La Plaga de Octubre - Parte 2

El hombre de cabellos plateado miraba su rifle que reposaba pacíficamente sobre la pequeña mesa de la sala de estar, sus pensamientos lucían confusos, por una parte sabía que el hecho de que estaba obligado a asistir a la redada y por el otro, se temía lo peor en cuanto al destino del joven desaparecido, si bien eso aún no estaba confirmado, lo que él y muchos otros temían era como afectaría eso a Conrad, el cual siempre había sido un tanto temperamental.

Aunque eso últimamente estaba sujeto a debate, ya que se había visto bastante distante, según el propio Yakov, quien juraba haberlo escuchado hablar consigo mismo y lo había espiado a través del hoyo de la cerradura de la puerta de la habitación donde se había confinado después de que el dieran la nueva de que su hijo había desaparecido.

Ahora que lo pensaba, no entendía mucho como es que era su hijo, ya que carecían en lo absoluto de los mismos rasgos faciales, como los ojos grises y pelo indio que rozaba a lo oscuro levemente como Antón, lo cual contrastaba notablemente con la cabellera castaña de Conrad y sus ojos del mismo color, pero recordó que en actitud, se parecían demasiado. A su mente llego una memoria de él buscando recoger a su hijo del instituto y se había visto atrapado entre una muchedumbre de alumnos enviciados por tanto tiempo enclaustrados.

Y lo había visto, a él, estando completamente isolado de los demás, con la cabeza gacha y apartándose del camino transcurrido para decantarse por el césped. Un lobo solitario, justo la descripción perfecta para Conrad y su hijo.

Sonrio mientras los imaginaba a los dos caminando lado a lado, sonrisa que desapareció al recordar que era justamente a quien trataban de buscar, a pesar de que la adversidad indicaba que era una causa perdida.

Se levantó mientras tomaba su rifle y el sombrero que había al lado de este, se lo coloco ocultando gran parte de su inusual cabellera plateada y abrió la puerta, sorprendiéndose de encontrar a su propia esposa tratando de entrar.A juzgar por la ropa que llevaba, acababa de salir dela clínica, se veía algo demacrada aunque él también lo estaría si tuviera que cuidar enfermos todo el día. Se miraron los dos durante cierto tiempo hasta que él se atrevió a romper el silencio.

“Yo..yo..”-, trato de decir inútilmente, pues no encontraba las palabras adecuadas para explicar lo que tenía que hacer.

“Lo sé”-, contesto ella secadamente,-“El chico Juvlichenko y la cosa que nos estuvo aterrorizando por cierto tiempo, lo comprendo”-, dijo sonriendo mientras colocaba su mano en su mejilla.

“También voy a salir”-, dijo al cabo de unos segundos,-“El doctor me pidió que fuera a revisar a los Luka, su hijo fue el primer afectado por esta enfermedad”-, termino mientras se introducía en la casa.

El, no se inmuto ante eso y siguió su camino, una vez que hubo cruzado el extenso camino pedregoso que lo esperaba hasta la calle, se puso el arma al hombro y se acomodó el sombrero, entonces salió definitivamente de su propiedad, solo para encontrarse con una figura bastante conocida, que venía cojeando en dirección suya.

Ivan Kolyvan, al parecer se veía algo desanimado por no poder participar en la redada, pero eso no le podía importar menos a él, un herido como él y encima enfermo solo sería un estorbo, no valía la pena el tenerlo por ahí.

Este al parecer se había percatado de su presencia, porque venía justamente en su dirección, tan rápido como su pierna cojeante le permitía hacerlo, el suspiro mientras esperaba al hombre, quien a juzgar por su expresión, parecía querer decirle algo.

“Ah, señor Kolyvan”-, se adelantó el mientras hacia un ademan amistoso aunque en el interior lo que deseaba era largarse, el otro respondió con voz grave y agitada, como si estuviera aun recuperándose de una fuerte impresión.

“Señor Vinsky, sé que no solemos interactuar mucho, pero me preguntaba si tiene alguna idea de donde podría estar mi sobrina”. Aquellas palabras bastaron para confundirlo, pues no tenía ni la menor idea de porque justamente él tendría que saber el paradero de su sobrina. Al notar la confusión en su cara, Ivan trato de explicarlo rápidamente. “Su hijo, Sasha, me parece que se llama es un buen amigo suyo, o al menos siempre los he visto juntos, por lo que me preguntaba si no la había visto de pura casualidad” “Ah, ya recuerdo”-, contesto el mientras venía a su memoria el recuerdo de una joven de un pelo rubio, que había estado una vez ayudando a Sasha con su tarea.

“Pero no, lamento decirle que no la he visto”-, contesto al cabo de unos minutos mientras sonreía para darle más confianza al hombre, al hacerlo, pudo notar que algo colgaba de la pernera de uno de los pantalones del otro, una venda, que salía justamente de una serie de hoyos diminutos en la tela, las marcas reconocibles de una cortadura, ¿quizás una guadaña?

“Ya veo, bueno en ese caso, me debo retirar, no me encuentro muy bien de salud en estos momentos”-, comento Ivan mientras comenzaba a moverse, pero al hacerlo, comenzó a toser incontroladamente.

Y unas cuantas gotas de algo que definitivamente no era saliva rebotaron en la acera, como gotas carmesí que eran, quedaron grabadas en el suelo sin viento o lluvia que las borrara. Iván pareció verse alarmado, por lo que apresuro el paso, sin darse cuenta de que la pernera derecha de su pantalón estaba descosida.

Y él pudo ver la “cosa” que tenía como cicatriz. No pudo controlarse con esa grotesca visión, vomito, desparramando el interior de sus entrañas, consigo.

Y ahí, en las baldosas de la calle, las manchas secas de aquella unión de células rojas, se vieron cubiertas por el mismo liquido otra vez, solo que de diferente individuo y mucho más frescas.

Tania recordaba el haber leído hace mucho, sobre una iglesia de Praga, la cual estaba decorada con huesos humanos, en aquel entonces se había preguntado qué es lo que sentiría si se encontrara en un lugar así. Ahora tenía la respuesta. El lugar, era un osario subterráneo, donde docenos, por no decir cientos de huesos ya blanqueados con el tiempo yacían desparramados por el suelo, algunos apilados contra las paredes, pero en su mayoría, sin acomodo alguno. Camino a través de aquella cripta seguida por sus dos amigos, quienes alumbraban con sus linternas, no pudiendo aguantar el asco con lo que veian.Mientras lo hacían, se dieron cuenta de que había más cosas en la cámara que osamentas, en especial en las paredes.

Fotografías encajadas en marcos que parecían haber conocido tiempos mejores, pero que ahora estaban casi clamando que los botaran al basurero, la excepción no era otra que un gran mapa en el cual se podía apreciar a un Herrbergoth mucho más joven, tal vez durante el siglo XVIII a juzgar por el estilo de los pocos edificios que había.

Pero también había otras cosas en las demás paredes que les recordaron a los relatos que habían leído en aquel tomo negro, en el viejo ático del instituto. Un cartel, o eso parecía, en el cual estaba retratado una figura ataviada con un capote del mismo color de la brea, cuya cabeza estaba cubierta por una capucha del mismo lúgubre color y su cara, oculta tras una máscara idéntica a la que Sasha tenía apegada a su cara en ese justo momento, un ave parecida a un cuervo, pero con un grotesco cráneo de lo que parecía ser un roedor en lugar de cabeza estaba posada sobre su hombro, mirando al lado contrario, debajo de la figura, estaba una pila de cuerpos calcinados.

Cráneos, costillas, vertebras, tibias y toda clase de huesos humanos se acomodaban ahí como un grotesco montículo que servía como un memento mori para aquellos que gozaban demasiado de las escasas delicias que la vida ofrecía. Y en otra, se apilaba una hilera de máscaras similares todas con aquellos característicos lentes sobre los ojos, ese pico de ave tan largo como un antebrazo.

Habían encontrado sin proponérselo, uno de los nidos de aquel “árbol negro” que estaban persiguiendo. Avanzaron cuidándose de pisar alguno de los huesos que yacían por el suelo, a estas alturas, no les extrañaría que algo como un cadáver putrefacto se alzara de entre la podredumbre presa de un hambre incontrolable.

Pero no, nada de eso vieron que no fueran más repuestos de aquellas máscaras y también capotes y mantas ya deshilachados, algunos apilados en rincones solitarios donde la humedad y los roedores los carcomían lentamente. Hasta que se encontraron con la auténtica cámara, unos metros delante del sitio donde los huesos comenzaban a escasear, aquella recordaba al interior de algún templo arcaico, cuyos recuerdos siguen mantenidos por el tiempo. Su interior parecía algo más pulcro que todo lo que habían visto hasta ahora, gran parte de su mobiliario tenía gruesas mantas cubiertas con una capa de polvo encima, cierta parte de la habitación recordaba a una anticuada sala de cirugía, de las utilizadas cien años antes, pero no precisamente para buenos fines.

En una pequeña mesa, yacían unos cuantos instrumentos de la misma profesión, pero ya gastados por el continuo uso, junto con un líquido rojizo en el agua y alcohol que estaba derramado en cierta hondonada.

Iluminaron el suelo con la esperanza de encontrar algo bajo la gran camilla que se encontraba en el centro de la habitación justo al lado de la pequeña “mesita”, pero sol se encontraron con restos de lo que parecían ser madera quemada cenizas que les provocaron sonoros estornudos.

Aunque el hábil ojo de Sasha, amplificado por el lente de la máscara de la cual aún no se había desembarazado logro captar más detalles de lo que había bajo la camilla. Entre ellos varias manchas de un tono marrón que no asaba de lo rojizo, un líquido que tarda mucho tiempo en desaparecer por completo y el olor que captaron los tres, aunque ya mezclado con humedad y cenizas, era bastante claro.

Aquella había sido un antiguo sitio de pruebas para “ellos”, en ese mismo lugar habían llevado a cabo quien sabe cuántas y que tipo de atrocidades, en animales, tanto vivos como muertos, al igual que en seres humanos.

Tania y Renko lograron despegar con trabajos varias de las mantas que cubrían el mobiliario, llevándose consigo una nube de polvo que trajo más estornudos por parte de ellos, lo que había debajo de esta no era otra cosa que un viejo sillón destartalado.

“No parece la gran cosa, ¿verdad?”-,comento Renko mientras trataba de analizar algo que le parecía haber visto entre los cojines del sillón, solo para encontrarse con uno de los molestos roedores que habitaban en el lugar que huyó despavorido, chillando al ver que su escondite había sido profanado.Renko hizo un ademan de asco mientras que Tania rio por lo bajo, al parecer no había nada destacable en aquel sofá.

Dirigieron su atención entonces al bulto también cubierto que se encontraba a pocos metros de distancia del mueble. Parecía ser un poco más alto y definitivamente menos gruesos, aunque ya varias telarañas se habían acomodado encima de él.

Al mismo tiempo, los dos tiraron de la manta para desprenderla de lo que fuera que ocultaba debajo, ambos se sorprendieron bastante, pues se trataba de nada menos que una especie de televisión, antigua, demasiado antigua para su gusto. También había algo que parecía ser una especie de reproductor de cintas, al estilo de los aparatos cinematográficos de los Lumiere.

“Tania, ¿Qué crees que fuera esto?”-, pregunto Renko un tanto consternado, por alguna razón, el hallazgo no le inspiraba nada de confianza. Tania pareció leer sus pensamientos, por lo que contesto casi lo que e se esperaba. “Me parece que grabaron varias de sus “acciones” en las cintas que podemos ver bajo la mesa, pero al pregunta es, ¿Por qué lo hicieron?”.

Se inclinó para recoger una de las cintas, cuya superficie tenía algo parecido a una etiqueta que rezaba “Morbus.avi”, escrito al parecer con una torpe mano, porque las letras estaban un tanto torcidas. Por un momento le pareció a Renko ver un atisbo de curiosidad en la cara de Tania, pero esta se clamo, tenía razón, no era nada prudente el ver eso.

“Guárdalo, tal vez nos sirva como prueba en el futuro”-, susurro Rneko, mientras volvía a dirigir su atención hacia Sasha, quien había desaparecido. Tanto el cómo Tania se quedaron paralizados, tratando de aguzar aún más sus oídos mientras iluminaban distintos lugares.

Un ruido, como de distintas cosas siendo desparramadas se escuchó detrás de ellos, que sobresaltados, voltearon y alumbraron al mismo tiempo la máscara de doctor a la que ya estaban acostumbrados a ver, fue el pelo plateado que se asomaba por arriba lo que delato a Sasha, quien ahora tenía un grueso tabloide entre manos.

“Lamento haberlos asustado, es que encontré esto en la esquina y me pareció que era importante, pero caminando de regreso me perdí y me tropecé con ese banco que ven ahí”-, señalo el fotógrafo, quien apuntaba con su dedo índice un pequeño montículo caído a la distancia. Tanto Tania como Renko sus piraron ante la noticia y se acercaron, con la intención de ver que era lo que contenía la tabla que su amigo cargaba.

Lo que vieron dentro de este no era más que un grabado, al parecer bastante inusual por no decir grotesco, porque lo que aparecía en el no eran más cosas que no fueran terribles enfermedades azotando al hombre desde el interior, hombres cubiertos con caras y picos de ave esparciéndola y curándola, como una asociación de hipócritas a los que les daba igual si salvaban o mataban.

A Renko le pareció distinguir en esas acciones las mismas del dios de los católicos y le dio un tirón en las entrañas al pensar en eso, pero siguió mirando hasta que se cansó de no ver nada que en verdad fuera relevante para él, se levantó y comenzó a caminar mientras ordenaba sus ideas.

Lo que tenían hasta hora era bastante vago, pero estaba seguro de que podía encontrar la manera de unirlo todo, con solo su mente podía lograrlo, por lo que comenzó.

Pensó en la familia del hombre con nombre de serpiente y en su propia confesión de haber sido los causantes de una tal plaga de hace siglo y medio , pensó también en el misterioso árbol negro en el cual estaba inscrito el nombre de su amigo y también en la desaparición de este, pensó en aquellas mascaras usadas por ellos, como las usadas por los médicos de hace más de medio milenio de antigüedad, también entro en su mente la misteriosa enfermedad que azotaba a la aldea así como los ataques que habían ocurrido , también estuvo royendo su conciencia aquel grabado que había visto hasta hace unos momentos .

Los hombres, completamente a merced de la infección, suplicando ayuda a los cielos que parecían oscurecerse también, mientras los fúnebres enmascarados sembraban la muerte a su paso. Aquel grabado encajaba a la perfección con lo que habían estado soportando hasta ahora, pero necesitaba algo más para asegurarse de que…

“Renko”-, le grito Tania, cosa que lo saco de sus pensamientos y le hizo volver en si,-“¿Qué paso?2-, pregunto un tanto sobresaltado por la repentina impresión.

“¿Recuerdas el testimonio del hombre que encerraron bajo la iglesia?, parece que lo acabamos de encontrar”-, dijo algo consternada, a juzgar por su expresión, había visto algo verdaderamente grotesco. Cuando él se dirigió hacia donde ella le indicaba, supo que no se había equivocado en lo absoluto, pues lo que había ahí, en el extremo más alejado y oscuro de la habitación, preso dentro de unos barrotes, estaba tal vez lo que poseía las respuestas que buscaban.

Hizo un ademan de asco al iluminar el interior del claustro y encontrarse con un esqueleto cubierto aun con diminutos trozos de carne ya putrefacta desde bastante tiempo, los harapos que también lo cubrían parecían haber conocido tiempos mucho mejores, mientras que su cabeza, un cráneo en el cual aún permanecían misteriosamente pegados unos cuantos pelos, se mantenía gacha.

Dos cadenas fuertemente sujetas a amabas paredes estaban asidas a sus muñecas y para rematar aquella sadista posición, habían colocado un pequeño cuenco donde de seguro hubo alguna vianda, pero colocado de tal manera que le fuera imposible alcanzarlo.

Renko pudo también reconocer tanto marcas de quemadura en los harapos y en lo que quedaba de la piel, así como varias marcas que acusaban el haber acontecido una hórrida tortura sobre el sujeto, entre ellas, parecía que había sido inyectado varias veces, también podía ver un pequeño boquete en su vientre, siendo aun consumido por los gusanos.

¿Qué era lo que le habían hecho?, Se preguntó mientras trataba de ver una manera de forzar la entrada de la celda, lo cual parecía ser casi imposible, hasta que cayó en cuenta de algo.

En el suelo, justamente a poca distancia de los barrotes yacía un harapo destrozado, que al parecer había sido abandonado durante un buen tiempo, Renko se inclinó para recogerlo, pasando su mano a través del espacio entre los barrotes, sabía que era bastante imprudente el hacer eso, ya que desconocía la existencia de cualquier cosa que podía estar reptando en la penumbra de la celda.

Lo logro al cabo de unos minutos de esfuerzo, una vez con el trozo de tela envuelto en su poder, lo abrió solo para encontrarse con lo que esperaba. Un trozo de papel, ya consumido por el paso de los años y también con gran parte de su contenido en un estado ilegible.

Se acomodó las gafas y se dispuso a leer lo que contenía, afortunadamente al menos estaba en ruso, lo cual agradecía porque no veía cómo iba a poder entender los caracteres latinos en un campo tan arrugado y gastado como ese.

“Mi nombre es Fredor Omsk, natural de la ciudad homónima, en el año de 1843, se me ordeno a mí y a toda la escuadrilla de cosacos a la que pertenecíamos que fuéramos a dar un pequeño servicio a Herrbergorth, el pueblo que lucía bastante tranquilo a pesar de haber albergado a un monstruo como la familia de esas víboras de Occidente, ya había escuchado relatos de las atrocidades que habían cometido en nombre de su insana curiosidad y entretenimiento propio ¡Dios!, me arrepiento tanto de no haber escapado cuando tuve oportunidad, pues cuando llegamos, notamos una atmosfera terriblemente tranquila, como cuando tienes la sensación de que tu acompañante está ocultando algo pero desconoces que. No paso demasiado hasta que empezaron los primeros incidentes”

“Un hombre, al parecer un jinete desapareció en lo más profundo del bosque cercano, se habló del ataque de una fiera, también se decía que habían cosas que nos miraban en la penumbra de la noche, por encima de los tejados y en las copas de los arboles durante nuestras rondas nocturnas. Pero quizás lo más escalofriante era la apatía de los aldeanos, quienes permanecían encerrados en su propio mundo, ignorantes de la sombra que se cernía sobre ellos.”

“Comencé a investigar por mi cuenta, pero fue un terrible error el hacerlo solo, cuando pude haber escapado junto a los demás, trate de profundizar aún más sobre la historia del pueblo, si bien confieso que nunca fui muy letrado, con algo de trabajo conseguí descifrar varios secretos que debieron quedarse donde estaban, completamente enterrados”

“No caí en cuenta de que ellos son los lobos que todo lo ven aquí, en su maldito cubil, en esta tierra donde el demonio y los suyos caminan como si pertenecieran aquí, jamás los vi directamente, solo tuve indicios, pero se al menos que es lo que son”

“Sus rostros, consumidos por su insano vicio están cubiertos con el mismo icono que llevan en su escudo, el mismo que sirvió para anunciar la muerte misma durante la peste bubónica, sus cuerpos también lo están o al menos eso creo yo, también llevan dentro de ellos a las retorcidas criaturas con las cuales han juntado su sangre”

“Se mueven en la oscuridad como auténticas pesadillas y te observan en la misma penumbra a la que ellos llaman hogar, desprecian la situación actual del mundo y añoran la que azoto hace siglos, es su sueño más podrido y retorcido, ya trataron de llevarlo a cabo una vez pero fallaron, o eso solía creer”

“Fui tan estúpido al caer en la misma trampa que el primer compañero que desapareció, fue cuando trate de ir en busca de la clave para descifrar sus oscuros propósitos; un roble muerto y del mismo color que el que siempre llevan puesto, y en él están grabados los cien nombres malditos, uno para cada lengua bendecida, como una profanación directa digna de los inhumanos”

“No supe cómo fue que caí en sus garras, ni tampoco a donde fue que estuve durante ese tiempo, peor lo que si se es que se encargaron de que no olvidara que es lo que son y qué es lo que harán con los que se cruzan en su camino”

“Me encontré de nuevo en el pueblo y la gente me tomo por loco y terminaron por encerarme en esta celda solitaria, tachándome de enfermo, creí que los tormentos se habían acabado, pero estaba muy equivocado”

“Ellos aparecieron de nuevo para jugar conmigo, es algo que también se de ellos ahora; una vez que ponen sus garras en ti, les perteneces, aun cuando solo seas carne y huesos consumidos por la podredumbre, les perteneces”

“Probaron toda clase de juegos en mi después de marcarme, no puedo ni recordar la mitad de cosas que hicieron, pero también, seguros de su victoria, hablaban de más, como cuervos peleando por comida”

“Susurraban entre ellos, con sus voces chillones cual demonios del averno, hablaban de sus pérfidas conjeturas contra el mundo mismo, hablaban de como añoraban los tiempos en los que ellos, solían ser los indiscutibles maestros mientras contemplaban como todos a su alrededor sucumbían, presas del azote que creían en su ciega fe, enviado por los cielos para castigar a la raza de los pecadores, manipulados desde las sombras por los viciosos señores de la penumbra”

“Hablaban de cómo, habían estado preparándolo todo para un día en el que al fin tuvieran un poderosos medio por el cual trasmitir al auténtico mesías para ellos, la gran devoradora que ellos estaban cultivando en secreto, poniendo en práctica los métodos más oscuros que habían aprendido desde hace siglos de los más oscuros y remotos rincones de la tierra, donde las pérfidas entidades conocidas como los ancestrales aun eran venerados por gente en la barbarie”

“No paraban de mencionarlo, pero eran términos completamente desconocidos para mí, por ejemplo, las continuas alusiones a los horrores multiformes que habían caído y encontrado hará décadas de historia, también de conceptos aún más extravagantes, como un cultivo y sintetización de sus compuestos”

“Hablaban de extraños objetos que habían encontrado y de los cuales habían sacado varias cosas, aun desconocían exactamente sus propiedades, pero lentamente, comenzaron a experimentar aún más con ellos, hasta que lo fusionaron con la forma de vida más antigua que conocían”

“Asimilación, fusión, fisión, descomposición, infección, esas eran palabras de todos los días, hasta que…”

“Hace días me drogaron con algo mucho más fuerte que lo habitual, no sé cuánto tiempo permanecí en ese estado, pero lo que si se es que cuando desperté, me sentía con muchas náuseas y bastante sediento, también pude ver con horror como tenía una herida cosida en mi vientre, mis peores temores empezaron a aparecer en mi mente, pues la sola idea de haber sido parte de sus enfermos experimentos con las extrañas cosas de las que no paraban de hablar me puso aún más que enfermo”

“Todavía me tocó ver cómo es que ellos trasladaban algo afuera de mi celda, mencionaban continuamente que el tumulto había resultado ser semi-pasivo, lo cual me extraño demasiado, pues desconocía en lo absoluto de que era lo que hablaban, aunque por alguna razón, intuía que estaba relacionado conmigo”

“Ese baúl metálico atraía cada vez más mi curiosidad, pues todos los días veía como lo abrían para inspeccionarlo pero se retiraban como sintiéndose frustrados por sus intentos. Hasta que un tirón en las entrañas me devolvió crudamente a la realidad”

“Fuera lo que fuera, lo que estaba en mi interior me estaba matando, había ocasiones en las que no podía respirara y mucho menos ver, como si algo en mi interior comenzara a taponar mis sentidos, he vomitado tantas veces y ahora he visto cómo sale mi propia sangre acompañada de una arcada verde que no se parece a nada de lo que tenemos adentro, por muy grotesca que sea”

“Siento que de alguna manera, mi fin está cerca, pero lo acepto, prefiero morir a tener que seguir soportando estos tormentos, en este momento, aprovecho que es una de las pocas ocasiones en las que me han quitado las cadenas para escribir esto, lo dejo como un testimonio, ya que no espero que alguien pueda detenerlos realmente, pero siempre debo tener esa esperanza, de que alguien, podrá algún día, arrancar de raíz a este maldito árbol, que se alimenta de aquellos como un tirano orgánico, como una entraña devoradora”

-Fredor Omsk-

Herrbergorth, Siberia, 1843.

Renko quedo bastante conmocionado al terminar de leer ese testimonio, pero a pesar de que varias de sus dudas e intuiciones habían sido resueltas con eso, todavía quedaba una que acababa de surgir con esa lectura. ¿Qué era lo que estaba en el baúl metálico, del que tanto se habían cuidado los doctores necróticos?

Volteo solo para encontrarse con Tania y Sasha, quienes leían la carta en silencio, al parecer habían tenido la misma duda que él, pero también estaban bastante preocupados con la “Plaga” que tanto mencionaban, ya que sin saberlo, no solo habían descubierto el objetivo de “ellos”, sino que también se habían metido justo en el.

“Hay que buscar el contenido de esa caja, si los doctores la guardaban tanto debía ser por una razón en específica”-, comento Tania, a lo que Renko contesto mientras se acomodaba las gafas.

“Puede ser, pero también cabe la posibilidad de que la misteriosa plaga de la que hablaron fuera “eso” o tal vez una cepa anterior, ya que esa carta es de hace más de cien años, no sabemos que tanto pudieron haber mejorado en su tecnología los doctores”.

Y comenzaron a mirar a su alrededor, buscando el misterioso contendedor, sin reparar en lo que estaba pegado entre la unión del suelo y la pared. Si tan solo hubieran volteado un poco, se hubieran dado cuenta de que uno de los “ladrillos” estaba un tanto desprendido, lo cual no le subiera extrañado, pues de una construcción tan vieja, ¿Quién no se esperaría desperfectos?

Pero al menos hubieran caído en cuenta de que el dichoso cofre estaba ahí, clavado, al parecer la carta no había mencionado nada sobre su tamaño, pues este no era más que una caja no mayor a la de un cereal. Y naturalmente, fue Sasha quien lo encontró, se inclino para revelar aquel contenedor, en cuyo interior, estaban todas las respuestas a lo que buscaban, pero también un gran riesgo, antes de que Renko y Tania pudieran hacer algo por impedírselo, el ingenuo peli plateado levanto la tapa y echo una mirada al interior.

Fue la visión lo que lo impresiono y asqueo al mismo tiempo, a pesar de que el no prestaba mucha atención en biología, podía perfectamente saber que lo que estaba viendo, era un cultivo de células. La masa verduzca y rojiza, palpitaba como si de un enorme musculo semi-liquido se tratara, mientras que en su interior, miles, quizás millones de células se trasladaban de un lado para otro, era algo maravilloso pero raro de ver también.

“Sasha, ¿Qué es lo que ves?2-, pregunto Tania mientras se acercaba, a lo que él se dispuso a acercarle el cofre para poder darle una visión del mundo que sostenía entre sus dos manos, pero Renko lo impidió.

“No, no estamos seguros de que eso no vaya a tener alguna consecuencia”-, aclaro un tanto molesto por la imprudencia de ambos, a lo que Sasha gruño creyendo que la paranoia ya se estaba apoderando de su amigo.

“Que yo sepa, yo lo abrí y lo mire y sigo estando bien”-, traro de explicarse pero fue cortado por Renko quien le replico que estaba usando todavía la máscara médica, por lo que no estaban seguros, en ese momento, Sasha perdió la paciencia y también el control de sus manos, porque no se fijó cuando arrojo el contenedor hacia su derecha. Que voló y voló, hasta ir a parar a los barrotes de la celda que quedaron impregnados por los restos de ese cultivo centenario mientras que otros lograron llegar al cadáver del hombre sin el cual, nunca su hubieran enterado de la pérfida plaga que “ellos” estaban a punto de desatar Una desgracia que ahora, justo en ese momento, iban a ser testigos de otra de las acciones más comunes de aquella enfermedad nueva, pues jamás se les había ocurrido que era lo que el pobre hombre había tenido dentro de si durante sus últimos días de vida, corrección, seguía teniendo y que de hecho, aun esperaba mas de donde poder cumplir su propósito.

“Consumir”

Las células comenzaron a verse atraídas hacia lo que yacía en el otrora estomago del hombre, que las absorbía como podía mientras comenzaba a extenderse y a activarse, como una grotesca maquina recién aceitada y alimentada comenzó a ponerse en marcha. Sus sentidos completamente perceptivos habían percibido que comer, todas los tejidos parecieron verse impulsados por lo mismo.

“Consumir”

Y ya, ahí mismo, no la obra de un nigromante, ni siquiera de un hechicero cualquiera, el verdadero despertar de los que ya fueron consumidos, por medios naturales, aunque también un tanto artificiales y sin obra de la hechicería necrótica.

El horror gástrico, había comenzado, y aquellas cuencas vacías que se lazaron y esos dientes que rechinaban en busca de carne a la cual hincarle el diente lo sabían bien, mientras aquella sustancia verdusca, ahora con tonos escarlatas y negros comenzaba a cubrir su cuerpo como una corrupción total se apoderaba de ese cadáver antes inanimado, ahora solo era un títere más de lo que devoraba y buscaba consumir.

“Consumir”

Entonces comenzó a tirar para liberarse de las cadenas que mantenían sujeto aquel cuerpo desde hace más de cien años, lo que requirió el mostrar la prodigiosa fuerza del hambre que impulsaba esa nueva marioneta. El metal, ya consumido por la herrumbre no tardo en ceder con un poderoso chillido acompañado de una nube de polvo por cada lado fallido.

Entonces, haciendo gala de la intenso influencia que mantenía corrupto el cuerpo, corrió emitiendo sonoros quejidos hacia los barrotes, asiéndose a ellos y agitándolos con fuerza mientras abría la boca de par en par, de la cual chorreaba el mismo fluido que habían visto en aquel cultivo.

“¿Qué demonios es es..?”-, Renko no puedo terminar la frase a tiempo porque solo escucho con horror como los tubos de metal cedían ante el poderoso ímpetu del horror gástrico que tenían enfrente y también no solo fue el estruendo lo que lo paro, también fue la nube de polvo que se levantó tras eso. Pero fueron las pisadas lo que le hicieron reaccionar, pues de entre la polvareda, emergió aquella grotesca figura con los brazos extendidos emitiendo gemidos cavernosos mientras que un asqueroso fluido brotaba de su boca, cayendo al suelo como una cascada putrefacta.

Fue la mano de Sasha quien lo saco de ese trance. “Muévete idiota, ¿quieres que te coman?”-, pregunto encolerizado mientras la deba una patada a la mesa que tenían en frente, con suerte eso retrasaría el avance de la “cosa”. Este, siguió con su lento andar mientras mantenía la postura de antes, misma que les indicaba a todas luces lo que pretendía aquel cadáver reanimado, Tania retenía los impulsos de gritar, ya que en el fondo de su temple, busco algo conque enfrentar a esa cosa.

“Tú tampoco te quedes parada”-, grito Sasha mientras la tomaba del brazo al igual que a Renko y comenzaba a correr hacia la salida de la cámara, pasaron de nuevo por el amplio espacio donde habían visto ese cartel con el enmascarado de perfil y la hilera de las máscaras, también pudieron ver como las lámparas de aceite seguían encendidas, justo como las habían dejado.

Detrás de ellos, la sombra de aquel engendro comenzaba a perfilarse por la pared del pasillo, dispuesta a alcanzarlos como no se les escaparan de la vista y frente a ellos, la compuerta metálica permanecía abierta, antes de precipitarse, se quedaron mirando a la oscuridad del túnel por donde habían venido, y después al zombi que trataba de darles caza.

Justo cuando este cruzaba por la rejilla metálica del otro umbral, Renko reacciono instantáneamente tirando de una gruesa palanca que no habían notado en el suelo, con un chillido poderoso, la rejilla comenzó a cerrarse capturando el brazo del muerto, que siguió avanzando hasta quedar frenado por su miembro atorado en la reja.

“Eso lo detendrá momentáneamente”-, sentencio Renko mientras se disponía a internase en el túnel, siendo detenido en el acto por Tania. “¿Qué?”-, pregunto el algo sorprendido, hasta que miro hacia donde ella indicaba sin darle crédito a lo que sus ojos captaron.

El descarnado comenzaba moverse con algo de más fuerza, presionando a su miembro aun atrapado entre la unión de la rejilla y el umbral, este no parecía querer salirse, pero eso no le importaba a su dueño quien seguía tirando mientras la reja se agitaba, casando un estrépito de menor intensidad.

Hasta que vieron, en toda su magnitud, como los tejidos putrefactos que formaban ese miembro,, comenzaban a separarse junto con la tela de la poca ropa que le quedaba, vieron como unos cuantos hilos de carne se desenredaban hasta que.. Con un crujido asqueroso, el brazo se separó del cuerpo y quedo atrapado ahí, mientras que el ultimo prosiguió con su tambaleante marcha, con la otra mano extendida hasta donde llegaba, con los esqueléticos dedos abriéndose y cerrándose de par en par, su boca se estaba abriendo aún más mientras que docenas de larvas asquerosas comenzaban a brotar de esta y lo mismo de los ojos, seguidos de unos pequeños apéndices que parecían percibir el aire.

Tanto Tania como Sasha miraron hacia una de las lámparas de aceite que se encontraban a escasos metros de ellos, pero también de la decrepita figura que trataba de alcanzarlos, Renko asintió, ninguno de los tres quería correr en la oscuridad siendo perseguidos por un cadáver viviente de seguro antropófago, por lo que fue Sasha quien se internó en la cámara de nuevo, con el zombi a tan solo unos diez metros de distancia.

Este levanto y giro su cabeza en dirección hacia el mientras combinaba de dirección, Sasha tomo el instrumento y comenzó a desenroscarlo pero la ansiedad hacia que sus dedos resbalaran y además, la máscara dificultaba un poco su visión.

Los gemidos cavernosos, ahora detrás del solo lo hicieron voltear solo para encontrarse casi cara a cara con aquel monstruo, que ya lo había arrinconado. Hasta que un pequeño objeto voló hasta golpear el cráneo del descarnado, quien se volteo instintivamente, la linterna cayó al suelo mientras se apagaba, dejando la cámara iluminada solamente con las dos lámparas de gas restantes, Renko trago saliva mientras veía como la cosa ahora se dirigía hacia él., prenso en defenderse con algo, una pértiga, la pata de una mesa o taburete incluso, pero nada, no había nada a su disposición, solo él y la muerte cubierta de podredumbre avanzando hacia el mientras abría la boca revelando nuevas hileras de dientes que le daban un aspecto de lo más demoniaco.

“Voy a morir aquí”-, pensó mientras respiraba con profundidad y varias gotas de frio sudor atravesaban su espalda,-“Lo siento Anton”

Pero para su sorpresa, solo vio como algo impactado por detrás al cadáver y este terminaba envuelto en llamas, que carcomían su cuerpo mucho más rápido que cualquier plaga que le pudieran haber inyectado, por detrás, Sasha se mantenía erguido aun con la máscara puesta, mientras contemplaba fijamente al vomitivo humanoide siendo quemado. Pero se descuidó, porque el homínido putrefacto, no ignorando sus bajos instintos primales y su influencia proto-xothotiana, voleto inmediato ahcia el y se abalanzo, derribando a Sasha en el suelo, antes de que su garra pudiera llegar a rasguñarlo, Tania clavo un objeto largo en la brazo, manteniéndolo en el suelo, presa de la estaca de madera que había encontrada tirada por ahí.

Pero no pudo impedir que la boca de este se cerrará sobre el pico de la máscara arrancándolo de cuajo mientras las llamas seguían carcomiendo su ya de por si gastado cuerpo, marcado por cicatrices supurantes de las cuales comenzaba a brotar una peste de lo más grotesca, que golpeo las narices de tanto Renko como Tania, quienes sin perder el tiempo, propinaron una patada al cuerpo, aun a riesgo de quedar atrapados por las llamas, pero lo lograron, el putrefacto rodo hasta quedar en una zona aparatado, donde siguió ardiendo mientras trataba de incorporarse desesperadamente.

De su boca salían bramidos al estilo del que habían escuchado horas antes solo que en una intensidad menor, su único brazo, se levantaba en un desesperado e inútil intento por agarrar la carne que estuvo a su alcance, mientras que un líquido negruzco comenzaba burbujear de su cuerpo acompañando de varios apéndices diminutos que se retorcían como gusanos al sentir como se quemaban.

Hasta que finalmente se detuvo, las llamas siguieron consumiendo aquel cuerpo que ya no faba señales de vida alguna, si es que a “eso” se le podía llamar vida. Ellos tres siguieron mirando el cuerpo en silencio, después de que Renko ayudara a Sasha a pararse, quien por fin había logrado desprenderse de la máscara que ya estaba arruinada y había resultado salir ileso, con algunas quemaduras leves, pero nada lo suficiente grave.

“Esto era lo que estaban creando entonces”-, dijo de repente Tania, Renko permaneció en silencio mientras contemplaba como los restos seguían incinerándose, se acomodó las gafas una vez más, solo para avanzar hacia la pila carbonizada, se detuvo y señalo, a algo que destacaba entre el montón.

“Lo que estaban creando, era esto”-, indico a un bulto de un tono que solía ser verdusco, pero ahora se hallaba invadido por la negrura del carbón, aquella cosa tenía un aspecto grotescamente parecido a un órgano, pero se veía tan..fuera de lugar.

“¿Una especie de órgano artificial?”-, pregunto Tania algo confusa,-“¿Acaso el habían operado eso al pobre hombre?”-, pensó, las alternativas no eran mucho mejores y le dieron ganas de vomitar. “Algo así”-, contesto secadíamente Renko, a lo cual Sasha intervino,-“Pero, dudo bastante de que los doctores vayan a introducir eso en los estómagos de todos en la aldea para convertirlos en..eso” Renko señalo a otros trozos, que se revelaban como grotescos apéndices sobre la piel, también había una que otra deformación, la cual no podía ser natural, en el ejército no podía haber discapacitado hace siglos.

“¿Recuerdas el testimonio de Kygio?”-, pregunto con su nuevo tono de voz, que les hacía ver a Sasha y Tania, lo serio de la situación,-“Hablaba de una especie de descomposición prematura y deformación de la piel y el cuerpo, solo mira todos esos restos, ¿de verdad crees que el hombre ya tenía esa apariencia antes de venir a parar aquí?”

“Ya entiendo”-, comento Tania,-“Dices que a nuestro carbonizado amigo aquí presente se le fue inoculado el virus que causo la “Plaga de la carne”, ¿no?”-, se vio confundida por unos minutos, hasta que volvió a hablar,-“Pero no logro entender la relación entre esto y el órgano ar…”

Palideció por unos minutos al entenderlo, por la mirada que le dedico Renko, entendió que estaba en lo correcto, ahora lo entendían, era tan claro como el cristal, ya tenían el motivo detrás del porqué de la epidemia que el pueblo había padecido..

Era tan brillante y caliente, como el mismo infierno que se iba a desatar pronto.Renko continuo con su plática, al parecer él tenía más datos que aportar.

“Cuando vi el cultivo de células, ya había pensado en la posibilidad de que se tratara de una nueva cepa de la “Plaga de la carne”, solo que inoculada de seguro con los fluidos que habían encontrado en los objetos que “cayeron del cielo”, el resultado no fue otro que una especie de sustancia, de la cual se formó eso que ven ahí”-, dijo señalando al bulto, ahora inerte.

“Es una especie de organismo parasitario, el cual necesita grandes cantidades de nutrientes para sobrevivir, indudablemente apegado a su huésped, el cual sufre grandes penurias, como podeos comprobar con nuestro “amigo carbonizado”, el cual tuvo la pésima, por no decir horrible suerte de servir como conejillo de indias de “ellos”, quienes le insertaron eso en su vientre, al parecer, se regenero de algún modo que desconozco, pues no comprendo del todo su metabolismo, pero una vez que estuvo dentro de él, el “bulto” comenzó su extensión, como podemos ver en las ramificaciones que vemos ahí, actuando como una especie de “órgano-vampiro” que comenzó a regular el flujo de nutrientes, dirigiendo la mayor parte de ellos hacia él, actuando como si el cuerpo mismo estuviese cometiendo un auto canibalismo, mientras que se daba todo un festín, los efectos secundarios comenzaron hacerse presentes, como pueden ver, esas deformaciones son producto de la herencia genética de la “Plaga de la carne”, quien traro de seguir su propia secuencia genética, entrando en conflicto con la del “bulto” , misma que termino en la muerte del huésped y por ende, la de ambos organismos”-, dijo mientras tomaba un poco de aire para seguir hablando.

“Momento, momento”-, comenzó Sasha,”Hasta donde yo sé, solo había uno de esos bultos en el cuerpo, ¿Dónde dices que esta el otro?”.

Renko simplemente camino hacia la rejilla y señalo hacia el brazo, en el interior de este, se podría apreciar como estaba cubierto con una capa purulenta que parecía llevar varios minutos de muerte. “Aquí está”-, dijo secamente,-“Al parecer, el que les arrojáramos lo que quedaba del “cultivo” reactivo de alguna manera al bulto principal, que de seguro aprovecho el momento para tomar el control del cuerpo, pero lo que vimos en la rejilla, fue un acto de rebelión, de ahí los movimientos doblemente torpes del cuerpo que les servía como medio de desplazamiento”.

“Ósea, ¿me estás diciendo que esa cosa, con solo tener un solo estimulo puede regresar a la vida?”-, Sasha no daba crédito a lo que sus oídos escuchaban, eso simplemente desafiaba cualquier novela de ciencia ficción que había laido hasta el momento y con creces.

“No logro entender cómo funciona eso, peor lo que más me preocupa es que es lo que llega a hacer con los vivos una vez que llega a su fase final”-, contesto Renko,-“Nunca se mencionó que lo qué querían era levantar a los muertos, algo me dice que buscaban algo más”-, a lo que Tnaia respondió, -“¿Y qué es lo que podría ser peor?”

“Lo que podría ser peor en estos momentos en que aquella plaga ya pudo haber sido soltada libremente no solo en las personas, dices que eso se apega a cualquier cosa viviente, succionando sus nutrientes, pues ¿cómo no sabemos que también funciona con las plantas,? ¿Qué tal si la echaron al…?”-Sasha palideció al darse cuenta de lo que diecia, si su comentario era correcto, unos cuantos cadáveres malolientes alzándose de sus tumbas no iba a ser lo peor…

“Debemos irnos de regreso y rápido”-, grito Renko mientras comenzaba a correr por la salida hasta internarse al túnel de regreso a la superficie, muy mal por ellos, que no se molestaron en verificar una de las paredes, en las cuales estaba un grabado al estilo de los que habían visto en aquel tabloide, en él estaba un bonito pueblo, con los habitantes siendo acosados por sus propias enfermedades, con lo que parecían ser raíces inmensas y apéndices monstruosos brotando de sus vientres y consumiéndolos ahora por fuera, con una neblina roja alzándose sobre ellos, mientras que en una de las esquinas, figuras descarnadas parecían emerger de la tierra y todas con los brazos extendidos.

Hacia el frente.

Sus negros ojos escrutaban la expresión de sufrimiento que había quedado plasmada en la cara de aquella mujer, entonces la alzo un poco más mientras que la sangre seguía goteando del muñón que tenía por debajo, aburrido, la arrojo contra la pared dejando una mancha rojiza, mientras permanecía sentado sobre el torso, que ya había perdido todos sus miembros. Los gemidos que podía escuchar eran como una dulce sinfonía para sus oídos, volteo mientras esa horrible sonrisa se formaba de nuevo en su rostro, con solo su único ojo normal podía distinguir en la penumbra de la cabaña a la figura que se encontraba maniatada, aun recordaba como se había desmayado de la impresión de encontrarse con el frente a frente.

Mientras que la mujer había tratado de gritar, él ya había reaccionado clavando sus colmillos en su rostro y arrancando brutalmente de cuajo gran parte de él, la esencia de la sangre solo lo había hecho entrar en un frenesí sanguinario. Cuando volvió en sí, la mujer ya estaba muerta y su cabeza era lo que se encontraba sosteniendo en las manos, había aprovechado el desmayo del otro para mantenerlo sujeto con una cuerda, de esa manera podía encargarse de la mujer, ya después jugaría con el otro.

Pero ahora justo ese momento, pensó mientras se incorporaba, hasta llegar a donde el joven se encontraba atado, se inclinó mientras tomaba con ambas manos ( o garras) la aterrorizada cara de este, contemplaba con un elevado sadismo como este se hallaba presa de un pavor indescriptible, como las lágrimas rodaban por sus mejillas mientras que entre hipos y lloriqueos trataba de pedir clemencia.

Él pensó demasiado lo que le podía hacer, pero entonces, un escozor sacudió su ojo derecho, el mismo sitio donde la marca había quedado sellada, retiro la mano derecha de la cara de su víctima y la coloco sobre el ojo del mismo lado, cuando la retiro, la negrura de la cuenca había sido sustituida por un orbe esmeralda en el que estaba grabado un patrón geométrico.

Miro hacia atrás y pudo ver, con aquella visión privilegiada, ahora amplificada con las bendiciones otorgadas por los seres de más allá del velo dimensional, lo que se movía entre los árboles, kilómetros a distancia. Eran casi treinta, armados y atentos a cada movimiento entre la vegetación, sonrió una vez más cuando su olfato detectó otra cosa, algo que su visión no alcanzaba, pues no se podía ver.

Pero si sentir y oler, podía sentir en su interior como cada célula dentro de él, siendo artificialmente inoculada se agitaba ante la sensación de detectar la mutación a la que estaban siendo sometidas a distancia, podía oler en el aire la putrefacción que emergía de la tierra y el olor a herrumbre y metal que comenzaba a cubrir una parte de la vegetación, empezando por el sitio donde había sido plantado el primer infectado. Ya podía verlo, todo su cuerpo entraba en un éxtasis cuando el poder ocular que poseía se extendió aún más revelándole el cómo había llegado dicho fenómeno, el poder ver lo que había pasado aun cuando él no había estado ahí para verlo, fue testigo de ese fúnebre momento en el que la incubación había empezado ahí mismo lo vio, a uno de “ellos”, caminando entre la penumbra, en el sitio más alejado y silencioso, donde los muertos reposaban bajo tierra encerrados en sus prisiones de madera, vio como este había sacado de la manga aquel contenedor diminuto, donde bien sabía que estaba guardado la dosis concentrada del milagro en el que habían estado trabajando por años. Vio cómo está la había derramado sobre la tierra, iniciando la incubación, vio como esta se había extendido hasta llegar a las formas de vida más cercanas, vio todo la hojarasca que solo era pasto para la voraz plaga, vio como los cultivos habían sucumbido también.

Pero eso había sido en el pasado, hace casi dos semanas para ser exacto, lo que estaba ocurriendo en este momento era mucho más importante, puedo seguir viéndolo, pero esta vez en directo.

Como los tejidos muertos acudían a la llamada de la carne, como la podredumbre comenzaba a agitarse y entrelazarse entre ella, toda esa materia desperdiciada, consumida hace años y otra más reciente que había iniciado su putrefacción, estaba volviendo a animarse.

Como los grotescos trozos comenzaban a unirse, mostrando el terrorífico potencial que aquel organismo artificial era capaz de lograr. Hasta que comenzó.

De la tierra emergió una mano huesuda, casi sin nada de carne y alrededor de esta, varios montículos se estaban formando, de los cuales ya comenzaban a emerger los muertos reanimados, ahogando gemidos cavernosos mientras que en su interior, la plaga los corrompía, manteniéndolos motrices para consumir, ya comenzaban a avanzar, con pasos tambaleantes, sus ojos ya no eran más que cuencas vacías o en casos raros con sustancias verduscas saliendo de ellos, acompañadas de los anélidos que seguían descomponiendo sus cuerpos.

Las deformidades, fruto de la plaga de la carne, gen maldito e inoculado dentro de aquella sustancia, comenzaron a aflorar entre la legión de muertos, lo mismo con aquel primal instinto gástrico que los fluidos atesorados de lo que cayó del cielo los habían invadido y poseído completamente, en sus bocas, en sus cuerpos, en sus ojos, estaba grabado su único impulso maldito que los mantenida en pie.

El hambre.

Él sonrió por última vez mientas contemplaba la dirección hacia la que marchaban, definitivamente, los que se habían parapetado en la arboleda, buscando emboscar a la fiera que los mantenía aterrorizados, se iban llevar una desagradable sorpresa, la última de ellas de hecho, luego de eso, marcharían hacia la aldea, donde la plaga también había aflorado de seguramente, no, de hecho, estaba punto de hacerlo.

“Ya es hora de soltar a los perros”

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