser capaces de caminar a la luz diurna.

Conrad hizo caso omiso a los rumores que circulaban a su alrededor y se acercó al cuerpo, se inclinó levemente para inspeccionar de cerca la dentadura de aquel cadáver, justo como lo pensaba, aquellas puntas de calcio coincidían casi a la perfección con las que habían visto en la pulsera de cuero encontrada en el camino, así como en los huesos de aquel infortunado perro y el hombro del viejo Alexander.

Sonrió para sus adentros mientras pensaba lo fácil que había sido eliminar uno de ellos, los moderadores no le preocupaban tanto porque lo más seguro era que estos aún no habían sido liberados, no tenía sentido que hubieran hecho eso ya que los efectos secundarios de la plaga aún no se habían presentado en los vivos así que era improbable que se hubiera presentado en los…

Minsky miro el cuerpo del viejo Yakov, era bastante obvio que no iba a sobrevivir a una herida de tal magnitud, por lo que lo único que pudo hacer fue cerrarle los ojos y cubrirlo con su propio abrigo al carecer de alguna manta, los hombres a su alrededor seguían murmurando que hacer, ya que no había manera de explicarle a las autoridades en caso de que estas dieran una inspección que el hombre había sido asesinado por una vampiresa, simplemente no tenía sentido alguno.

Hubo quien opino sobre llevar los dos cuerpos a la clínica y que el doctor los revisara a ambos, pero otros, presos de su fanatismo y superstición, sugerían el quemar ambos cuerpos y ocultarlo, después de todo, en la mayoría de las tradiciones que habían escuchado, todo cuerpo mordido por un vampiro corría le riesgo de lazarse como uno de ellos y ya estaban lidiando con una epidemia no había razones para dejar que esta se incrementara.

“¿Cómo no sabemos que aquella furcia fue la que trajo la enfermedad en primer lugar, eh?”-, farfullo un hombre barbudo sin separarse de su ama, a lo cual varios apoyaron, si bien ninguno de ellos conocía un ápice de la biología de dichos monstruos, tampoco les parecía demasiada coincidencia el hecho de haber encontrado eso aquí.

“Justamente por eso debemos llevarla a la clínica, así el doctor podrá al menos darnos una idea de contra que estamos tratando”-, opino otro mientras trataba de mantener la calma, sin embargo su respuesta genero la reacción contraria ya que la mayoría de los presentes rompieron en sonoras vociferaciones que incluían leves injurias, capitaneados por el barbudo que había hablado en primer lugar.

“Si claro, llevarla al centro de la aldea para que despierte y nos traiga el mal a todos, yo digo que quememos el cadáver de esta perra y nos ahorramos varios problemas“-, los presentes corearon esa decisión pero un ruido entre la hojarasca llamo la atención de varios de ellos.

Conrad detuvo su inspección y aguzo sus oídos, estos no le habían engañado, definitivamente algo o alguien estaba avanzando entre la vegetación a no tanta distancia de ellos, sintió en el interior de sus entrañas aquel desagradable zumbido que ahora inundaba sus nervios, como un recuerdo húmedo y desagradable el cual había deseado no volver a sentir u escuchar, no hace mas de veinte años de eso.

Mantuvo su sangre fría mientras analizaba rápidamente las probabilidades de lo que fuera la cosa que estaba caminando entre la espesa vegetación, no separo su mano de el arma que seguía sosteniendo, podía necesitarla y se dio media vuelta quedando detrás del grupo de hombres que se habían reunido alrededor del cuerpo del anciano cazador y entono los ojos para tratar de distinguir algo entre la densa penumbra de la foresta.

Las pisadas crujieron después de aplicar presión en un pequeño montículo de hojas secas y tiempo después se escucho un golpe seco seguido de un pequeño ruido que evidenciaba que algo había caído al suelo y las ramas de los arbustos frente a ellos que se habían agitado y no por el viento lo evidenciaban, a todas luces la fuente de los misteriosos sonidos estaba detrás de aquel arbusto.

“¿Ahora qué?”-, pregunto el temperamental hombre de la barba mientras veía hacia los arbustos, sin la intención de querer internarse en ellos, los hombres permanecieron inmóviles y a la espera de alguna orden la cual el de la barba no podía dar, sin embargo este, envalentonándose, señalo al que lo había interrumpido la vez anterior bramo con su fuerte voz.

“Tú, acompáñame, vamos a verificar que es eso que se oculta entre las ramas”-, a juzgar por el tono que este había usado, se notaba que aquello no estaba abierto a negociación por lo que no se atrevió a negarse para evitar una humillación innecesaria.

Conrad sintió como aquel zumbido en su interior se convertía en una aguda e intensa punzada que lo atravesaba, fuera lo que fuese que lo estaba provocando, no cabía la duda de que lo que sea que se ocultaba en la espesa vegetación era lo que lo causaba, se mantuvo en esa posición mientras trataba de aguantar el agudo dolor que estaba traspasando su vientre, miro hacia el suelo mientras respiraba con dificultad, gotas de frió sudor comenzaban a rodar por su rostro y su espalda.

Los otros dos habían empezado a retirar los arbustos que tenían enfrente, el de la barba con una singular brutalidad mientras que el otro se esforzaba por seguirle el paso mientras apartaba los miembros vegetales con el cañón de su arma. Una vez que se vieron libres de aquella barrera vegetal, se encontraron cara a cara con un bulto en el suelo cubierto con hojas secas.

“¿Es…?”-, estuvo a punto de preguntar el barbudo a lo que su compañero respondió sin darle tiempo de terminar,-“No, no es el que arrastro esa demonio, Iossif no era tan bajo de estatura”

Los dos hombres se quedaron mirando al bulto sin saber qué hacer, mientras que uno tenía bastantes sospechas sobre el cuero en cuestión, el otro pensaba que debían socorrerlo, después de todo, lo habían escuchado moverse momentos atrás, al final el segundo fue quien tomo la iniciativa. Se inclinó y agarro de lo que parecían ser los hombros al cuerpo y comenzó a tirar de él.

“¿Qué haces idiota?”-, farfullo el barbudo mientras lo detenía,-“¿Quieres matarnos a todos?”. El otro tomo valor y contesto,-“No sabemos si es un pobre diablo que se perdió en el bosque y se desmayó por falta de agua o…”

“¡Pamplinas!”-, gruño este,-“Tampoco podemos estar seguros de que es “otro” de esas cosas, lo mejor es dejarlo aquí mismo y prenderle fue…”-, fue interrumpido por la fuerte voz de uno de los hombres que los esperaban metros atrás. “¿Se puede saber qué demonios están haciendo?”

Ambos hombres se tranquilizaron y pensaron que lo mejor era llevar el cuerpo junto con los demás, a la luz de las linternas lo podían inspeccionar mejor y de igual manera, aquella bestia ya había encontrado su fin con la cabeza llena de plomo por parte de Conrad quien por cierto, se había mantenido callado por mucho tiempo, demasiado incluso para él.

Comenzaron a arrastrar el cuerpo ignorantes de los ruidos alrededor de ellos, confundiéndolos con simples ramas siendo agitadas por los vientos lo que para su mala suerte, no era cierto, pues ahí, entre la vegetación, los muertos habían estado avanzando, siendo reanimados por la pérfida creación de los doctores quienes se mantenían en pie e impulsados por el instinto más primitivo de todos. Uno de ellos, haciendo gala de las décadas que había permaneció bajo tierra siendo un festín para anélidos e insectos, abrió lo poco que quedaba de su mandíbula y revelo unos cuantos caninos y molares, todos ya ennegrecidos mientras que un líquidos salival color ámbar se despedía de ellos.

Dejo escapar un ligero gruñido y siguió avanzando, en dirección hacia el aroma que estaba captando, uno que venía detrás de una barrera de espesa vegetación; un olor a carne fresca.

Ignorantes a todo eso, los dos hombres habían terminado de llevar el cuerpo junto con los demás y ya comenzaban a acercar un poco de luz para verlo más de cerca, estaba de espaldas y vestía un andrajosos chaleco de cuero que no se parecía a nada de lo que habían visto antes, la piel estaba bastante sucia y solo evidenciaba las muchas veces que había caído en el fango al igual que el resto de la ropa.

Conrad levanto la vista mientras sentía como la punzada disminuía un segundo, solo para arrancar con endemoniada furia al otro, vio entonces como es que todos estaban agrupados alrededor de lago que no podía ver, sus ojos se entornaron mientras tarto de incorporarse.

“¡Aléjense de eso!”-, grito mientras terminaba de incorporarse y preparaba su arma a toda prisa. Algunos de los hombres voltearon a verlo confundidos hasta que uno de los que habían arrastrado el cuerpo, con la linterna en mano y la ayuda de otro, volteaban el cuerpo para poder verle el rostro. Lo que la linterna ilumino hizo que estuviera a punto de gritar del horror, pero aquel cuerpo, reacciono mucho más rápido mientras emitía varios gruñidos sordos y se abalanzaba sobre este clavando su quijada roída sobre su rostro derribando al hombre en la tierra.

Ahí comenzó a morder con un instinto verdaderamente primal la cara del hombre quien agitaba los brazos incapaces de hacer algo para salvarlo, los hombres contemplaron atónitos aquel horrido espectáculo que superaba con creces al de la Upir que habían matado hace rato, entonces, aquel monstruo incorporo su cabeza mostrando los horribles trazos rojos que había dejado en su festín y también permitiéndoles a los atemorizados cazadores el poder tener una no muy agradable visión de su horrenda cara.

Aquellas manchas que señalaban la presencia de la podredumbre en su cara invadida por el pus mientras que docenas de heridas supurantes corrían entre ella cual líneas férreas , la boca, con la mejilla derceha roída dejando un horrido heuco cual ventana al interiro de su groteesca cavidad bucal en la cual reposaban decenas de dientes carcomidos por la infección, pero tampoco fue lo peor el ver como de la mitad izquierda de su cara brotaba una legión de gusanos que se sumergían en lo poco que quedaba de piel en el rostro cual delfines en un mar de carne. Aquella abominación, cadáver viviente, o lo que fuera abrió la boca emitiendo un chillido de hambre e hizo ademan de levantarse y poder seguir con su grotesco festín, hasta que una bala de plomo le atravesó certeramente la jaqueca provocando el trauma necesario para que la actividad nerviosa pereciera.

Conrad miro el cadáver consternado y les dedicó una mirada preocupada a los hombres, solo para poder escuchar segundos después cientos de ramas agitándose detrás de ellos, voltearon solo para encontrarse que aquel cadáver no era el único, había más, cerca de una docena de abominaciones putrefactas, algunos con horribles deformaciones colgando de sus cuerpos otrora inanimados y con los brazos extendidos rematados por manos descarnadas y huesudas, dispuestas a enterrarse en las entrañas de los vivos y llevarse a la boca de estos su espeso y carmesí contenido.

“Saquen sus armas y mátenlos, si quiere vivir, ¡mátenlos!”-, ordeno Conrad mientras el mismo tomaba la iniciativa y disparaba las últimas dos cargas que tenía antes de detenerse a recargar confiado en la protección del grupo de hombres, quienes ya empezaban a disparar a diestra y siniestra, clavando los afilados proyectiles de plomo y hierro en los cuerpos supurantes que avanzaban siendo consumidos por el hambre atroz.

Nikolai justo se había visto en apuros al ver como su cartucho de balas se le había resbalado de las manos, justo cuando un esqueleto apenas con restos de carne y músculos putrefactos se acercaba peligrosamente.

A pesar de que los dedos estaban empapado s de sudor, logro en el último momento el poder meter el cartucho en el arma y disparar vientre del zombi quien se hizo para atrás por el impulso del impacto, Conrad sonrió mientras veía eso y Nikolai devolvió la sonrisa, solo para gritar de dolor al sentir como la quijada roída del primero de “aquellos” en aparecer se clavaba profundamente en la espalda y lo derribaba en tierra, manteniéndolo contar el suelo mientras aquel cadáver ya comenzaba a arrancar trozos de carne su espalda y mordía la nuca mostrando su eterna hambre.

Conrad palideció al ver que la bala que él le había clavado en el cráneo no le había hecho daño alguno, entonces comenzó a disparar hacia el cadáver sin importarle que las balas fallaran el objetivo, porque de igual manera, estas le atinaban a otros zombis que se precipitaban en tierra presas del daño interno que les causaba aquella lluvia de plomo.

Hasta que al fin este cayo de lado y no dio señales de vida, Conrad suspiro, pero la calma le duro poco porque cuando miro a su alrededor, solo encontró la muerte encarnizada abatiéndose sobre ellos. Al parecer varios de los muertos seguían de pie, terriblemente deformados por la metralla pero ahora contratacaban con cantidad, un mar de muerte surgía de la vegetación y rodeaba a los infelices cazadores que agotaban hasta la última bala tratando de disminuir inútilmente las legiones del infierno.

Vio como rodeaban al hombre barbudo y uno de ellos clavaba su podrida dentadura en su brazo, el hombre gritaba de dolor pero su arma había caído a sus pies y ya no tenía manera de recuperarla, después vio cómo se iban acumulando mientras que sus gemidos infrahumanos cortaban el aire, todos querían su trozo de carne, vio como las filas de muertos se ensangrentaban con los fluidos del hombre que estaba siendo destazado por aquellas mordeduras y rasguños cadavéricos.

Vio como un hombre se agitaba en tierra mientras que su vientre era abierto por dos de ellos, que ya comenzaban a sacar sus intestinos y llevárselos a la boca, todo eso con el hombre aún vivo y experimentando un atroz dolor antes de entregar su propia alma.

Vio como mordían, devoraban rasguñaban, arrancaban, destruían, asolaban, todo eso y mil y un más abominaciones, y lo peor es que a pesar de que podía sobrevivir a uno o dos mordidas por parte de ellos, lograra que la infección que estos cargaban en su sangre no entrara a su sistema, no tenía manera de impedir que aquel ejercito de muertos no lo devorara vivo.

Entonces parecieron al fin captar su presencia, esos ojos tan vacíos y putrefactos desprovistos de vida en lo absoluto, ya comenzaban a acercarse a él para añadirlo al grotesco festín que se estaban dando con la entrañas de sus amigos y más adelante, vio como los que habían logrado solo perder una que otra parte de su cuerpo a consecuencia de las mordidas.

Se estaban también alzando, ellos, vio como el viejo Yakob se levantaba con una enorme grieta recorriendo su cara y el cuello destrozado por la mandíbula de la Upir, ahora chorreando litros de sangre mientras que de su vientre colgaban los intestinos.

Vio a Nikolai, quien ahora carecía de una pierna arrastrándose por el suelo mientras que una lengua de carne ahora brotaba de su cara como si de un gusano se tratara que daba mordiscos al aire presintiendo su cercano alimento. En resumen, toda una horda de ellos estaba delante de él y ya habían comenzado a cercarlo.

Se hizo para atrás solo para que su espalada se topara con un espeso arbusto, cuyo follaje de seguro era lo suficientemente espeso para impedirle meterse en él y escapara, con los brazos temblorosos, sostuvo su arma y comenzó a disparar a los cadáveres más cercanos.

El primero cayó al suelo luego de que la bala le diera justamente en el tendón de Aquiles, impidiéndole el poder caminar, el segundo siguió avanzando aunque en círculos al carecer de vista debido a que la bala había atravesado su frente.

Y así cayeron el tercero y el cuarto, el quinto y el sexto, pero similar a una hidra carnosa, por uno que caía, dos tomaban su lugar y así sucesivamente, Conrad no tardo en estar casi rodeado, se pagó aún más mientras colocaba su escopeta en la sien, no tenía planeado morir de esa manera pero era bastante preferible a ser devorado vivo por una horda de cadáveres hambrientos.

Pero antes de que pudiera llegar a áptera el gatillo, algo filoso se clavó en su espalada atravesando de lleno el abrigo de cuero que protegía dicho lugar y clavándose profundamente en la carne, sintió como una inmensa fuerza lo jalaba hacia el arbusto y al final, la pared vegetal poco pudo hacer por frenar el ímpetu del que estaba tirando del lado contrario.

Conrad cayó al suelo y respiro pesadamente, metros atrás la horda de zombis arañaban bruscamente la barrera vegetal buscando abrirse paso, sus gemidos cavernosos que clamaban por carne fresca podían oírse con perfecta claridad. Entonces cayo en cuenta. Casi al instante, un intenso dolor recorrió la espalda del cazador y este se retorció mientras se llevaba la mano a su espalda, ahí pudo sentir como una espesa costra burbujeante había comenzado a taponar las heridas causadas por lo que lo había arrastrado más allá de esos arbustos ahora teñidos de rojo salvándolo en el acto de sufrir una muerte grotesca como al de sus compañeros.

Respiro profundamente mientras se apoyaba contra el tronco de un árbol, tenía que pensar en sus opciones, si seguía caminando en busca del “árbol negro”, ahora tendría que dar un rodeo para no toparse con las cohortes muertas, que de seguro estaban bastante entretenidas devorando los restos de los catorce hombres que habían perecido en aquel claro encarnizado.

Miro a lo lejos, hacia el agujero donde se había salvado y pudo distinguir aun los grotescos ruidos de cientos de dentaduras chasqueando mientras se esforzaban en arrancar trozos de carne de los cuerpos, no escucho ningún grito por lo que presintió que ya estaban todos muertos,-“dudo mucho que haya habido algún superviviente”

También le preocupaba bastante el hecho de que necesitaba avisarle a la aldea de la inminente pesadilla que estaban por experimentar, porque solo era cuestión de tiempo para que la esencia de las personas vivas del pueblo llegara a las narices de los zombis, quienes se movilizarían dispuestos a darse un gran festín y sabiendo el estado enfermizo de varios aldeanos, su futuro era incierto.

Además, la carnicería que ocasionarían en Herrbergorth podía ser solo un preludio a lo que pasaría si “esas” cosas lograban salirse del pueblo, ni siquiera la infame Plaga de la Carne podía ser tan desastrosa.

Todo eso lo pensaría una persona normal, una que desconociera tanto de la situación a diferencia de Conrad, quien sabía que una horda de cadáveres antropófagos era solamente algo de más, un efecto secundario de la plaga que habían creado, lo que más le preocupaba era lo que podía llegar a hacer en su fase final, con las personas vivas.

Entonces cayo en cuenta de algo que no encajaba, la herida que le había hecho lo que fuera que lo había salvado, no se había curado, la irritante sensación de comezón había desaparecido hace mucho mientras se encontraba sumergido en sus pensamientos y él no se había dado cuenta en lo más mínimo.

Puso su mano sobre donde creía que encontraría piel completamente restablecida, pero solo se topó con marcas de garras, cicatrizadas al menos.

“No es posible, se supone que el rio negro logra restablecer todos los tejidos dañados y proteger el cuerpo del huésped de cualquier infección, incluyendo el prototipo de la pozhira y sus antecesores como la Carne, a menos que el que me salvo fuera…”

Entonces escucho un crujir de ramas cerca de él, levanto la cabeza mientras escrutaba éntrelos árboles en busca del misterioso observador que intuía que también era el milagroso salvador de hace unos momentos, le pareció por un segundo el distinguir una vaga forma azulada perdiéndose en el follaje hasta que la penumbra del lugar se la trago.

“¿Quién?-, estuvo a punto de preguntar pero el sonido de ramas crujiendo y esta vez detrás de él le hizo voltear, solo para encontrarse con que un grupo de zombis habían conseguido el despejar un pequeño trecho en la barrera de foresta que los había contenido y ahora comenzaban a avanzar, no dispuestos a dejar que el ultimo remanente de su comida se les escapara.

A pesar de no ser tantos, Conrad no se arriesgó a enfrentárseles por miedo a llamar la atención del resto de la horda a quien vio, para su mala suerte, seguir avanzando, pero en la dirección opuesta, justo donde de seguir derecho, se toparían frente a frente, con el pueblo.

“Maldición”-, dijo mientras terminaba de incorporarse y comenzaba a correr en dirección opuesta, él lo sabía, pero prefería el poder tomar un desvío donde perderlos de vista.

“Me recargo en todo, que se vaya al infierno el condenado árbol, lo siento viejo amigo, no puedo cumplir la promesad e hace ya quince años pero hice todo lo que pude, lo menos que puedo hacer es tratar de advertir a los aldeanos del peligro inminente que corren, también tendré que darles explicaciones y decirles que los enfermos no tienen salvación, quémenlos, mátenlos, arrójenlos a las legiones del infierno que vienen a devorarlos mientras propagan la infección que cargan en ellos, antes de que muten y se trasformen en algo pero, después de eso podrán hacer lo que quieran de mí, pero prefiero que terminen con mi vida hombres rectos y derechos, no los perros que sirven inconscientemente a aquellos reyezuelos de la peste”

En el claro, la putrefaccion estaba presente y ya no solo en los horriods cadavers animados que estaban consumiendo los pocos restos de carne que quedaban, verdaderamente era bestial su apetito y hacian una grotesca gala para demostralo, metros atras, abandonado e ignorado por los zombis, se hayaba el frio cuerpo de aquella modificada, poco sabian los ilusos cazadores que un ser como ella, creada artificialmente por “ellos“ , no iba a perecer por medios tan mundanos como una simple bala de plomo atravesando su craneo, pues dentro de ella, la version monstrousa del rio negro ya habia comenzado a reparar el tejido dañado, lo cual duro bastante, pero cuando hubo culminado, abrio los ojos si es que se les podia llamar ojos a aquellas esferas oscuras que tenia en lugar de globos oculares.

Sonrio endemoniadamente mientras se incoporaba, era cierto que la tunica que llevaba se habia rajado pero eso no le podia importer menos , ya que el verdadero objeto que era digno de su aprecio estaba bajo aquel ropaje negro, del cual se estaba deshaciendo en ese mismo momento.

Justo como lo habia previsto, ni un solo rasguño en la fina y delicada tela del vestido, no estaba en condicino es de exigir otro en caso de que se le arruinara este,una vez que termino, se dispuso a internarse en la foresta para enocntrarse con su hermano, los moderadores ya debian habre sido libreados y aunque en teoria era seguro permanecer en el suelo, preferia tomar precaucion al respeto, simper se podia esperar una mala pasada por parte de su gemelo, quien de seguro ya habia obtenido el sello de control.

Justo cuanod subia al roble mas cercano, algo la alerto, antes de que pudiera siquiera llegar a voltear, algo bastante filoso le asesto de lleno en la cara regresandola al suelo.

“Hijo de.. “ maldijo desde el suelo mientras levantaba la cara, en la cual ya se habia empezado a regenerar la lve eherida que le habian hecho, dejando a su paso la misma palida piel que la acusaba de ser una shiki, frente a ella estaban unas botas unidas a unos pantalones algo descudidados pero de un tono algo azulado, para seguir con un abrigo color café, la sombra ocultaba las facciones de us rostro, pero una parte de ese pelo azulado ahora con raices negras que la miraba desde arriba.

Ella rio, “No esperaba que abrazaras tan rapido tu nuevo estado, no es asi.. Volk.. “

Su atacante se limitó a observarla mientras las sombras seguían ocultando gran parte de su rostro, ella se incorporó rápidamente con los colmillos completamente fuera de sus vainas dispuesta a propinarle una dentellada mortal, solo para encontrarse con un espacio vacío.

“¿Qué?”-, pensó ella solo para sentir como la misma punta se clavaba ahora en su vientre, el impulso la elevo un poco hasta golpearse con las ramas que había encima, tosió un poco de sangre acompañada del fluido necrótico que cargaba en su interior, sus ojos parecieron cambiar un poco mientras que de sus heridas comenzaba a burbujear el rio negro, hasta manifestarse en forma de pequeños apéndices que latigueaban el aire. Emitió un chillido de triunfo mientras se precipitaba hacia el suelo ahora armada con su carta de triunfo, sus garras lograron alcanzar la cara de su oponente quien sin lugar a dudas también sintió algo de dolor, peor consiguió desembarazarse de su agarre usando la prodigiosa fuerza que tenía en ambos brazos, ella hizo gala de la inmensa agilidad que poseía como shiki y aterrizo del mismo modo que un felino, sobre un leño caído, ahora adornado con los restos que la horda de cadáveres no pudo devorar, huesos principalmente.

Riendo sádicamente, esperando el poder afectar psicológicamente al otro, sostuvo el cráneo más cercano por un tiempo, antes de romperlo con ambas manos y arrojar sus restos al lado. “Voy a romperte de la misma forma”-, señalo mientras sonreía y saltaba dispuesta a cumplir sus palabras, los fluidos necróticos que surgían de su piel respondieron tomando la forma de unos largos látigos cubiertos de púas que se agitaban como serpientes furiosas desde su espalda y brazos.

Sin embargo, la selección natural nunca se equivoca, y lo supo la amarga verdad cuando sintió como las garras de su contrincante perforaban su vientre eludiendo los golpes de sus lazos negros y como sus filosos caninos, recién desarrollados, tomaban su primera presa, justo en su cuello.

Cayo al suelo debilitada mientras veía como él se alejaba repentinamente, hasta que escucho el crujido de la madera rompiéndose lo entendió, pero tarto de hacer daño con sus propias palabras hasta el final.

“Veo que en verdad ya dejaste tu humanidad atrás, que divertido pero ahora tratas de tomar redención, por favor, ¿acaso crees que puedes para todo lo que comenzó?”-, dijo mientras trataba de sonreír malignamente, sonrisa que desapareció en cuanto vio el objeto que este sostenía en su mano. No se había equivocado, verdaderamente iba a hacerlo, vio cómo se acercaba y tomaba impulso, solo para dejarla caer lista para ser clavada. Ella cerró los ojos preparada para morir de nuevo, pero solo sintió un tremendo dolor en su pierna derecha.

Logro voltear y ver como la aguda estaca de madera había atravesado de lleno su pierna y la mantenía sujeta contra el suelo, quiso gritar de dolor pero la misma sensación se repitió, en la otra pierna.

Él se limitó a clavar la tercera estaca en el lugar donde sus dos manos se habían juntado, sus gritos atravesaron todo el claro y de seguro llamaron la atención de esas cosas, entonces sonrió para sus adentros, una venganza perfecta para esa perra.

Admiro por unos segundos como la shiki lucia inmovilizada por las tres estacas que le había clavado y se preguntó cuánto tardarían en devorarla, hasta que su voz interrumpió sus pensamientos.

“¿Piensas dejarme así para que me devoren los muertos verdad?”-, pregunto mientras sonreía burlonamente,-“Es una lástima que entre muertos no nos devoramos”.

Entonces se decidió hablar por primera vez, su voz era tan solo una sombra de lo que había sido, un tono seco y frio que revelaba las penurias que había pasado, una voz más de un muerto que de un vivo, porque eso era ahora.

“Y es una pena que tengas una visión tan errónea de lo que te ocurrirá”-, le contesto con un ligero toque de humor cruel que le propino un escalofrió a la shiki,-“Mientras estaba recibiendo amables tratos por parte de los buenos doctores, me pareció escuchar varios datos interesantes”

Dio una vuelta alrededor del sitio donde ella estaba inmovilizada, como si estuviera burlándose, sabía que no tenía mucho tiempo, pero primero cobraría su venganza.

“Cualquiera pensaría que unos simples cadáveres antropófagos corriendo por ahí y aterrorizando a las personas es una tragedia, ¿o no?, salvo que no lo es todo, una simple pantalla de humo para que las personas no vean cual es la verdadera amenaza”-, ella se sobresaltó al oír eso, no conseguía entender desde cuándo se había dado cuenta de lo que estaban planeando sus maestros.

“La epidemia, una vez que termine de incubarse dentro de las personas, será la verdadera amenaza, ¿o me equivoco?”-, por su tono de voz ella intuyo que aún lo dudaba, pero no se iba a dejar convencer así. Su risa diabólica corto el silencio que los separaba ambos.

“Tal vez si, tal vez no, de igual manera, eso no quita el hecho de que no hay nada que puedas hacer al respecto, esto estaba ganado desde que el joven Hernyó planto la semilla de la infección semanas atrás, por lo tanto, ¿Qué vas a hacer?,¿buscar a tus amiguitos y huir a través del bosque plagado de zombis?, porque considerando la cepa actual de la plaga, en verdad dudo que puedan salir siquiera del pueblo”-, dijo sonriendo, sin saber que la había propinado todo lo que quería saber a él, quien sonrió a su vez mientras se marchaba.

“¿Qué sucede?, ¿acaso vas a dejarme aquí sabiendo que puedo liberarme en cualquier momento?, no olvides que los muertos no me atacaran, después de todo, yo también lo estoy”-, le grito, a lo que el volteo mientras mostraba una sonrisa lobuna, tan falsa como la personalidad que había adoptado, consecuencia de los suplicios impuestos por ella.

“Yo no me quiero hacer responsable de algo como “tu vida”, prefiero mejor dejarte ahí hasta que te pudras por falta de tu preciado alimento y te conviertas en otro cadáver andante justo como esos que se están acercando”-, dijo mientras volteaba.

Ella lo maldijo en su interior, jamás había pensado que podía llegar a mutar a un Volk, pero por otro lado, lo presentía, en verdad había algo acercándose, solo que el inexperto sentido de ese joven Volk no había aprendido a diferenciar a los seres necróticos , por ejemplo, lo que se acercaba, no eran unos vulgares Yedokov.

“Debí haberte matado en cuanto tuve la oportunidad”-, pensó antes de que el ruido a sus espaldas, de docenas de patas filosas arrastrándose por la hojarascas delato a la abominación que reptaba por los suelos, las bestias utilizadas por “ellos” para contener a los Yedokov.

Sitio como un líquido ardiente caía sobre su cuerpo y como sus efectos se presentaban, el rio negro en su interior lucho para contrarrestar la reacción de esos fluidos tóxicos que el Necrochilopoda segregaba.

Ella vio a la bestia, enrollada en el trono del árbol mas cercano, con los centenares de cuerpos clamando por el hambre sujetos entre sí, hasta que vio que la marca de control no estaba grabada en ninguno de los puntos de la criatura, entendió, que estaba perdida.

La bestia se desembarazado del árbol y se abalanzo sobre ella con su quijada de hueso y carne carbonizada abierta de par en par.

Sonrió al escuchar los gritos de la shiki mientras las fauces de aquellos monstruos despedazaban su cuerpo, a pesar de que no lo estaba viendo, podía imaginárselo, sus ojos, ahora negros como la penumbra de la foresta brillaron un poco al pensar lo cerca que estaba de regresar. Aunque su rostro ahora tenía una expresión muy melancólica, por lo que estaba haciendo en ese mismo momento y llevaba desde que había logrado liberarse de las garras de la shiki y el “árbol”. Ahora que lo pensaba bien, ya no tenía razón alguna para llamarlos de esa manera, pues conocía su nombre y varios datos sobre ellos, incluyendo el que era lo que podía hacer.

Donde golpearlos en su lugar más vulnerable, mientras colocaba los objetos que cargaba en su abrigo en distintos puntos específicos, pensó en todas las veces que había caminado por ese lugar, se sentía como un traidor, pero era necesario, un calor excesivo como las llamas del juicio para llevarlos a todos, a unos al cielo y a otros al averno lo que incluía a las docenos, por no decir, cientos de cadáveres que habían sido levantados desde sus tumbas.

También a los que padecían el mal que la Sociedad había creado, todos tenían que arder, incluido el, específicamente el por ser algo que ya no era humano, una existencia así le parecía de lo más lúgubre, pero lo menos que podía hacer era sacrificarla por esa causa.

Cuando termino de poner la última botella de alcohol en aquel tronco, miro hacia el horizonte y pudo ver el pueblo y también a varios de sus habitantes, una calma seguía manteniéndolos alienados de lo que ocurría, pero del otro lado, pudo distinguir fácilmente una vagas siluetas que se tambaleaban mientras salían de la foresta, topándose con las cercas de algunas casas.

Anton cerro los ojos mientras pensaba en todas las vidas que llegarían a su fin antes de la noche, suspiro mientras comenzó a correr cuesta abajo antes de encaramarse a un árbol y saltar, aquella metamorfosis que había sufrido había aumentado notablemente su agilidad y planeaba sacar provecho de eso.

“Antes de mandarlos a arder a todos,”-, pensó mientras seguía desplazándose por medio de saltos,-“Tratare de salvar a algunos, Renko, mi amigo, tienes que vivir”

Mientras tanto, la sangre goteaba en el suelo, el peliplateado vigilaba el cuerpo de cerca mientras que la rubia y el pelinegro inspeccionaban de cerca su hallazgo. Este último parecía verse más consternado aun.

Solo hasta que un fétido olor a putrefacción llego hasta sus narices por la ventana abierta, se dieron cuenta de que la hora cero había llegado. “Ha comenzado la tormenta”-, dijo Renko mientras palidecía y sujetaba con nerviosismo el arma que habían encontrado, sus dos amigos asintieron mientras sujetaban las suyas propias, dispuestos a abrirse camino entre una horda de Yedokov.

Lo que ellos ignoraban, era que una vez que el malicioso rompecabezas genético que se estaba armando justo dentro de los cuerpos de los que padecían incontables penurias, ahora sabidas que fueron obra de “ellos” fuera terminado, los Yedokov iban a ser el último de sus problemas, literalmente.

Capitulo Cinco:La Noche Roja
Había hecho todo lo posible, eran los amargos pensamientos del doctor mientras cubría con una manta el cuerpo inerte de la mujer, ya estaba en sus últimas, la enfermedad en su interior la estaba devorando, apretó el puño con impotencia mientras aquellas pesadillas rojas deambulaban por su mente, ya que al practicar la autopsia, se encontró frente a frente con aquellos horrores gástricos que tanto había temido.

Recordó el gesto de asco que había hecho cuando lo extirpo, un obre grasiento, que palpitaba y se encontraba pegado al estómago, a su alrededor, varias ramificaciones como si de una grotesca hiedra que había echado raíces en el interior se tratase.

Y lo peor fue cuando hecho una mirada en el interior del vientre; no era solo uno, había varios, todos retorciéndose mientras se aferraban a los tejidos más cercanos, como asquerosos parásitos clavando sus minúsculas fauces en la piel de sus huéspedes.

Extirpo tantos como pudo y los quemo, solo para contemplar un humo rojizo emergiendo de sus restos carbonizados y tuvo en mente por varias horas el realizar lo mismo con el cuerpo. De igual manera, no había forma alguna de explicarle a sus familiares lo que le había ocurrido pensó mientras caminaba por el pasillo echando una mirada de reojo a los pacientes que yacían en sus camas, todos con los mismos síntomas y de seguro, con más de esas cosas dentro de ellos.

Cada miraba que daba ahora estaba influenciada por el miedo orgánico que le habían generado esas visiones tumultuosas, en vez de ver la piel de estos él podía ver a las abominables cosas reptando en el interior de ellos, devorándolos por dentro y sin ninguna posibilidad de cura, podía ver como salían de la boca esos apéndices carnosos mientras las caras se deformaban revelando a los horridos seres nacidos en su interior de su propia carne.

Esos pensamientos le generaban nauseas, pues le recordaban las fotos de lo que había visto en Malyyprud, sus ojos se encendieron ante aquellos recuerdos, pues claro, con razón su garganta se había atenazado al contemplar aquellas muestras y análisis de sus pacientes incluyendo de la mujer que acababa de morir.

“¿Sera posible’”-, pensó mientras corría precipitadamente hacia su oficina, donde el cuerpo permanecía, todavía cubierto por la manta, en otro momento eso le hubiera dado un dejo de incomodidad pero ahora necesitaba concentrarse, de lo que encontrara, la vida de muchas personas podría recuperarse.

“¿Dónde está?,¿dónde está?”-, pensaba casi en voz alta mientras abría precipitadamente sus cajones por completo extrayendo de ellos varias carpetas cubiertas de polvo abandonadas hará años, no tardo demasiado hasta toparse con un sobre amarillento cubierto con un fuerte olor a humedad y a tabaco.

Con los dedos temblorosos, lo deposito sobre el escritorio y se dispuso a abrirlos, para su mala suerte, la tensión en sus manos le impedía romper el sello, en el cual rezaba un nombre y una fecha.

-Malyyprud, 1989- Con sus dedos, ahora cubiertos por una fina capa de sudor frio, tomo el cúter que yacía a unos cuantos centímetros de distancia y se dispuso a cortar el papel, el golpe en la puerta lo sobresalto hizo que se clavara la punta de la herramienta en su pulgar provocándole un pequeño grito de dolor.

Volteo esperando encontrarse con los familiares de la muerta pero para su sorpresa se encontró con tres jóvenes, todos con un aspecto cansado y cubiertos de polvo, a juzgar por el repulsivo hedor que manaba de sus ropas intuía que habían estado bajo tierra por cierto tiempo.

Se quedaron mirando durante unos cuantos minutos hasta que el medico rompió el silencio,-“No sé por qué, pero algo me dice que no vinieron por una consulta, ¿verdad?”

Gruesas gotas de sudor resbalaban por su cara acompañadas de un torrente de lágrimas, el miedo se había manifestado en el mientras se encontraba acurrucado en una esquina.

No tenía alguna idea de que era lo que estaba pasando, se suponía que solo debía acompañar a la señora Vinsky a visitar a una familia a las afueras de la aldea, pero, pero…

Rompió en llanto al recordar las horridas escenas que habían tomado lugar en esa cabaña maldita, donde lo único que encontraron, fue la muerte personificada, la puerta, estaba entreabierta y les dio una visión nada privilegiada de la carnicería que había acontecido en el lugar.

Las paredes, antes blancas ahora se hallaban teñidas de escarlata mientras que el suelo estaba repleto de pequeños estanques de sangre coagulada, diversos objetos yacían desparramados evidenciando que ahí había tenido lugar una resistencia considerable, no fue hasta que miraron al techo que entendieron que lo que había hecho eso, no se había ido.

La señora había sido primero, no pudo hacer nada por evitar que el demonio atravesara su pecho con sus garras y mucho menos que clavara su rostro como si de un perro de caza se tratase en el de ella, aquella escena había sido suficiente para él, por lo que se había desmayado, incapaz de auxiliar a quien se supone que debía acompañar.

Había despertado quien sabe cuánto tiempo después, solo para encontrarse con aquel demoniaco ser, cebándose a sí mismo con los restos de la mujer, quien ya debía haber entregado su alma, vio con horror como aquellos espantosos huecos sin fondo lo escrutaban mientras que aquella sonrisa digna del averno se asomaba por la comisura de sus labios.

Había escuchado su voz, más cortante que el filo de un hacha y había admirado la marca maldita y arcana que este llevaba en su ojo derecho, hasta que le vio desaparecer entre las penumbras. Ya habían pasado casi horas de eso y podía vislumbrar a través de la ventana que el ocaso ya había ocurrido, la noche estaba bien entrada y con ella, las penumbras rodeaban todo.

Trato de incorporase mientras se sobaba, en su interior creía haber descubierto la naturaleza de la “cosa” que había estado aterrando a la aldea, pero aquella presencia, tan horrenda, tan demoniaca…El solo recordarlo lo inundo de nuevo con pavor, necesitaba urgentemente salir de ahí y alertar, no importaba como, pero debía huir, no, o solamente…

Las imágenes de su abuelo, inerte con las marcas de mordedura en su cuello, su pulso ausente y aquella palidez cadavérica, el, aun lado suyo completamente consternado, entonces la pérfida influencia que se cernía sobre el distorsiono aquellas memorias para su desgracia.

Sintió como una mano áspera se asía a la suya con fuerza y vio como los ojos del venerable anciano se abrían revelando aquellas mismas cuencas vacías de las cuales comenzaba a manar un líquido oscuro parecido al alquitrán, como este trataba de incorporarse y de su boca surgían grotescas mangueras.

Grito y grito hasta hacer en cuenta de que era solo una pesadilla, no era real, pero para su desgracia, el estar aun dentro de aquella cabaña donde había ocurrido una masacre y también en el paraje más desolado de la región y a mucha distancia del pueblo si lo era.

Entonces los escucho, pasos, entre la hierba y arrastrando sus cuerpo tambaleantes, atraídos por los gritos que perforaban la noche y emitiendo cavernosos gemidos desde sus gargantas putrefactas a través de sus bocas repletas de carne en descomposición y decenas de dientes deformes.

Los muertos comenzaron a rodear la construcción hasta dar con la puerta e internarse dentro de ella, el pobre joven, presa del terror y encima ahora, con la pierna lastimada, poco pudo hacer más que gritar inútilmente mientras las docenas de bocas hambrientas se clavaban en su carne y las cadavéricas manos escarbaban su vientre en busca de sus entrañas.

Sus gritos no lograron alcanzar el pueblo, a casi un kilómetro de distancia recorriendo el mar de hierba, el cual, la horda de cadáveres, ya estaba cruzando, el olor no solamente de la carne fresca los atraía, era algo más poderoso también lo que los influía. Una sensación que roía sus entrañas como el hambre que los instigaba a seguir consumiendo.

Ahí mismo, en el centro del pueblo que había servido de prueba para “ellos”, la Plaga y su verdadera naturaleza, estaba a punto de revelarse.

“Ciertamente, a estas alturas no me encuentro tan sorprendido como debería estarlo normalmente”-, comento el medico mientras miraba hacia la ventana distraído, oír el largo relato que esos tres le habían contado lo había dejado muy exhausto, pues no solo había aprendido lo que manejaba los hilos detrás del telón de Herrbergorth, sino que también varios datos que hubiera preferido no saber jamás.

A través de la ventana pudo admirar la calle solo iluminada por unos cuantos postes eléctricos, aguzo la vista al creer haber visto un ligero tintineo, pero no era nada, detrás de él, el único de los tres que no estaba sentado, lo miraba a través de los gruesos cristales de sus gafas que se había molestado en limpiar.

Por un lado se sentía aliviado de tener un nuevo aliado pero por otro, se encontraba muy intranquilo ante el hecho de que ahora tenían casi todas las claves para poder descubrir el misterio del árbol negro y sin mencionar, el destino de Anton.

“Hay un pueblo a más de doscientos kilómetros”-, dijo de repente el medico sin dejar de mirar la ventana,-“Si tratan de buscarlo en un mapa actual, jamás lo lograran ver, no existe oficialmente, desde 1942”.Los tres le ponían suma atención, aunque no comprendían del todo lo que tenía que ver con la situación actual.

“Su nombre es, no era Malyyprud, está abandonado desde la primera mitad del siglo diecinueve o eso solían creer”-, continuo el hombre, solo despertando mucho más intriga en los adolescentes, Renko pareció captar la relación.

“¿El sitio donde los összefonódott se establecieron?”-, pregunto este mientras se acomodaba las gafas por enésima vez en el dia.La mirada melancólica que el hombre le dedico le dijo que estaba en lo cierto.

“Exactamente”-, dijo antes de proseguir,-“En los noventas, cuando solía trabajar en el ejército, se me envió a mí y a todo un escuadrón a ese lugar”. Aquella revelación sobresalto a los tres adolescentes que no pudieran hacer más que preguntar distintas cosas al mismo tiempo.

“¿Estuvo en el ejército?”-, pregunto un incrédulo Sasha mientras se levantaba de su asiento, seguido por Tania que pregunto otra cosa. “¿Pero que ese sitio no fue donde había ocurrido la Plaga?”

Renko por su parte pregunto algo más calmado,-“¿Por qué lo hicieron?”

El hombre entrecerró los parpados antes de contestar las preguntas. “Primero que nada, eran tiempos difíciles tras la ruptura del socialismo, no había muchas opciones donde trabajar, la milicia me pareció una opción algo más indulgente y por no decir beneficiosa, segundo, en efecto, nunca habíamos odio hablar de aquel lugar, pero cuando nos internamos en él, nos dimos cuenta de porque, habían dejado todo ardiendo”-, contesto lo último algo fríamente.

Un pensamiento recorrió la mente del pelinegro,-“La Purga”-, y casi al unísono, cientos de imágenes de hogueras aparecieron en su mente, adornadas con las jugosas descripciones de lo que creía que causaba la primera plaga. Pero eso no fue todo, el medico no tardo en alargarles el sobre amarillento.

“Antes de que vean lo que contiene, se los advierto, si su testimonio es cierto, lo que verán ahí fue tan solo un prototipo de lo que pasara si no lo frenamos, estas imágenes los pueden llegar a afectar”-, Dujo en un tono preocupado, ninguno de los tres se atrevió a bromear al respecto, pues la mirada que el hombre tenía, mostraba algo que ellos ya habían conocido muy bien tras haberse encontrado cara a cara con un cadáver andante en los subterráneos.

Sasha rompió el papel y comenzó a sacra su contenido, varias fotografías, en las cuales se podía apreciar un pueblo en un estado de desolación total, le recordaron a varias de las fotos que había visto de la ciudad ucraniana de Chernobyl y otras ciudades fantasmas que había visto en distintos foros de fotografía. No fue hasta que vieron otras, lo que deambulaba por las calles y los edificios, lo que se escondía detrás de la paredes de cal y canto, los cúmulos carnosos que brotaban de los edificios mientras que los montones de masa parecida a la que ya bien conocían se apilaban por las calles, propagándose como un gigantesco hongo.

Y también lo que quedaba de sus habitantes, aquellas horridas criaturas que brotaban de la penumbra de los edificios descuidados, impulsados por u un frenesí incontrolable, sus rostros, cuerpos, ya no eran humanos en lo absoluto.

Las fotos de aquellos especímenes muertos no fueron más agradables, entre ellas, la de lo que parecía haber sido un hombre con algo de sobrepeso, mientras que protuberancias carnosas habían consumido y ocupado gran parte de su anterior rostro y de su torso, las capas de grasa se habían extendido hasta dejarle amplias deformidades, de su brazo derecho no quedaba ni rastro.

En el reverso de la foto estaba una inscripción en tinta roja que rezaba lo siguiente: Gouruta, y al lado de esto la traducción de lo que parecía ser el nombre clave “Propagador”, Tania hizo un gesto de asco mientras veía esto, gesto que no desapareció al mirar las otras fotografías, que contenían las vagas figuras de cúmulos pegados a los edificios, como una grotesca especie gigantesca de hongos,en el reverso de estas, estaba grabado "Fouruta" y su posterior traducción: "Propagado".

Y lo peor, era que a juzgar por sus contracciones, se movían, si se movían, como si de corazones palpitantes se trataran. Los tres terminaron de ver las fotografías mientras que Renko miraba al doctor, la preocupación se hacía notar en su rostro.

"Doc, me temo que ya tengo una idea de cual es la fase final de la Plaga"

Una intensa agonía era lo que estaba sintiendo en se mismo momento, tratando de contenerlo,se retorció pero no pudo evitar que la arcada brotara de su boca dejándole un agrio sabor en ella, miro hacia el espejo frente al lavabo y pudo admirar la fisonomía de su rostro ahora afectada por su enfermiza condición.

Los ojos, otrora saldables yacían hinchados de venas mientras que su cara estaba siendo surcada por amplias arrugas que delataban la ya avanzada edad que tenía, un intenso dolor era lo que lo sacudía en el interior, como si algo de grueso calibre estuviera reptando dentro de él, hiriéndole por dentro.

La tos que siguió a eso no fue para nada agradable, con cada resoplido sentía como su interior se desmoronaba mientras que sentía en su boca algo metálico y espeso, que salía de ella derramándose sobre la alfombra, con cada ataque que le daba, más intensas eran las convulsiones al grado de que ya no podía ni controlar su cuerpo.

Continuo mientras los encarnizados azotes seguían corroyendo su cuerpo y el trataba de frenéticamente controlarse, no, ya no solamente era ese ardor, era algo más profundo que venía desde el interior, sentía como eso… Estaba moviéndose, como se retorcía en su interior mientras reptaba por su vientre entrelazándose con su tráquea.

Se llevó ambas manos al cuello mientras que una sonrisa torcida se asomaba por la comisura de sus labios y algo rojizo comenzaba a manar de la cuenca de sus ojos. Fue la visión de aquel liquido lo que derramo el vaso, las convulsiones volvieron a azotarlo mientras que el mismo a riesgos de recibir severas heridas se golpeaba con todo lo que estaba a su alcance dejando rojizas marcas a su alrededor.

Ya en pleno éxtasis, no tardo en acre al suelo, no sin antes tratar de arrastrase hacia la puerta con desesperación, de su boca ya no solo brotaba un torrente de sangre, también lo hacia una larga lengua carnosa, con un crujido estremecedor, el cuerpo colapso.

Tuvo aun tiempo para gemir de dolor mientras sentía como algo perforaba su abdomen justo por dentro, en la pared más cercana, antes de un tono ocre quedo salpicada por la sangre que broto de la herida recién formada y ahí mismo, en esa superficie ahora machada, se perfilaba la grotesca sombra de algo brotando el cuerpo del hombre.

La incubación había terminado, era tiempo de la eclosión.

Fue el graznido de los cuervos lo que la alerto, ahí mismo, sentada en una silla, se la había pasado toda la tarde mirando el reloj que continuaba con su marcha en dirección a las nueve en punto. Cerro los ojos mientras que un intenso pesar se apoderaba de ella, lo presentía, ya había ocurrido.

Dirigió la vista hacia el cuadro que reposaba en una pequeña mesa del corredor, en él estaba retratado un joven que sostenía una escopeta, la mirada que tenía irradiaba serenidad como si desconociera el horrible destino que tendría años después, ella recordó amargamente como el Vorapies que mandaron ellos termino por arrastrarlo a la tumba.

Tampoco la mujer se había salvado, jamás encontraron su cuerpo pero a juzgar por los restos carcomidos que había en Bricksville, su destino era más que obvio, apretó los puños con rabia al recordar la promesa fallida que les habían hecho. Era difícil de creer que después de dieciséis años hubieran estado tan obsesionados con conseguir lo faltante, la última muestra del rio negro, pero ahora a juzgar por la misteriosa desaparición de Anton, era más que claro que ya la tenían en su poder, de ahí la sensación que tenía.

En su interior, sentía como se agitaban sus entrañas, a pesar de que ella carecía de aquella secuencia, había sido inoculada con algo más rudimentario, que el permitía el poder detectar las muestras que “ellos” cultivaban, eso no quería decir que fuera inmune a sus efectos como su marido, de hecho le otorgaba una ligera ventaja.

Por eso se había mantenido sana hasta el último momento, cuando salía a comprar víveres lo percibía, en los puestos del mercado, en el césped de los parques, incluso apegada a las casas. Aquella maldita sensación estaba en todas partes evidenciando la extensión de aquella cosa.

Las veía en sus pesadillas, como aquellas cosas crecían cada día dentro de varias personas y animales, como las plantas se marchitaban al perder los nutrientes necesarios para su subsistencia.

Lo estaba consumiendo todo, nada se escapaba del apetito voraz de aquella abominación que ella había contribuido a crear, como si no fuera peor, ahora la última pieza de redención que había tratado de proteger todos estos años junto con su esposo, se había ido.

La sensación le oprimió el pecho al revelar lo que en realidad temía tanto, podía percibir como se estaban acercando también, pero lo peor era lo que habitaba debajo, justo debajo de la “casa”, no se había atrevido a bajar en mucho tiempo por miedo a los fantasmas del pasado, no había tenido el valor suficiente para terminar con aquello, de igual manera ahora era inútil, ya había comenzado. Y encima, era necesario el rio negro para detener el pérfido corazón de la atrocidad que los doctores habían creado, por supuesto que lo primero era tan solo una pequeña fase y sin mencionar la horda que presentía su avance, meros entretenimientos para satisfacer el insano placer de “ellos”

Lo que en verdad iba a ser un problema era la creación definitiva de la “Plaga”, ya lo estaba sintiendo, como los cúmulos y protuberancias hechas a base trataban de acudir a su llamada como hijos alimentando a la madre, como las vainas empezaban a segregar fluidos que luego se solidificarían para dar luz a los grotescos seres que se arrastrarían como pudieran o se entrelazarían entre sí para llegar al núcleo, consumiéndolo todo haciendo honor a su especie.

Y lo peor de todo, es que iban a venir justo en ese mismo lugar, donde lo habían guardado, no, mucho más bajo, ella no tenía la llave pero no la iba a necesitar, al menos se podría asegurar de que los Rekovo no llegaran has allá. Si, que ardiera, todo tenía que arder en el infierno que “ellos” habían creado, era la única manera de erradicar a la bestia que estaba por despertar en su forma máxima antes de que iniciara su grotesca propagación por el globo, ella lo podía ver, a través de las pesadillas veía como las raíces descomunales, producto de los que habían perecido siendo consumidos se agitaban sobre los hombres inermes que trataban de huir a costa de sus vidas mientras que una horda de Yekov se alzaba de la tierra y se dirigía en su lenta persecución obedeciendo los ciegos deseos de su amo.

También caminaban tambaleantes los grotescos Rekovo quienes caían a su tiempo pasando a formar parte de las masas bultosas que ya comenzaba a expandirse mientras que unos grandes apéndices se azotaban contra lo que encontraran en su camino mientras que un intenso grito alcanzaba las mentes de tanto vivos como muertos por igual.

“Consumir”

Vio el pueblo ardiendo al igual que su pesadilla, como la gran devoradora chirriaba y se retorcía mientras que era consumida por las lenguas ígneas, si, era preferible un holocausto a una infección mundial.

Durante mucho tiempo se había cuestionado la existencia de un dios, pero en esos momentos no necesitaba a una divinidad que con rayos y truenos borrara al mal de la faz de la tierra, lo que necesitaba era al Diablo, que con su fuego del averno lo consumiera todo, antes de que fuera demasiado tarde.

Miro por última vez el retrato que permanecía en la misma posición donde lo había dejado y una lágrima se asomó por su mejilla.

“Lo lamento mucho Gregor”-, dijo antes de dirigirse hacia el sitio que había jurado, no volver a colocar un solo pie dentro. La fotografía se quedó en ese mismo lugar, solo permitiendo que un rayo de luz iluminara un poco el costado.

Y ahí, se podía apreciar, que el tono de pelo del hombre era un azul demasiado oscuro, exactamente igual que cierto joven quien había reclamado la sangre de un Volk, quien extrañadamente había estado en acorde de la misma idea que la mujer con la que había pasado toda su vida, aun sin haber sido su verdadera madre.

“Correr” Eso era todo en lo que Conrad pensaba, pues el rio negro en su interior burbujeaba alertándole de la no tan lejana presencia de la horda que llevaba tras su pista desde hace tiempo. Con una mano sostuvo su pistola y descargo un disparo entre la arboleda, a juzgar por los gemidos incrementándose, intuyo que le había atinado a uno. Se detuvo para remplazar el cartucho con rapidez sin importarle que el anterior se perdiera entre la hierba del suelo. Solamente quedaban dos.

Siguió corriendo mientras escuchaba como las ramas crujían a sus espaldas dándole nuevos incentivos para aumentar la velocidad, hasta que se topó con una pared vegetal, demasiado larga para poder rodearla y además, los ruidos que escucho del otro lado no le agradaron en lo absoluto, pasos de algo mucho más grande y pesado que esos Yekov aproximándose y su propio sistema percibía que no era para nada natural.

Sin pensárselo dos veces, se encaramo en las ramas más cercanas y comenzó a trepar poniendo toda su agilidad algo desgastada con los años a prueba, entonces coloco una pie en lo que parecía ser una orilla floja que termino cediendo, pero logro mantenerse colgado mientras que su pie derecho permanecía suspendido a cinco metros en el vacío.

Para su mala suerte, vio como tres de ellos emergían de los arbustos profiriendo gemidos de hambre mientras que apuntaban sus brazos rematados en filosas zarpas cubiertas con deformaciones lo que en ocasiones varios de ellos compartían con su cuerpo.

Algunos parecían haber ganado un nuevo impulso porque se desplazaban a una considerable velocidad hacia él, forzando su cuerpo en busca de un nuevo impulso, logro levantar el pie suspendido a tiempo antes de que este terminara siendo mordido por la dentellada de algunos que ya se estaban a pegando a la muralla de arbustos clamando por carne.

El coro de gemidos putrefactos le taladraba el cráneo, pero pensó que esta podía ser una oportunidad para deshacerse de algunos de sus perseguidores, idea que desecho al recordar que necesitaba ahorrar munición, pensó en tomar provecho de aquel obstáculo y dar un rodeo por el otro lado, si tenía suerte podía conseguir atravesar el tramo que le faltaba de la arboleda y alcanzar la pequeña pradera a las afueras del pueblo donde el mar de hierba se encontraba, podía ser un excelente refugio para atender sus heridas y quedaba casi frente al pueblo, separado por casi un kilómetro de la misma padrea en una zona solamente habitada por una familia en su cabaña.

También, en caso de que ocurriera lo peor y su esposa se viera obligada a tomar el último recurso, no solo estaba a salvo en esa zona, también podía recorrer todo el “mar” y llegar hasta la carretera más cercana donde se encontraría lejos del foco de infección. Una parte de su ser se sintió de lo más apenado al tener que hacer aquella baja acción pero ya no veía otra salida, el dirigirse hacia la aldea para alertarles era patético, no había nada que hacer, ¿Es que acaso los pocos aldeanos que estuvieran sanos se enfrentarían a toda la horda hambrienta que estaba a punto de venírseles encima cuando la mayor parte de los hombres que sabían siquiera sostener un arma ya eran pasto de esos monstruos?¿Acaso iban a tener la sangre fría de asesinar a sus propios familiares o amigos que se hallaban presos de la infección muy bien disimulada como enfermedad antes de que esta llegase a su punto álgido? Y sin mencionar que varios iban a sentirse bastante escépticos en cuanto a eso.

Tampoco tenía el valor para confesarlo todo, no solo de lo que se hallaba oculto bajo su casa, también quien era realmente y a quien había servido, mucho menos podía afrontar los pecados del pasado frente a esa gente, gente que había confiado en el por su buen juicio y experiencia.

Por eso, iba a sobrevivir, salir de aquel indómito lugar y tratar de llegar a la ciudad más cercana, donde no había hombres con la cara cubierta con máscaras extravagantes observando sus movimientos e impidiéndole dormir. Pero no planeaba quedar como solo un sobreviviente más, tenía pensado a afrontar su castigo de una mejor manera, una en la que pudiera darles un golpe a ellos.

Había oído hablar de la Fundación, los árbitros del caos quienes trabajaban en la sombras para mantener al mundo en un balance, para proteger con la ignorancia a la humanidad quien se veía vulnerable con los fenómenos que la azotaban a diario.

Fenómenos como los monstruos que emergían de los océanos y vivían entre los hombres con aparente calma, horrores que se ocultaban bajo tierra a la espera de instaurar su régimen, abominaciones monstruosas a la espera detrás de los velos interdimensionales esperando el momento oportuno para adentrarse a este mundo.

Todos esos y muchos más, la Fundación se encargaba de moderarlos, combatirlos, no, más bien de asegurarlos, contenerlos y protegerlos. Gente que trabajaba en el anonimato para defender a la raza humana de lo que ellos no debían conocer jamás y que estarían muy interesados en obtener información de “el árbol negro”.

Él sabía que ellos debían conocer la existencia de la organización, pues la conocida cinta de “Morbus.AVI” casi hablaba por los trabajos de los doctores. También estaba enterado de las investigaciones que habían hecho en el denominado sitio-“M-610” que él conocía bastante bien. Después de todo, ¿Quién podría olvidar el lugar donde nació?

Con esos pensamientos aun en su cabeza decidió bajarse de la pared y aterrizar de cuatro patas, su espala se quejó por eso y el adolorido, prosiguió con su camino entre la foresta, sin reparar en la larga figura que reptaba a metros de distancia suyo, el centenar de pies, cada uno tan filosos como cuchilla de afeitar, se movió de una manera inquieta entre la maleza mientas que de la “boca” de la criatura brotaba un líquido verdusco, que cuando cayó al suelo, comenzó a corroer la vegetación cercana.

El miriápodo fabricado con los cadáveres de las víctimas de su creador chasqueo sus fauces mientras comenzaba a retorcerse, comenzó a separarse en medio de chasquidos aterradores y de algo quemado y compacto hasta que se revelo el nuevo propósito de la criatura.

El monstruo necrótico de más de seis metros de largo se había dividido en tres bestias con exacta apariencia salvo que poseían tan solo dos metros de longitud. Profiriendo sonoros chasquidos, los tres miriápodos artificiales reptaron por distintas direcciones mientras que sus patas segaban la maleza a su paso como la hoz de un sembrador. Cientos de metros detrás de ellos, encaramado a la rama de un árbol marchito, escrutando la escena con la ayuda del sello que había ganado tras el sacrificio se hallaba el nigromante amateur. Sus ojos, esferas que contrastaban en lo absoluto debido a la extravagante forma que tenía grabada la derecha se hallaban satisfechos con los resultados del pequeño experimento. Entonces sintió por un momento como una onda de energía lo atravesaba, sonrió nuevamente, estaba comenzando tomar consciencia, podía presentirlo en su interior. Como cada pequeña célula suya; en especial las alteradas.

Aquella característica sonrisa siniestra apareció nuevamente en su rostro. Aquello significaba que los Rekovo (Crisálidas) se estaban abriendo, revelando su verdadera naturaleza. Pero como aun eran solo “crías” necesitaban protección. ¿Y quién mejor para dárselas que su propia “Madre”?

Y ahora que pensaba en madres, fijo su horrida mirada en cierta construcción algo apartada de la propia arboleda. Del otro lado del pueblo para ser más específico, una casa algo grande de dos pisos rodeada por una verja que fungía como barrera entre el minúsculo jardín. Pero no le interesaba en lo más mínimo el interior de aquella casa, más bien lo que le llamaba la atención era el pulso que provenía debajo de ella. Trato de entornar los ojos mientras veía como una débil señal, inequívocamente con la sangre marcada.

Se relamió los labios al reconocer aquella señal y su siniestra sonrisa volvió a aparecer en su rostro al notar otras señales reptando bajo tierra, justo en dirección a lo que parecía ser una cámara subterránea en donde yacía algo en el centro de ella.

“De modo que es ahí donde ocultaron a la “Madre”-, pensó mientras concentraba su energía en aquel punto en específico. Sabía muy bien que utilizar aquel poder más de tres veces podía concluir en una muerte inevitable para el portador, los contratos ancestrales eran un arma de dos filos; uno para herir a los enemigos y otro para proteger al usuario pero a riesgo que este se corte.

Su ojo que mostraba el sello del contrato con los cuatro Cardinales comenzó brillar mientras que el patrón geométrico adornado con signos arcanos comenzaba su rotamiento mientras despedía un halo de energía demoniaca. Entonces aquel punto en el que se había fijado comenzó a extenderse, el tiempo a su alrededor se congelo mientras que una oleada de energía atravesaba su cuerpo como si un ejecito de diminutos espolones se clavara en todo su torso.

Hasta que se vio repentinamente transportado a aquel lugar. Justo lo que se esperaba de sus superiores, un sitio subterráneo conectado directamente con la red de pasadizos, se pregunto cuantos Rekovo debían de dirigirse hacia a que el lugar siendo atraídos por la cosa que reposaba pacíficamente ahí.

Sonrió nuevamente al escuchar los pasos de su anfitriona quien se acercaba incautamente a su fin, creyendo ilusamente poder detener momentáneamente el nacimiento de la Gran Devoradora. Sus colmillos emergieron de sus vainas listos para perforar la suave piel del cuello de la mujer de mediana edad y poder cebarse con su sangre. No aun mejor, el desprecio que les tenia a los familiares del artifice de la "cosa" era tan grande que una simple muerte a uno de ellos le parecía poca cosa.

Ejerciendo un poco de presión consiguió hacer emerger su propio rio negro que ahora se manifestaba por detrás de su espalda como largos apéndices crestados con aquella materia sulfurante que se compactaba así misma formando espolones de respetable agudeza.

“Esto es asqueroso”-, pensó Sasha mientras sostenía la bandeja en la cual reposaba el fragmento de lo que el doctor y Renko a manera de asistente estaban extirpando del vientre abierto del cuerpo de aquella mujer que ya no volvería a respirar.

“Entonces, esto confirma nuestra teoría sobre lo que estaban creando, ¿no?”-, pregunto Renko mientras veía fijamente el orbe carnoso que estaban tratando de cortar, aquel fruto causante de la muerte de aquella joven estaba fuertemente asido a su estómago mediante lo que parecía ser una larga ventosa que cuando la retiraron, tuvieran la repugnante visión de contemplar la hilera de dientes que poseía.

“El núcleo de la infección”-, señalo el doctor mientras inspeccionaba las largas hebras que se desprendían de el bulto, docenas de esas ramificaciones que le recordaba a las raíces de una planta. No cavia la menor duda que a través de esas extremidades el “orbe” había estado alimentándose de la mujer, Renko hizo un ademan de repugnancia al ver que una parte de aquellas ramificaciones estaba infiltrada justo en el corazón.

Es que el alcance de aquel organismo era tanto como para poder llegar a manipular el musculo más importante del ser humano, se retorció de asco nuevamente antes de inspeccionar más de cerca, todavía quedaban varias ramificaciones por retirar, fue entonces que vio algo que no le gusto.

Ahí, entre la comisura del brazo, entrelazado por las venas y arterias, se estaba formando otro de “esos” bultos, lo peor, es que permanecía con vida, lo cual le sorprendía bastante pues se supone que una vez muerto el huésped, el parásito, incapaz de desplazarse solo le queda afrontar su inminente muerte.

“Doctor, creo que debería de ver esto de aquí”-, dijo algo nervioso, si el hombre había estado en “aquel lugar” debía de tener alguna experiencia lidiando con estas cosas. El medico simplemente apuñalo el brazo brutalmente, cortando al “bulto” en su interior en dos partes.

“Me recordó demasiado a un Fouruta”-, comento mientras seguía observando el cuerpo,-“Esas cosas de verdad producen escalofríos”.

“¿Fouruta?”-, pregunto Sasha algo confundido, no sabía porque, pero le sonaba conocido. “Era, no es la segunda fase de infección de la Plaga de la Carne, los infectados caían al perder su energía y su cuerpo se convertía en tan solo un comedero viviente para “La Plaga” quien tomaba toda la carne posible y la asimilaba para formar estructuras hechas con ello, la mayoría eran inmóviles y solo se extendían si obtenían una fuente de alimento, pero hubo casos en los que los infectados permanecían con “vida” mientras que la “Plaga” se manifestaba en sus cuerpos convirtiéndolos en “Fouruta”-, contesto el médico,-“Ya vieron algunas imágenes de hecho y cuando abrimos a uno de los fase uno, nos encontramos con síntomas exactos al de la desgraciada aquí presente”

“Lo cual nos lleva a pensar que el efecto final de la Plaga está lejos de ser consumir a todo ser orgánico que encuentre a su paso,¿ no es así?-,pregunto Renko imperturbable, Sasha trago saliva mientras veía a aparecer en su mente las imágenes de aquellos horrores gástricos manifestándose fuera de los cuerpos que utilizaban como cubil mientras que se extendían al son de una melodía inexistente ansiando por devorar.

“Renko, ¿Me estás diciendo que lo que nos va a tocar lidiar va a ser con masas amorfas cuyo solo contacto te convierte lentamente en uno de ellos?”-, pregunto rezando e su interior porque estuviera equivocado, sin embargo, la mirada inmutable que le dirigía el pelinegro confirmo sus temores.

“¿Qué podemos hacer?”-, pregunto Tania mientras se cruzaba de brazos y evitaba mirar al cuerpo aun abierto por la autopsia, aunque no lo aparentaba, el solo pensar que dentro de muy poco, realmente muy poco, se tendrían que vérselas con aquellas “cosas” le ponía los pelos de punta.

Renko se quedó pensando unos minutos, sus dos amigos ahora entendían que tal vez ya era el momento de confrontarlos directamente, después de todo, ahora tenían un lugar en donde buscar, pero no, no tenían planeado regresar a las catacumbas, conociendo a los Rekovo, estos ya se habían deslizado acompañados por los Yekov, quienes sin duda alguna ya habían empezado a alzarse.

“Doctor, ¿cuánto tiempo calcula para poder ir desde el este del pueblo a aqui de ida y vuelta?”-, pregunto, el medico arrugo la frente y contesto extrañado. “Una hora al menos, pero creo que considerando la situación, sería más prudente el encontrar un refugio”.

“¿Refugio?”, pregunto Sasha extrañado, lo que en verdad necesitaban era una jodida camioneta donde escapar con algunas personas. Tania pareció leer sus pensamientos, porque lo contradijo casi instantáneamente.

“No funcionara, créeme, para cuando tratemos de salir, de seguro nos toparemos con las bonitas sorpresas que “ellos” nos dejaron en el bosque".Sentencio mientras acentuaba la parte de “bonitas sorpresas”, no tenía por qué explicar a qué se refería la rubia. Renko y el medico observaban la escena con una expresión estoica. No fue hasta que el hombre se atrevió a comentar algo que no se les había ocurrido.

“Mencionaron que el “árbol” tenía el nombre de la familia de Anton grabado, ¿no?”-, pregunto dejando algo confundidos a los tres jóvenes. “¿Qué con eso?”-, pregunto el peli plateado con indiferencia, en el fondo le dolía el recordarle que a su amigo quien probablemente ya había encontrado su fin el la hórrida foresta.

“Su familia está conectada con los doctores de alguna manera, si bien ya investigaron uno de sus cubiles en busca de información, aun necesitamos un poco más de eso”-, continuo el medico mientras comenzaba a dar una pequeña vuelta sobre la sala, sus ojos estaban fijos en el bulto carnoso que yacía en la mesa a escasos metros del cuerpo abierto de donde lo habían extraído. Aquel organismo artificial le recordaba a una especie de medusa repulsiva en especial con las largas ramificaciones carnosas que se extendían de su cuerpo como tentáculos.

“Tiene que ir a la “casa” de ellos”-, sentencio,-“A juzgar por las reacciones de los padres estos últimos días, no creo que les sea un problema el entrar y mucho menos el salir”-, declaro el hombre estoicamente, los otros tres no parecían dar crédito a lo que estaban escuchando. Básicamente, el hombre les estaba pidiendo entrar en la casa de la familia de su antiguo amigo para poder tener algunos datos más, mientras que Sasha y Tania parecían estar un tanto exceptivos, Renko perdió su actitud calmada y profirió una injuria.

“¿Acaso espera que traicione la confianza de gente que siempre se preocupó por mí por una simple sospecha?”-, pregunto mientras que el enojo se notaba en su voz y sus ojos lo escrutaban en una manera irritada detrás de los gruesos cristales de sus gafas.

El hombre simplemente se cruzó de brazos y señalo hacia la puerta, ninguno de los tres tuvo que ir hacia allá para entender a que se refería el hombre. Todos esos hombres y mujeres que se agitaban en sus camas sin poder conciliar el sueño por los intensos dolores que azotaban sus frágiles cuerpos, debilitados por el atroz hambre de aquellos demonios que tenían dentro de ellos.

“¿Acaso crees que yo me siento muy alegre diciéndoles que pronto se recuperaran cuando ambos sabemos bastante bien que eso no es posible?, ¿Crees que no me duele el saber que lo único que puedo hacer es liberarlos de aquella carga y purgar sus cuerpos para impedir que sean profanados?,¿De verdad lo crees así? , ¿Acaso estabas enterado de que fue esa familia junto con otras noventa y nueve quienes grabaron sus nombres en el roble más viejo del bosque y lo quemaron con la esperanza de la redención tras huir de el mismo sitio donde aquella repulsiva familia extranjera soltó su juguete?”-, grito mientras que sus ojos se abrieron al darse cuenta de que prácticamente había revelado algo que prefería haberse guardado para sí mismo.

“Así que era cierto”-, sentencio Tania,-“ No hay duda alguna de que el “árbol negro” son los sobrevivientes de la Purga de “ese lugar” , ¿no?”. Mientras encaraba al doctor, quien viéndose acorralado no tuvo más remedio que afrontar la verdad.

“Así es”-, dijo con un tono de derrota,-“Hace bastante tiempo, mi padre me conto una historia, sé que sonara tonto pero en esos días cualquier niño se asustaba con las palabras de sus padres, incluso si eran mentira e irónicamente, justo la que él había asegurado que lo era termino siendo real, morbosamente real”.

“Primero que nada, no tenemos mucho tiempo por lo que lo resumiré todo de una manera simple: Vayan a la casa y traten de buscar algo bastante simple, se trata de un libro, preferiblemente encuadernado con piel. Tráiganmelo y les contare todo el resto.”-, dijo decidido.

“¿Cómo se supone que sabremos que es el libro que buscas?”-, pregunto Renko algo más calmado pero con un dejo de desconfianza en su voz.

“Oh, es bastante simple, lo sabrás en cuanto lo veas pero te daré un consejo: Pase lo que pase, no trates de abrirlo”

El estruendo provenía de arriba, eso según lo que había escuchado ella. Se levantó del sofá donde había pasado casi toda la tarde tras regresar de la tienda en busca de provisiones. Jamás se había esperado el escuchar un fuerte ruido como si uno de los muebles se hubiera estrellado contra el piso. Más preocupada por los daños que podría haber causado ese accidente a la casa que por la salud de su esposo, subió las escaleras a una moderada velocidad apagando el cigarrillo que llevaba disfrutando un largo rato.

“Más le vale a ese imbécil no haber dañado el tapiz”-, comento para sí entre dientes. No era ningún secreto que ultimadamente no estaba en lo que se podía considerar como los “mejores términos” con su marido.

Primero con la extraña actitud que él había tomado, casi enfermiza por los ataques que había tenido y luego indiferente hacia el estado mental que ella había padecido, pues aquellas horribles pesadillas se habían logrado desvanecer desde hace poco tiempo.

Pero cuando llego al segundo nivel, lo primero que le llego fue el olor. Una esencia nauseabunda como una tonelada de hojas de la estación apiladas frente suyo despidiendo el común olor de la putrefacción y la humedad. Aquella hedionda esencia le dio nauseas.

Guiándose por el olfato, camino intrigada hacia la habitación donde había escuchado el estrepito, como lo había intuido, el olor brotaba del interior. Camino incautamente sin saber el grotesco espectáculo que se iba a encontrar.

Rojo fue lo primero que vio. Desperdigado por toda la pieza como una horrida decoración, el gran armario de madera de roble se encontraba en el suelo con severos daños y el brillante liquido escarlata encima de él. Las paredes otrora un lienzo blanco con alguna mota amarillenta estaban cubiertas por lo mismo.

Tropezó con algo y la visión de eso le hizo derramar el contenido de su estómago. Pues el objeto que había pisado era una masa bultosa que ella podría reconocer fácilmente.

Un órgano estaba depositado ene l piso de su propia alcoba, en medio de un charco de fluidos gástricos y la misma sangre que ahora reinaba en el lugar. Sus pensamientos se aceleraban mientras que la hemofobia, aterro antiguamente en su juventud se apoderaba de ella como un demonio furioso inundándola de un pavor tan grande que torno su fortaleza en agua. Grito y grito. Las angostas paredes del lugar que parecían venirse encima suyo se encargaron de repetir aquel eco maldito que penetraba su mente como un aguijón enorme e intangible.

Otro terrible pensamiento invadió su mente. ¿De quién era toda esa sangre si…?.Los pasos detrás de ella cesaron mientras que un fétido ardor se posó sobre su espalda. Algo estaba estático detrás de ella. Pesar de que no quería voltear por encima de su hombre, lo hizo tentando a la surte, se arrepintió de haberlo hecho.

Ivan estaba justo ahí detrás, su ropa estaba hecha jirones y cubierta con el líquido escarlata como si se hubiese dado un baño en el, su barba lucia más sucia de lo normal y los pelos parecían brotar antinaturalmente de su piel cuya epidermis lucia totalmente enfermiza. Los ojos, se hallaban hinchados y casi completamente rojos mientras que una hilera de venas se acumulaban a su alrededor junto con los pómulos hinchados.

No reparo en su cuerpo, con un enorme boquete que era lo que derramaba el líquido y también de donde colgaba una gruesa lengua de carne. Antes de que pudiera hacer algo, “Iván” abrió la boca revelando el horror que reptaban en su interior, sus globos oculares reventaron salpicando de color carmesí el rostro de su esposa mientras que su cabeza se partía revelando “algo” que brotaba de una grieta en su cráneo y de su boca salía una larga lengua carnosa con un agudo espolón en la punta.

El Rekovo recién eclosionad se abalanzo sobre la mujer de mediana edad y la derribo en tierra mientras clavaba sus fauces infectadas con el mal de Herrbergoth y arrancaba trozos de carne de cuajo.

El mueble destruido, comenzó a salpicarse más y más mientras que le liquido viciosamente se escurria.

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