La Plaga de Octubre

Otoño, la estación mas tradicional del lugar y para muchos, la mas hermosa, los caminos se hallaban cubiertos de pequeñas montañas color ocre.

Hojas secas, la gran mayoría ya se encontraban en el suelo, dejando desnudas a las ramas de los arboles, el cielo adquiría un tono amarillento, indicio inequívoco, de que el ocaso había comenzado.

Pasha lo noto, justo cuando había terminado su labor, apoyándose sobre el rastrillo con el que trabajaba, se quedo mirando hacia el horizonte.

El viento, siempre impredecible, soplo sobre el, no alcanzando a derribarlo pero si a volarle su gorra.

Sonrió mientras se dirigía hacia el sitio donde había ido a parar, la recogió, se pregunto cuantas veces le había ocurrido eso.

Después de colocársela, se puso el rastrillo en el hombro y salio de el lugar.

Camino por el camino de piedra que conducía al pueblo, mientras lo hacia, se detuvo a admirar el paisaje, llevaba años haciendo la misma cosa, pero aun así, no podía evitarlo.

Herrbergorth era un lugar precioso, para estar ubicado en una región bastante isolada de Siberia, un lugar que había permanecido intacto a través de los siglos, uno que no había sufrido las correrías de los tártaros de hace 200 años, que no había asistido a las matanzas entre los ejércitos blanco y rojo y que mucho menos había tenido algo que ver con las batallas entre el ultimo ejercito y el del III Reich, cuyas correrías tiñeron la estepa de rojo, como las banderas que ambos bandos enarbolaron en aquel entonces.

Siguió caminando por la vereda hasta llegar a una construcción de madera, justo a la entrada del pueblo, un lugar bastante cercano a donde hacia sus labores.

Estaba por abrir la puerta, cuando una ráfaga de viento lo golpeo, volteo sorprendido, al oeste se levantaba una inmensa nube tras las montañas.

"Se avecina una tormenta"

Se preocupo un poco, sabia que se tendrían que recolectar muchos víveres y que probablemente quedarían aislados, pero después de unos momentos, sus dudas se disiparon: no tenia sentido preocuparse.

Suspiro y abrió la puerta, mientras se dirigía a la alcoba, pensó seriamente sobre la tormenta y recordó unas palabras de su abuelo.

"Una tormenta que se avecina, es signo, de que mas catástrofes lo harán también"

Bah, eran puras supersticiones, no había manera en que..

Cayo completamente rendido sobre su cama, no tardo mucho en poder conciliar el sueño..

No se imaginaba que la quietud y la atmósfera pacifica de Herrbergorth, les serian arrebatadas a todos esa noche y de una manera de la que nadie, se lo esperaría.

Paradojicamente comenzó en la zona mas tranquila de el lugar, un sitio que siempre permanece en silencio,para algunos, la parada a la que todos estamos destinados a ir a parar y para otros, un sitio de eterno descanso.

El cementerio lucia muy pacifico, se hallaba invadido por una densa niebla, nada fuera de lo común, un ruido, como el de una rama partiéndose evidencio la presencia de algo o alguien.

Una figura avanzo entre la niebla. Normalmente, uno no se esperaría encontrarse con algo así y mucho menos a plena luz del día, pero ahora, era de noche. el momento oportuno para poder lograr su cometido.

A través de los ojos rojos que llevaba la mascara, podía ver con extrema facilidad a través de la densa niebla que cubría el lugar, se detuvo en cierto punto, que le parecía ser el adecuado.

Sonrió, nadie, se esperaría algo así, de hecho, el tampoco se lo creía.

Años, no, décadas de investigaciones y experimentos fallidos lo secundaban, fracasos y decepciones que habían ocurrido, el mismo había estado presente en varias ocasiones, todas con resultados lamentables.

Pero ahora, esta noche, todo eso iba a cambiar, se le había otorgado el honor de ser el que jalara el gatillo.

Sonrió para sus adentros, ese lugar, siempre había sido destinado para ser usado como un campo de pruebas, por eso se había mantenido "puro", para poder estudiar los efectos que tendría la prueba, no había sido por una mera coincidencia.

"Ellos", habían mantenido ese pueblo apartado, lo habían protegido, mantenido oculto, para usarlo para un único fin y ahora, había llegado el momento.

Se inclino sobre el lugar indicado, y coloco sobre el, una semilla,literalmente, la "semilla del caos", ahora solo hacia falta regarla, con un jugo especial, preparado por "Ellos".

Saco un pequeño frasco, lleno con un liquido verdusco, volvió a sonreír, no podía dejar de pensar en los sueños de miles de personas por toda la historia, pero que ahora, se iban a cumplir, calro que no de la mejor manera.

Derramo el liquido en el luigar indicado y espero, los efectos tardarian tiempo, ¿cuanto?, unas dos semnas como maximo, pero valdria la pena, respiro con dificultad detras de su mascara.

No le quedaba mucho tiempo, el haber estado expuesto a aquellas sustancias durante su estancia en los laboratorios de los doctores era letal, tenia el tiempo en regla, esa habia sido la razon por la que el habia sido enviado.

Sonrio de nuevo mientras avanzaba en direccion al Parramo, su cuerpo no debia ser encontrado y no lo iba a ser, con esa determinacion se interno en la arboleda.

Su cuerpo le pesaba cada vez mas, sus respiracion era entrecortada , el dolor aumentaba a cada paso, volvio a sonreir cuando sus piernas fallaron.

Cayo por la pendiente y rodo, hasta quedar oculto dentro de un monticulo de hojas.

La mascara se desprenndio de su cara con el golpe, una mascara del siglo XIV, el rostro del moribundo, inesperadamente joven, ya que no podia aparentar mas de 15 años, sonrio una ultima vez.

"Que comienze la Plaga"

Sus ultimas palabras, despues de eso, todo quedo en silencio, solo interrumpido por el ulular de una lechuza a la distancia.

En el cementerio, la "semilla" ya había sido alcanzada por el brebaje y comenzaba a germinar, dando inicio al suceso que marcaria y se llevaría las vidas de varias personas.

Por no decir, un preludio a la futura Infección Mundial.

Capitulo Uno: Herrbergorth, una sombra en el horizonte.
"Oye chico, apúrate o llegaras tarde "

Anton gruño de fastidio al escuchar eso, sabia perfectamente que debía apurarse, no había necesidad de que se lo recordaran.

“Odio esta lugar”-, pensó mientras continuaba caminando por las calle a medio pavimentar en dirección hacia el colegio, cualquiera que lo hubiese visto pensaría que se trataba del típico adolescente en su etapa de rebelión y lastimosamente, no se equivocarían.

Antón farfullaba malhumorado mientras que las voces de los ancianos taladraban sus oídos, ya se imaginaba sin escuchar sus conversaciones de que tratarían, de que se había perdido una oveja, que le habían vendido cebada podrida, que lea habían injuriado a la vecina, etc.

Odiaba con toda su alma a ese tipo de gente, pero para su mala suerte, el pueblo entero estaba lleno de ella, era hasta divertido verlo maldecir su suerte mientras veía al resto de sus compañeros dirigirse animadamente hacia el edificio pintado de azul cuyo letrero rezaba: “Instituto Iosif Stalin”

“Pff, que original,”-, pensó sarcásticamente mientras pasaba al lado de una ya muy arruinada estatua de bronce del mismo personaje y le daba un muy mal disimulado puntapié con la punta de su zapato.

“Que ironía, el hombre de acero en una estatua de bronce”-, pensó mientras le daba una rápida mirada y volteaba para enfocarse en la entrada del instituto, suspiro mientras se adentraba pasando al lado de la reja de hierro.

“Este será otro largo día”

“Mi dios, que desastre”,-pensó Iván Kolyvan al ver como sus cultivos, fruto de meses de arduo trabajo, yacían secos y muertos en su pequeña parcela mientras que un intenso olor a podredumbre y humedad salía de ellos. El sabueso que se encontraba jadeando a su lado dio un gemido lastimero mientras se hacía para atrás como si algo lo hubiera lastimado.

A Iván no le podía importar menos la salud de su fiel perro en estos momentos, como si no fuera demasiado el perder el trabajo de varios meses.

“Estúpido perro”,-murmuro antes de lanzar un tremendo escupitajo que no tenía nada que envidiarle a los ejecutados por los pioneros del lejano oeste norteamericano de las películas americanas.

Dio media vuelta hacia su cabaña sin reparar en la larga herramienta que yacía entre la hierba sin cortar, con solo apoyar su pie en la saliente, esta surgió de la hierba y le propino un fuerte golpe en la pierna derecha.

“Ahg, dios, mierda”-, exclamo adolorido al sentir como el borde oxidado de la pequeña guadaña se había clavado en su muslo, se inclinó buscando el tratar de retirarla de ese lugar y al cabo de unos segundos lo logro.

“Ahg”-, volvió a quejarse y lo hizo aún más tras ver la curva herida que le había dejado su herramienta de agricultura de la que ya comenzaba a manar un pequeño torrente de sangre.

“Iván, ¿Qué pasa?”-, escucho mientras veía como la puerta de su casa se abría revelando a su esposa que lo miraba preocupada, al parecer había escuchado sus gritos. Él puso su mejor cara de estar tranquilo mientras ocultaba la herida con su pantalón.

“Nada querida, es que pise una zanja y me atore momentáneamente”,-mintió mientras que para sí mismo pensaba,-“Lo único que falta es que me eche un sermón de que debería ser más responsable con mis herramientas”

Avanzo hacia ella mientras cojeaba ligeramente, dato que no pasó desapercibido ante los ojos de su esposa que se limitó a preguntar de nuevo.

“Pero estas cojeando, ¿seguro que estas bien?”

Ivan parecía que iba a perder la paciencia en cualquier momento, pero encontró un poco de ella en su interior y exhalo. Mientras que con la mejor de sus sonrisas encaraba a su esposa.

“Dije que estoy bien mujer”-, y acto seguido cerró la puerta de la casa, ella se quedó afuera suspirando mientras sacaba un cigarro de su delantal y lo encendía.

Miro hacia el horizonte mientras daba una larga fumada y exhalaba el humo, el sentir la briza en su cara la hizo sentí algo más joven, disfruto con detenimiento ese sentimiento mientras admiraba el horizonte.

A pesar de que no sabía lo que era, lo presentía muy bien; algo andaba muy mal.

“La clase ha terminado, pueden retirarse de una buena vez”,-anuncio el profesor con su característico tono irritado, al parecer no era la única persona del salón que detestaba los lunes.

Antón por su parte no parecía verse muy atento a las palabras del profesor, porque para su mala suerte se encontró recibiendo una serie de exclamaciones por parte de este no del todo agradables, antes de que este siguiera injuriando tomo sus cosas rápidamente y se precipito por el pasillo tropezando con uno que otro transeúnte que tampoco le dedicaba palabras amables.

Una vez afuera del edificio, consiguió pasar desapercibido entre los grupos de alumnos que no hacían más que comentar los últimos sucesos ocurridos en la aldea, algo que desde luego, no tenía intenciones de conocer.

Una vez en el punto ciego de los que vigilaban la entrada del instituto, tomo un largo impulso y escalo sin esfuerzo alguno el grueso muro de cerca de tres metros que rodeaba la escuela, afortunadamente sin estar rematado por puntas metálicas.

Una vez arriba, dio un largo suspiro mientras contemplaba el otro lado, una espesa arboleda en la cual los caminos y mucho menos los transeúntes brillaban por su ausencia, en resumen, un auténtico santuario para él, libre de gente y molestias.

Se dejó caer mientras aterrizaba de cuclillas con las manos apoyadas en el suelo, recordó que alguna vez se le había identificado con cierto lobo de monte por la manera en la que solía evadir a la gente y por cómo se movía en los bosques.

Su boca formo una sonrisa amarga y reservada para sí mismo mientras se incorporaba y seguía su camino a tares de los gruesos troncos de los árboles y los arbustos que parecían aumentar cada vez mas de tamaño.

Tan inmerso estaba en sus pensamientos que no noto algo que usualmente no caracterizaba aquel sitio.

Silencio puro, como pocas veces se podía notar pero era cierto, ni siquiera el agitar de las ramas o el canto molesto de alguno que otro pájaro, no escuchaba nada que no fueran sus propios pasos.

Con el paso de las horas caminando comenzó a notarlo pero no puedo importarle más, no era como que hubiera alguna fiera de gran tamaño suelta que mantenía en una intensa quietud a los habitantes del bosque.

Ni siquiera un oso podría ser capaz de eso, si bien podría mantener callados a los pájaros o alguno que otro roedor, no podría callar el golpeo entre las hojas de los árboles, no es que supiera mucho de Biología que era la materia en la que peor le iba, recordó amargamente como estuvo a punto de llevársela y que solo la ayuda e inmensa paciencia de su amigo Renko le habían salvado.

El silencio no fue lo único que noto distinto, esto fue mucho más sutil pues se trataba estrictamente de todo aquello que lo rodeaba.

Conforme avanzaba entre la espesura del pequeño bosque, le parecía que los troncos se iban volviendo más gruesos como si fueran a formar una muralla e impedirle el paso, la vegetación se hacía más espesa de una manera asfixiante y empezaba a incitar la claustrofobia.

Anton estaba completamente consciente de esos detalles, pero por alguna razón su mente parecía nublarse y sus pies avanzaban como si su vida dependiera de ello.

Siguió caminando por el bosque que había sido su lugar favorito du5rante años pero como si estuviera poseído, sus ojos llevaban un buen rato vacíos y desprovistos de vida, hasta la usual apatía que estos mostraban era algo más humano.

Algo le taladraba el cráneo y lo instigaba a avanzar, que movía los hilos de su voluntad como si de un maestro titiritero se tratase, mientras su mente estaba en el limbo, su propio cuerpo seguía moviéndose como un simple autómata de carne y hueso.

“Craack”

Fue el crujido lo que lo devolvió en si, como si hubiera despertado de un largo sueño, miro a su alrededor confundido, llevaba largo rato caminando a tientas y de no ser por aquel crujido nunca hubiera sido capaz de regresar en sí.

Miro a través de los arbustos a su derecha, de donde la parecía que había venido aquel sonido de ramas secas siendo pisadas milagroso, pero no logro distinguir nada entre la espesura que ya comenzaba a formarse en ese lugar. Su mente lo bombardeo con un sinfín de explicaciones y argumentos lógicos como el de un posible animal silvestre posándose en un grupo de ramas secas y huyendo al instante con la esperanza de no haber llamado la atención de un depredador. ¿Pero y ese hipnótico paseo que había dado?, no le encontraba explicación lógica alguna y estuvo tentado por unos minutos a internarse en la espesura para buscar al respuesta por sí mismo. De no ser porque accidentalmente se fijó en la hora que marcaba las manecillas del reloj que tenía en su muñeca nada le hubiera impedido desistir de ese peligroso propósito. Maldiciendo, al caer en cuenta de que tan tarde estaba, comenzó a correr mientras se fijaba por medio de algunas aberturas entre las copas de los árboles que el ocaso ya había iniciado y no le parecía ninguna gracia el tener que correr en un bosque cuando las tinieblas ya habían iniciado su invasión rutinaria. Se lamentó con haber dejado plantado a Renko en la plaza central donde debía haber estado esperándolo, en su mente casi podía verlo, sentado tranquilamente en un banco mientras tenía sus ojos color miel completamente ocupados en la lectura de algún libro que seguramente había conseguido el día anterior y estaba a un paso de terminar, pero también se imaginó perfectamente la reacción de sus padres al encontrarlo completamente sudado y a una hora tan tarde frente a su puerta. Ya podía hasta escuchar los regaños que su padre le iba a lanzar mientras que los reproches de su madre inundaban el ambiente como si de una sinfonía de chantajismo parental se tratara. Recordó perfectamente la razón por la cual habían vuelto a Herrbergorth después de dos años de estancia en Irkust, todo debido a su bajo desempeño escolar y para rematar sus numerosos problemas con una que otra pandilla local, su mente evocaba aquellos recuerdos que difícilmente se iban a ir de ella. Golpes, regaños, lamentos, nada del otro mundo, pero también el pensar que solamente habían regresado para que el cambiara su actitud le dejaba un hueco enorme en su estómago. Las luces del pueblo a la distancia le dieron nuevos impulsos mientras corría por el campo cuidándose de no terminar en uno de los numerosos estanques de fango que haba por ahí, lo último que quería era terminar lavando manchas de lodo de su chaqueta mientras recibía un intenso reproche por parte de su madre. Atravesó con velocidad las cercanías del pueblo y más la plaza central que se encontraba desierta, entonces doblo la esquina y llegó al pequeño edificio de dos pisos que conocía muy bien. Salto haciendo gala de su impresionante agilidad la cerca del jardín trasero mientras que corría por el pequeño patio desierto y abría la puerta trasera, se llevó una tremenda sorpresa al ver que no había nadie allí, sonrió con sinceridad mientras subía las escaleras y se internaba en su cuarto cerrando la puerta tras de sí. "Que alivio pensó”-, mientras abría la llave del agua para darse una ducha rápida.

El sabueso levanto su cabeza en cuanto esa esencia capto su atención, al parecer fuera lo que fuera que estaba avanzando entre los arbustos, tenía un olor particular y bastante.

Levanto intranquilo mientras daba un ladrido de menor intensidad, eso debía ser suficiente para alejar al posible intruso si se trataba de algún animal.

Pero no, el olor seguía ahí, de hecho, se había detenido, el animal de guardia entorno los ojos, a pesar de que estaba muy oscuro, le parecía distinguir una figura entre la espesa vegetación, una figura muy, muy tenue. Volvió a ladrar con la esperanza de que sus amos despertaran o que al menos sirviera para ahuyentar a aquella cosa, pero no, era inútil. Ladro por tercera vez mientras que se levantaba y hacia tintinear su cadena metálica, sus furiosos ladridos comenzaron a escucharse cada vez más seguido. Hasta que una onda termino con aquel silencio, el can dio un gemido lastimero mientras agachaba su cabeza como si hubiera sido golpeado. Un ruido, como de algo áspero rasgando una pizarra comenzó a sonar por la cerca que separaba la pequeña alboreda con el patio trasero de los Kolyvan, lentamente, una mano, más cadavérica que humana comenzó a posarse sobre la cima de la cerca.

El perro dio otro gemido lastimero al ver a una sombra descendiendo rápidamente de la cerca mientras se desplazaba a una velocidad espeluznante como un lobo entre la hierba no cortada y que salía de improviso.

Entonces los chillidos volvieron a escucharse, como pequeñas dagas perforando la usual quietud de la noche que estaba lejos de ser pacifica esta vez.

Lejos de ese lugar, mejor dicho mucho más allá de las afueras del pueblo, había alguien que se revolcaba en su cama, no pudiendo conciliar el sueño, se cubría con un gran trozo de tela esperando poder espantar el frio y quedar profundamente entregado a los brazos de Morfeo.

De repente, una gran ventisca fue lo que abrió de improviso la única ventana que poseía su diminuta habitación, tiritando, se levantó para cerrarla mientras avanzaba a tientas por su aposento. Mientras que afuera de su cuarto escuchaba pasos, sin duda alguna de sus padres que habían escuchado aquel sonido o habían ido en busca de una cerveza en la nevera, preferiblemente la segunda opción.

Una vez que hubo cerrado la ventana y haberle puesto el seguro para evitar un incidente de esa misma naturaleza, se dedicó a regresar a su lecho, pensando en que excusa podría darle a su maestra cuando esta le preguntara por los deberes de hoy. Siempre podía hacerse pasar enfermo pensó mientras volvía a cubrirse con su manta y caía profundamente dormido al instante, confiando en que se trozo de tela era su fiel escudo contra la oscuridad y sus monstruos de formas extravagantes que salían a pasear en su cuarto cuando él dormía.

Como si de una burla del destino se tratara, en verdad iba a caer enfermo, pero por última vez, solo sería un pequeño rasguño, que se curaría lentamente y que los más experimentados doctores no iban a poder identificar.

Entre las sombras de su cuarto, unos colmillos brillaron mientras se acercaban sigilosamente a su cuello, clavándolos ligeramente dándole un beso que solo transmitía infección, enfermedad y muerte.

El pequeño solo se agito levemente en su sueño, tal como lo había pensado ella, no sintió absolutamente nada.

“¿A que se refieren conque hicieron caso omiso a sus ladridos?, ¿en qué cabeza cabe el hacer eso?”-, les decía irritado un viejo cazador al matrimonio Kolyvan ,que ahora se veía apenado mientras contemplaban la masa de carne roída y sangrienta a la cual estaba unida un collar sujeto con una pequeña cadena metálica.

Era algo horrible de ver, incluso los cazadores que se habían reunido junto los vecinos para contemplar la escena del atroz crimen que había acontecido la noche anterior estaban visiblemente asqueados.

El cadáver del pobre animal era ahora una masa irreconocible de carne sanguinolenta y pelos, uno que otro hueso permanecía en su lugar mientras que los órganos estaban arrancados de cuajo, no cabía duda alguno de que lo que había hecho eso no era otra cosa que una bestia dominada por un instinto primal y con una brutalidad sin precedentes.

“Conrad, tu que vivías en América, dinos qué clase de bicho fue lo que hizo esto”-, le pregunto otro viejo cazador que aún se apoyaba en su bastón a un hombre de mediana edad con unas gafas y una gorra con una coleta de castor colgándole de la cabeza.

Este se inclinó sobre los restos y los revolvió con su mano, como buscando algún indicio útil, tomo algunos de los huesos y los guardo en su morral de cuero mientras se levantaba. “Es la primera vez que veo algo tan brutal como esto-, declaro sin dejar de mirar el cuerpo,-llevare esto al veterinario” -, dijo al cabo de unos minutos refiriéndose al par de huesos que había cogido. Se dirigió al resto de los cazadores y a los vecinos que estaban ansiosos de escuchar alguna nueva, Conrad lucia intranquilo y el tono que uso no hizo más que inquietar a algunos , en especial los que nada sabían del tema.

“Escuchen, es probable que en los alrededores del pueblo y en especial de pequeño bosque que lo rodea ande algún lobo de un tamaño algo mayor y una agresividad algo peculiar, por lo que les recomiendo que insten a sus hijos a no dar paseos por las cercanías de ese lugar y que mucho menos anden solos”-, anuncio mientras se llevaba su escopeta a los hombros y se retiraba con el resto de los cazadores, que se acercaron a una señal suya, sabían que el hombre tenía algo que decirles que no valía la pena decírselo a los vecinos comunes. “Lo más probable es que no solo sea uno solo, lo más recomendable es esperar la declaración del veterinario y luego trazar una estrategia”-, les dijo a lo que la mayoría asintió.

Después se retiraron del lugar dejando a los Kolyvan solos con el despojos del cuerpo del que fue su leal perro por varios años, la señora no paraba de ahogar gruesas lágrimas mientras que el rostro de Iván se mantenía sombrío.

Lentamente se inclinó y comenzó a colocarlos en un solo lugar, ya luego los enterraría en alguna esquina del jardín o mejor aún, por sus cultivos, para que al menos el cuerpo de su leal compañero sirviera de abono para reanimar lo perdido tras varios meses.

Entra-, le ordeno a su esposa que obedeció enseguida, este se quedó mirando los restos durante un rato más, entonces tomo la pala que reposaba en la vecina pared. A pesar de que estaba aún intranquilo, la pena siguió dentro de él, haciendo que cada uno de sus movimientos fuera lento y desprovisto de entusiasmo, mientras clavaba la herramienta en la tierra y la levantaba una y otra vez no puedo evitar el recordar. La primera vez que habían ido a dar un paseo por el bosque, aquella vez en la que había detectado a un ladrón, miles y miles de recuerdos invadían su mente mientras las lágrimas empezaban a rodar por su rostro.

Estas aun cayeron sobre el despojo profanado que habían ido a parar a la pequeña fosa improvisada envueltos en un pañuelo de seda y también sobre los trozos de tierra que iba colocando poco a poco hasta rellenar el hueco.

Cansado por el esfuerzo y sumamente deprimido, se dio media vuelta dejando la pala abandonada mientras se dirigía hacia su casa, sin embargo a medio camino tropezó con una roca. “Agh” Se quejó mientras sostenía su pierna, en el acto, la pequeña venda que había colocado sobre el corte que se había hecho el día anterior se desprendió dando un ligero revoloteo antes de perderse entre la hierba cercana.

Y lo que quedo revelado fue una cicatriz purulenta que amenazaba con infectarse…

“¿Escucharon lo que le paso al perro de los Kolyvan?” Aquello fue lo que rompió el silencio una vez que el profesor se había largado del salón con intenciones de ir al sanitario, según el empirismo de los alumnos que ya llevaban tiempo con él, tardaría tal vez unos diez minutos como mínimo, lo cual les daba cierto tiempo de respiro de las tediosas materias que tenían que estudiar. Tania Pavlichenko esperaba alguna respuesta por parte de alguno de los de su clase pero nada, la mayoría se le quedaron mirando con extrañeza mientras que otros ni se molestaron en voltearla a ver.

Anton por su parte permanecía fresco mientras terminaba de hacer los ejercicios que el profesor había dejado escritos en el pizarrón, a pesar de que el tema le atraía no podía darse el lujo de distraerse en ese momento, los parciales se aproximaban y le urgía llegar con una buena nota a todos si no quería llevarse materias, otra vez.

El solo imaginarse estudiando mientras que todos estaban a fuera y divirtiéndose en la nieve durante el invierno le asqueaba, si había algo que odiara con toda su vida era el estar encerrado.

Una sombra oscureció la página de su cuaderno, Antón no tuvo ni porque levantar la cabeza para saber quién era.

“¿Enfrascado en los estudios Hesse?”-, escucho mientras reía por lo bajo, finalmente paro en lo que estaba haciendo y levanto la cara para encarar a quizá la única persona en el mundo a excepción de sus padres que tenía la paciencia para soportarlo. “Hola Renko, perdón por lo de ayer”,- respondió un tanto apenado al imaginar en la inmensa soledad que debió haber sentido su mejor amigo la tarde anterior.

El recién llegado sonrió mientras asentía con la cabeza; se trataba de un muchacho más o menos de su misma edad, cuyo pelo color azabache lucia perfectamente liso y sin ninguna punta fuera de lugar, sus dos ojos color miel miraban a tares de los gruesos cristales de aro delgado y color negro, un tanto anticuados pero efectivos.

“No hay problema, de hecho ni siquiera me encontraba en la plaza ayer”-, contesto con su particular tono de voz, que siempre era alegre, lo cual desesperaba algunas veces a Antón

“Que alivio”-, respondió este dando un suspiro,-“Juro que ya te podía imaginar en la plaza pensando cuando llegaría”-,volvió a decir evitando el contarle a su amigo el hecho de que había caminado en círculos por el bosque bajo una influencia desconocida no era tan creíble que digamos. Se produjo un silencio incomodo entre los dos, uno que Antón traro de cortar rápidamente. “Y… ¿Que estabas haciendo entonces?”-, pegunto a lo que Renko no tardó en responder dándole la espalda mientras miraba fijamente el reloj. “El párroco me necesitaba para que le ayudara a empacar algunas cosas”-, respondió,-“Al parecer va a dar un pequeño viaje por los alrededores de la estepa”

Anton reconoció instantáneamente su error y deseo no haber preguntado eso, si era algo bien sabido en el colegio que Renko no vivía con sus padres, de hecho, no conocía a sus propios padres, según lo que habían escuchado, uno de los ayudantes del párroco lo había encontrado en las cercanías del templo, justo envuelto en una tela y en la nieve.

Desde ese entonces, había crecido en el templo he ido a la escuela como el resto de los niños, pero por desgracia estos no fueron muy clementes con él lo que lo llevo a aislarse mucho tiempo. Solo hasta la aparición de Antón quien continuamente lo defendía comenzó a dejar de ser tan aislado.Renko le estaba inmensamente agradecido a Antón por eso y desde entonces habían sido amigos. “¿Y tú porque dices que tardaste tanto?”

La pregunta fue como un dardo tremendamente filoso para Anton, quien trago saliva intentando pensar en una excusa rápida, sin embargo, se podría decir que el factor más inesperado vino en su rescate.

“¡Anton!”-, escucho detrás de él y se encontró cara a cara con alguien a quien no moría por ver en ese mismo momento, pero que al menos lo iba a salvar de aquella anécdota embarazosa. El rostro completamente maquillado de Tania Pavlichenko estaba a unos metros de distancia del suyo, volvió a tragar saliva mientras contestaba. “¿Si?..” La chica que ostentaba el título de delegada de la clase fue rápida y certera con su pregunta, el resto de la clase fijo su atención en aquellos dos, daba hasta gracia ver como dos polos opuestos se encaraban mutuamente. “Estas enterado de la noticia de la mañana, ¿no?”-, pregunto con perspicacia mientras lo miraba fijamente esperando su respuesta.

Anton no se quedó atrás mientras contestaba rápidamente,-“Si, lo esto, ¿a qué viene la pregunta?”

“Naada”-, respondió al rubia mientras daba un paseo alrededor de él como un lobo rodeando una oveja,-“Solo que da la casualidad de que tu padre”-, acentuó muy bien esa última palabra con veneno puro mientras evitaba mirarlo fijamente,-“Es el que tomo uno que otro hueso del perro y dijo que se los llevaría al veterinario para saber su opinión al respecto y me preguntaba sí..¿Sabes algo..más?”

Antón torció la boca de fastidio, por supuesto que no, ¿Cómo podría saberlo si su padre con trabajos le contaba algo de su trabajo?, planeaba responder de una muy mala manera pero unos pasos provenientes del pasillo lo evitaron.

La ya conocida y molesta voz del profesor inundo nuevamente e aula haciendo que el grupo se dispersara a sus respectivos lugares rápidamente y regresara a continuar con sus actividades cotidianas con cara de fastidio, todos a excepción de Anton que en su fuero interno agradecía al cielo por primera y última vez que el profesor hubiera llegado temprano.

Las clases continuaron sin ningún otro inconveniente, Renko miraba preocupadamente a su amigo a través de sus gruesos cristales, en el fondo intuía que este sabia de algo que el desconocía.

Unos metros más atrás, Tania parecía leer los pensamientos de Renko y dirigió lentamente sus ojos color violeta a él joven peli azul que parecía estar demasiado enfrascado en los ejercicios, muy en el fondo, ella lo sabía, que el ocultaba algo y que de una u otras forma, estaba relacionado con el incidente del perro y ella planeaba averiguarlo, costara lo que costara.

"¿Cuánto tiempo dicen que lleva en este estado?”-, pregunto el doctor [ ] mientras retiraba su mano derecha de la frente del niño que respiraba con dificultad mientras permanecía bien cubierto con varias cobijas de lana.

Había dicho minutos antes en broma que lo único que faltaba era una cacerola y un huevo para tener listo su desayuno, pero la sombría expresión que tenía el padre y la angustiada que tenía la madre le disuadieron de volver a hacer un comentario como ese, en estos momentos nada se podía tomar en broma.

"Desde la mañana”-, se animó al fin a responder el hombre mientras que su esposa rompió a llorar y salía de la habitación. El Dr. [ ] no puedo juzgarla, sabía exactamente que se sentía el estar en una situación así.

Se quitó las gafas mientras checaba el pulso del infante solo para levarse una sorpresa, al parecer el pulso, al igual que la respiración, los latidos cardiacos, todo iba decreciendo a un ritmo alarmante, simplemente no tenía sentido alguno, era como si de alguna manera que desconocía, el niño iba perdiendo fuerzas poco a poco.

Doblo sus lentes cuidadosamente y los coloco en un bolsillo de su bata mientras dejaba en la mesita de noche uno que otro frasco con un ungüento y un bote con aspirinas, eso era al menos una de las pocas cosas que podía dejar.

Abandono la cabaña tras darle unas cuantas instrucciones y esperanza a los desconsolados padres quienes parecieron animarse un poco, con su maletín en ano, se dispuso a recorrer la vereda de piedra que conducida al pueblo.

Cualquiera que lo viera en ese estado concordaría con que el pobre hombre se hallaba en un estado digno de lastima.

Su solo semblante lucia demacrado mientras que unas negras ojeras adornaban sus ojos a los que las intensas dosis de cafeína eran lo único que le impendían cerrarse. Tantas cosas habían sucedido últimamente en Herrbergorth, aquellos sucesos estaban lejos de darle un merecido respiro.

Cerró los ojos un momento pero los termino abriendo enseguida al ver aparecer en su mente aquellos síntomas desconcertantes.

Esa extrema palidez, esa respiración entrecortad, esos latidos cardiacos que disminuían por pequeños intervalos, aquellos ojos tan hinchados al rasgo de parecer entumecidos, esa frialdad corporal, pero sobretodo , ese aroma tan peculiar que lo intrigaba y asqueaba al mismo tiempo.

Casi parecía como si el interior del niño se estuviera pudriendo como carne a la intemperie, el solo pensar en eso le helo la sangre, no sabía cómo, solo lo presentía en su interior, pero al parecer, esto solo era el primer caso, lo peor estaba por venir.

El normalmente odiaba equivocarse, pero esta vez, rogo que aquello fuera posible.

Capitulo Dos: Una sombra amenazadora.
“Conrad”-, la mujer se atrevió a hablarle a su marido mientras el permanecía inclinado con un largo objeto metálico en sus rodillas, con las manos comenzaba a sustituir una serie de cartuchos ya carcomidos y a remplazarlos con los nuevos y relucientes que iba sacando de un pequeño paquete color amarillo al lado de él. Sus ojos estaban completamente enfocados en el arma mientras le daba un lustroso mantenimiento que esta no había tenido en años. <p style="font-family:arial;font-size:16px;line-height:26px;">Ella, aunque temerosa, se acercó a él buscando una manera de captar su atención, aquella herramienta le traía una serie de recuerdos nada agradables y el solo pensar que esa pesadilla podía volver a ocurrir hacia que sus piernas se estremecieran.

El permaneció completamente desinteresado de ella, pues en se momento lo único que tenía su atención era el tener preparada esa arma, en su mente transcurrían esos recuerdos en los Andes, en los que habían tenido el infortunio de haberse encontrado con…

Aquella memorias teñidas de rojo y que había tratado de olvidar tras sangre y fuego estaban regresando a la vida, apretó el puño de la mano que el quedaba libre mientras que su rostro se endurecía al solo recordarlo.

Pero, esta vez no iba a suceder, el mismo se iba a encargar de que no sucediera de nuevo, nadie tendría porque sucumbir ante una bestia de nuevo. Recordó entonces que hora era y a la que se suponía que el hombre al que debía ver estaba desocupado, volteo ligeramente su cabeza en dirección al reloj de pared que se encontraba a unos metros de distancia, no se había equivocado, era casi la hora. Se levantó con el arma a medio mantener al hombro y la coloco en el baúl donde se suponían que había jurado nunca volver a usarla, cerro la tapa con calma y activo los siete cerrojos, al parecer algunos hábitos nunca morían.

Sin embargo, tomo la precaución de llevarse algo al bolsillo que saco a escondidas del baúl, mas valía prevenir que lamentar pensó mientras admiraba el cañón de la pequeña pistola de rueda que sostenían en su mano derecha.

“Voy a salir”-, le anuncio a su esposa mientras abría la puerta dispuesto a desaparecer antes de que ella lo llamara.

“Conrad”-, ella volvió a repetir,-“Te lo ruego, mantén a Antón alejado de esto” No hubo respuesta alguna por parte del hombre, quien solamente cerró la puerta tras de sí y sus pasos se perdieron a la distancia.

La mujer escucho eso ultimo consternada mientras se dirigió a su alcoba, una vez ahí se miró en el espejo, no había cambiado nada en los últimos años, a veces se preguntaba por qué no había tenido las mismas oportunidades que las otras pero luego recordó que ellos no siempre cumplían sus promesas.

De hecho lo hacían, pero solo con aquellas que los acercaban cada vez más a sus ansiados méritos, aunque en ocasiones también distorsionaban las promesas para que estas terminaran en convertirse en contratos destinados a solo beneficiar su causa.

Se fijó en aquel collar metálico que aun, a pesar de todos esos años aún se había mantenido pegada a él, lo levanto mientras lo miraba con repugnancia. Lo que sostenía esa pequeña cadenilla de plata no era otra cosa que una argolla de hierro, con un pico con dos bultos colgando de ella.

“Renko”-, Antón no se sentía muy bien por alguna razón, pero tampoco quería mentirle a su amigo,-“Creo que tengo alguna idea de lo que ha estado pasando últimamente”

Aquella última oración congelo a su amigo, quien lo miraba sorprendido aunque en su interior no lo estaba, ya lo había intuido desde que la clase había continuado. “¿Y qué es?”-, pregunto simulando ignorancia mientras que mantenía sus oídos muy abiertos, si algo quería saber en esos momentos, era eso. “Ayer, cuando regresaba del instituto, me interne en el bosque, como ya sabrás que siempre lo hago, pero por alguna razón termine caminando en círculos”

“¿Te perdiste?”-, pregunto incrédulo Renko, eso sí que no se lo esperaba, si había alguien que sabía cómo desplazarse en el bosque que no fueran los cazadores, ese era Anton, sin embargo la mirada furibunda de su amigo le hizo tragar saliva,-“Bueno, continua” “Simplemente, era como si algo me hubiera estado impulsando a actuar así”-, trato de explicar Anton mientras agitaba sus manos, era algo obvio que ni el mismo entendía muy bien que era lo que estaba explicando. “¿Y cómo fue que recobraste tus sentidos?”-, Renko sabía que no era momento para reír pero se imaginaba a Anton chocando contra el tronco de un árbol o en el suelo con la cara llena de fago a consecuencia de haber tropezado con una raíz o una piedra de tamaño mediano.

Anton, simplemente se dedicó a contarle lo que había pasado después, el sonido de ramas secas, aquella conciencia taladrándole el cráneo pero sobre todo, esa oscuridad repentina,, lo que más le llamo la atención a Renko, quien palideció al captar algo que al parecer era la lo que Anton quería llegar.

“¿Eso significa que, lo que oíste en el bosque aquella tarde o noche y lo que se coló al jardín de los Kolyvan fue. La misma cosa?”-, pregunto palideciendo repentinamente, el solo imaginar a su mejor amigo encarando indirectamente a lo que fuera que había desgarrado brutalmente a un perro de considerable tamaño en un bosque oscuro y a solas era demasiado para él.

Anton lo miro como si adivinara sus pensamientos y asintió, al parecer no estaba nada tranquilo y menos lo estuvo cuando extrajo algo de su bolsillo y se lo entrego a Renko, quien lo desenvolvió curioso, pero al ver que es lo que era el objeto que le había entregado su amigo y en especial cuando adivino de quien era sus ojos se ensancharon y termino tirando aquel hueso al suelo visiblemente asqueado.

“¿De..donde..sacaste..eso?”-, pregunto tartamudeando mientras que su mente imaginaba varias probabilidades y ninguna agradable o al menos para su criterio, Anton bajo la cabeza apenado mientras que lo recogía.

“¿A dónde crees que fui durante el receso?”-, pregunto lacónico mientras que acercaba aquella estructura de calcio. Renko sintió ganas de vomitar mientras imaginaba a Anton escarbando la tierra y hurgando entre los restos de un cadáver para extraer un solo hueso además se había molestado en limpiarlo, pero al tener eso más cerca, logro vencer momentáneamente su asco solo para terminar con una arcada.

La cara de Antón era una máscara de repulsión pero espero pacientemente a que su amigo terminara de vaciar los contenidos de su estómago cosa que se completó al cabo de unos minutos.

“¿Ya terminaste?”-, la cabeza de Renko asintiendo le indico que si mientras que este se incorporaba y miraba el objeto desde una prudente distancia. “Bien, porque necesito tu cerebro, mira, ¿acaso estas marcas que ves aquí te parecen hechas por un animal?” Renko miro al lugar en el que el dedo índice de su amigo apuntaba, al parecer una parte de la superficie del hueso lucia dañada, se acomodó los lentes para ver mejor, pero al verlo, un terror indescriptible se apodero de él. Las marcas de ocho incisivos, las de 4 caninos más profundas que el resto, las ocho premolares y las de doce molares.

Esas eran las marcas de una dentadura humana.

Conrad Juvlichenko había terminado de hablar con aquel hombre, quien le había dado la respuesta inesperada, frunció el ceño al imaginar todo lo que habían pasado esos dos para quedar transformados en lo que eran ahora.

Al parecer era tarde, lo último que podía hacer era empacar y salir lo más rápido de Herrbergorth, ellos ya no lo necesitaban, no tenía ningún propósito con seguir aquí.

O eso pensaba, porque la parecer había empezado, ¿desde cuándo?, el no tenían manera alguna de saberlo pues estaba completamente seguro de que ellos jamás le confiarían tal secreto a un mero peón como él.

Aun inquieto, se decidió a dar una vuelta por los alrededores, tal vez a practicar la puntería ya que después de todo les había prometido una cacería al resto de los hombres, una con el fin de registrar el bosque y darle caza a “la bestia”

Su semblante se ensombreció aún más, por un momento había creído que aquella atrocidad de la que había visto su despojos había sido causada por uno de aquellos repulsivos seres, pero no, no sabía si era afortunado o lo contrario cuando vio los resultados del análisis, al parecer los no tan amables doctores aun no los habían “alzado”

Con la escopeta al hombro se decidió el internarse en la foresta, de igual manera no había forma en que estuviera el en riesgo, si ellos le habían permitido seguir con vida hasta entonces… Eso es, cazar algo, derribarlo de un tiro para afinar su puntería, pero no recogerlo, tampoco detenerse a por agua, evitar ingerir cualquier cosa silvestre, si exacto.

Todo eso con tal de mantenerse seguro de ser parte de sus pruebas, era posible a aquellas alturas que ellos ya la hubieran liberado en el área.

También estaba el problema con esos dos, que podían rondar por ahí libremente como un par de niños en su patio de juegos tamaño extra grande, pero al recordar que si podían hasta soltar a sus “moderadores” favoritos no supo si estaba seguro o el doble de rodeado.

Como fuera, primero tenía que despejarse, después explicárselo todo a ella y empacar sus cosas listos para marcharse antes de que comenzara , lo había prometido hace años, que lo mantendría fuera de todo eso y el siempre cumplía sus promesas o eso quería creer.

Mientras él se perdía entre la espesa vegetación, una solitaria figura se aproximaba por la vereda de piedra, justo del otro lado de la punta del bosque , su característica sotana color café y la cruz de madera que le colgaba del escapulario que tenía en el cuello.

El párroco se aproximó a la solitaria cabaña que se encontraba a solo unos pasos de distancia, había oído un rumor en el pueblo que indicaba que el niño se encontraba en muy mal estado y que ni siquiera los esfuerzos del médico local habían hecho algún progreso.

El en su caridad, había venido a ofrecerle sus servicios a la familia. Una vez que se encontró frente a la puerta, la toco una vez.

No hubo respuesta alguna, cosa que lo extraño, por lo que toco una segunda vez y con el mismo resultado, como atentaba contra sus principios en insistir pensó que a lo mejor habían tomado sus ahorros y llevado al niño al hospital más cercano.

Convencido de lo anterior, se alejó tambaleándose mientras farfullaba algo en contra de la medicina y su “estéril función” sin reparar en lo que había tras la ventana, si tan solo hubiera dado un vistazo rápido a las ventanas sus ojos se hubieran llenado de una repulsión inacomodable, el terror hubiera paralizado su cuerpo y habría llamado la atención de lo que estaba ahí.

Pues dentro de la casa había una escena espantosa, como si las machas de sangre fresca en las paredes y en el suelo no fueran suficientes, también estaban los cuerpos de ambos padres horriblemente mutilados mientras que sus cuencas estaban desprovistas de sus globos oculares, mismo que descansaban en la pálida mano de aquella cosa que había causado esa matanza.

Este sonreía mientras se los daba de comer de una manera sami-forzada al niño el cual ya había perdido todo rastro de humanidad, pues unas purulentas costras ocupaban gran parte de su piel mientras que sus ojos amenazaban con ser consumidos por los parásitos que se daban un festín con su carne a medio podrir. Los afilados colmillos de aquel brillaban conforme el sol empezaba a esconderse en el horizonte, lentamente se movió de su lugar y comenzó a manipular los cuerpos de los progenitores de modo que quedaran convertidos en una grotesca rueda de carne.

“No tienen utilidad alguna como Necrochilopoda”

Su voz era semejante al agua que brotaba de un grifo, aquel monstruo volvió a enfocar su atención en aquella ventana, volvió a sonreír mientras mostraba sus afilados caninos aun cubiertos con aquel preciado líquido que constituía su único alimento.

Miro hacia la espesa arboleda donde su hermana había estado residiendo los últimos días y después enfoco la figura de aquel sacerdote que ya se estaba acercando al pueblo tras recorrer un largo tramo.

Lo escruto atentamente con hambre usando sus profundos ojos, que eran mucho más oscuros, que la noche y las tinieblas en sí.

“Anton”-, grito Renko mientras corría detrás de su amigo que ya llevaba un buen tramo recorrido,-“Ya es muy tarde, ¿no crees que deberíamos regresar?, siempre podemos volver mañana terminando las clases” -, dijo esperanzado en que a lo mejor su amigo recobraba la cordura y desistía en eso.

Pero el otro no mostraba signos algunos de abandonar, o al menos no en este punto, pues continuaba avanzando con la linterna en mano a través del laberinto de estanterías y papel. De vez en cuando dejaba escapar un estornudo a consecuencia del polvo pero nada más, seguía y seguía buscando desesperadamente aquel tomo.

Renko ya se había desesperado y estaba punto de decirle a su amigo que era suficiente y se estaba dejando llevar solamente por un simple presentimiento cuando un ligero grito de júbilo se escuchó de la boca de Antón, quien salía de uno de los pasillos cargan do un volumen de un tamaño regular. Lo deposito en la mesa más cercana mientras se lo señalaba a Renko.

“¿Lo ves?”-, dijo triunfante,-“Es el mismo símbolo del baúl que mi padre siempre guarda consigo”. Aquello no tuvo el menor sentido para Renko quien solamente lo miraba pensando en que era oficial, Anton había perdido la cabeza y ahora alucinaba.

“Lo lamento Anton, pero no consigo entender que tiene que ver una cosa con la otra”-, contesto ya completamente convencido de lo anterior.

Un gruñido de frustración se escapó de los labios de Renko quien lo encaro directamente y le contesto,-“Mira, esas marcas que vimos en el hueso no fueron hechas por un animal, si nosotros, unos pobres estudiantes nos dimos cuenta, ¿Cómo fue posible que un “cazador experimentado” no lo noto e incluso afirmo que iba a empezar una redada contra esa bestia?, además, piénsalo muy bien, todo lo que ha estado sucediendo recientemente; los caso de algunos enfermos, una bestia rondando por ahí y destripando a un perro, todo parece estar conectado”

Renko ya le iba a contestar que él estudia mucho e seguro era algo malo para el pero se detuvo pensar un momento en lo que su amigo le estaba diciendo.

Aunque odiaba admitirlo, eso era algo que su común escepticismo no podía hacer mella, había algo que en verdad destacaba ahí, la repentina relación entre los casos…

¡No!, no podía ser cierto, ahora Renko entendía por qué Antón había conectado a su progenitor tan rápido y precipitadamente con aquellos casos ahora solo quedaba investigar un poco más acerca de las cosas que habían ocurrido tiempo atrás y tanto Anton como el ahora estaban seguros de que aquel volumen encuadernado en cuero negro podía darles la respuesta.

Tomaron la decisión de llevárselo y leerlo al día siguiente en algún sitio fuera de miradas indiscretas, en especial de las dos que Antón ya había notado que los seguían desde que habían salido del colegio a eso de las tres de la tarde.

Iván se secó el sudor de la frente mientras contemplaba el trabajo que había hecho en toda una tarde, ni el mismo se lo creía, al parecer la cebada estaba más que lista para cortarse, con la nueva guadaña que había cortado se dispuso a segarla mientras que no podía evitar el pensar que los restos de su querido perro al parecer habían servido, ya a unos cuantos días de su muerte parecía superarlo junto con su esposa. Su rostro cambio su expresión a una de intenso fastidio al notar esa molesta comezón, de nuevo en la rodilla, al parecer esa cicatriz, ya supurante y llena de pus no tenían intenciones de desaparecer pronto lo cual era una intensa molestia. Pero no se preocupó mucho, el solo ver la cebada ya cultivada y lista lo ponía de buen humor, además dentro de unas horas tenía planeado el vendérsela toda al panadero, aunque claro, con toda se refería al menos a 9/10 partes

Algo de ellos iba destinado a su esposa quien pretendía desatar el apocalipsis culinario ofreciéndoles a los vecinos un buen trozo de su tarta de “Octubre”, la cual estaba muy lejos de ser tan apetitosa como su creadora afirmaba.

Mientras tanto, en el mismo lugar en el que trabajaba el ya mencionado hombre, uno de los ayudantes comenzaba a moler la harina para preparar el pan. Sin embargo, al soltar uno de los paquetes, algo del polvo blanco se coló en sus fosas nasales haciendo que terminara estornudando sonoramente.

“Gregor, ¿estás bien?”-, le pregunto algo preocupado su compañero que se encontraba acomodando las muestras de pan recién horneado en pequeños canastos artesanales tejidos a mano.

El aludido asintió con la cabeza mientras continuaba su labor despreocupado, era tan solo una simple gripa, nada del otro mundo. Era una simple pena que aquello que había salido de su boca, no era otra cosa que una mezcla viscosa entre flema y sangre y había ido a parar a la harina junto con la levadura que aún estaba en proceso de fermentación.

En ese mismo momento, pero a niveles microscópicos, estaba sucediendo una sangrienta batalla entre las bacterias de la levadura y los intrusos que habían brotado de aquella unión viscosa de células muertas, estos parecían invulnerables pues su solo contacto bastaba para corromper a aquellos organismos unicelulares que trataban de fusionarse para impedir la macrofagocitación , pero sus intentos eran en vano.

Aquellos apéndices rojo-verdosos ya le transmitían su mismo código genético forzando a cambiar su estructura interna, en eso un solo pensamiento se transmitió a todos los microorganismos infectados.

“Consumir”

“Oh, en verdad me alegra bastante el que hayas decidido el vender otra vez tus deliciosos pasteles”-, la señora Kolyvan no podía evitar sonreír con esos comentarios, por fin su arte gastronómico estaba siendo aceptado y lo mejor es que ella era testigo de eso.

Termino de entregar el trozo envuelto en una servilleta a la señora mientras mantenía su sonrisa, sonrisa que se ensancho aún más al recibir unos cuantos rubros en su mano libre.

Si bien no se encontraban muy escasos de dinero en esos momentos, nunca estabas de más el guardar un poco para los tiempos difíciles, que podían aproximarse en cualquier momento, pero por ahora, solo lo guardaría tras un seguro cerrojo y fin.

Atravesó con lentitud los pocos metros de su jardín delantero mientras se sentaba en su mecedora que tenía cerca del umbral, desde ahí contemplo la calle y lo que su vista alcanzaba a divisar del pueblo.

Aunque no lo pareciera, lo distinguía todo un tanto… Distinto, no era nada grave según ella, pero por alguna razón sentía como la pacifica atmósfera que había rodeado la aldea por años se iba deshaciendo poco a poco.

Le atribuyo todo eso a los efectos del trauma de haber visto el cuerpo destrozado de su fiel compañero. Al recordarlo sintió como sus fuerzas se volvían agua, pues por mucho que lo deseara, esa imagen no se iba de su mente, junto con las otras que creía haber visto. Aquello último no se lo había contado a nadie, ni siquiera a su marido, pues temía que este la tachara de loca, se descubrió el hombro solo para ver que la marca del cardenal aún no se había desvanecido completamente, pero aun así, aquellas visiones siguieron atormentándola y lo que era peor, justo en el sitio donde no tenía escapatoria alguna. Durante la noche, sus sueños estaban invadidos por abominaciones grotescas que pululaban en la oscuridad como satíricas versiones de lepidópteros que acababan de emerger de capullos no más agradables que asemejaban a bultos pulposos, mientras que una congestión informe de burbujas protoplasmáticas, vagamente luminiscentes, y con millares de ojos temporales formándose y deshaciéndose como pústulas de luz verdosa por toda la masa que, llenando ampliamente la habitación como si de un hongo de ciclópeas proporciones se tratase devorando la madera cual escarabajo de Praga.

Seres de un tono negruzco de unos cinco pies de largo, con cuerpos revestidos de un cuerpo o torso provisto de grandes aletas dorsales o alas membranosas y varios pares de patas articuladas, y con una especie de intrincada forma elip­soide, cubierta con infinidad de antenáculos, en el lugar en que normalmente se encontraría la cabeza.

La mayoría de ellos carecían de ojos pero parecían percibirla muy bien, babeaban y gemían mientras que continuaban su expansión por la recamara. Las propias paredes de quebraban mientras que inmensas lenguas armadas de filosos dientes como huesos torcidos hacían su aparición como probando el aire del interior.

En las que aún no habían aparecido surgieron enormes cavidades bucales de las cuales emergían horrores gástricos con apariencia amorfa que se desplazaban como podían al interior mientras agitaban sus apéndices.

Todo aquello ocurría en las noches, en especial desde que se había fijado en aquella horrible visión que había percibido mucho antes , aun no estaba segura si se trataba de un sueño o no, pero deseaba con toda su alama que lo hubiera sido.

No quería ver para nada de nuevo aquellos ojos negros y carentes de pupila o esclera alguna que la miraban desde la ventana y aquella boca armada con unos colmillos de fiera salvaje.

“Manténgalo en esa posición, si ve algún cambio notable me lo comunica inmediatamente”-, le ordeno el doctor a la preocupada señora, metros detrás de ella, el hombre anciano se encontraba respirando con dificultad, no era el primero ni el segundo con estos síntomas.

Mientras se terminaba de despedir de la señora, camino por la acera con el ceño fruncido, no comprendía el porqué de esta enfermedad, aunque la mayoría de los síntomas eran normales, varias de las reacciones del cuerpo no lo eran.

Por ejemplo el tremendo hedor que presentaban algunos mientras que el sangrado excesivo en varias cavidades corporales, por las dudas había tomado una muestra de sangre y la había llevado a la clínica, pero con todas las llamadas le había sido imposible el revisar el resultado final del análisis.

Suspiro mientras pensaba que aun había otros dos casos que atender, a los que iba en camino dispuesto al menos a hacer algo por las víctimas de esta nueva enfermedad. Siguió avanzando hasta que tropezó con una figura conocida.

“Dr., muy buenas tardes tenga usted”-, le saludo el párroco mientras daba una inclinación de cabeza a la cual el medico respondió con un saludo de la misma manera. “He escuchado que últimamente ha habido varios enfermos en la aldea, lo cual me preocupa mucho, en especial cuando solo hay un solo médico”-, comento el religioso mientras el doctor asentía, era bastante cierto, desde los últimos días, habían ocurrido varios casos así.

Por mucho que le incomodara el tema, sabía que tenían que decir lo que sabía, pues solamente la persona que tenía frente a él podía mantener a la aldea bajo control, lo último que necesitaba era que las personas creyeran que se encontraban bajo el ataque de una epidemia.

“En efecto”-, contesto mientras continuaba su camino,-“De hecho, en estos momentos me dirijo hacia la clínica donde algunos pacientes fueron trasladados debido a que su condición es mucho más grave que la del resto, ¿gusta en acompañarme?”-, pregunto esperanzado.

“Por supuesto”-, respondió el sacerdote y juntos avanzaron hacia la dirección en la que el doctor tenía su clínica, no muy lejos de ahí.

El estornudo resonó a la distancia incomodando profundamente a Conrad, quien no había parado de instalar el último de aquellas cosas metálicas en su jardín trasero. Resoplo de fastidio mientras pensaba en todas las veces que había oído estornudar a aquel estúpido vecino por lo menos durante toda la tarde. Pero se tranquilizó pensando en que a lo mejor se encontraba enfermo, después de todo no lo podía culpar, los de aquella casa siempre habían tenido una naturaleza un tanto enfermiza.

Una vez que hubo terminado con aquella tarea, se dispuso a guardar sus herramientas, cabía la enorme posibilidad de que el acto se levantara en cualquier momento y que no hubiera motivo alguno para escapar deprisa, en especial si estos habían liberado moderadores que era lo más creíble sabiendo la existencia de uno de los vigilantes rondando por ahí.

Por eso convenía estar listo, de ahí los preparativos que había dejado en el patio trasero y los que estaba a punto de colocar en el delantero, también había pensado seriamente en “dormirlo”, si bien no era una decisión fácil era lo más acertado a que cayera en las garras de ellos, lo había prometido hace tiempo, que jamás lo dejaría entrar a ese mundo donde solamente encontraría más dolor que la realidad.

Mientras se incorporaba, escucho la voz gangosa de su vecino emitiendo un cierto quejido, al parecer la enfermedad había llegado hasta su tráquea, ni se inmuto al respecto, hasta que lo que escucho le paralizo los huesos.

“Es en serio, este hedor a podredumbre no se quita”

Abrió muy bien los ojos mientras se precipitaba en la puerta de su casa, una vez en el interior corrió hasta llegar a una puerta de madera que conducía hacia el sótano que ya ni en uso se encontraba, supuestamente.

Ahí lo habían guardado tanto tiempo, sabían perfectamente que si ellos lograban apoderarse de él, las consecuencias no solo serían catastróficas. Abrió la pesada tapa hasta encontrar aquel folleto que tenía algo anotado en tinta roja.

Lo que leyó fue algo que deseo no haber leído, mucho menos escuchado por parte de aquel vecino, pues no cabía duda alguna, el otro día mientras iba de “caza” por el bosque no se había equivocado en su análisis.

La plaga había sido soltada y ya comenzaba su lenta incubación en todo lo que poseía un mínimo de materia orgánica a su alrededor, pero ese seria solo el inicio de la infección, aun faltaba la lenta trasformación de sus sistemas y la reanimación de los deshechos y células ya muertos hace tiempo.

Cuando no hubiera espacio suficiente en el inframundo, los muertos ocuparían la tierra.

"Como puede ver aquí"-, indicaba el Dr. a un muy confundido sacerdote en una pizarra en la cual el medico hacia complicados dibujos,-"El propio sistema digestivo actúa de un modo increíblemente acelerado, por alguna razón, este trabaja tan parido que consume mas de lo que se le da y exige cada vez mas y mas, lo cual lleva a los propios tejidos a desprenderse y practicar un "auto-canibalismo" interno, el cual poco a poco va debilitando el sistema.."

El sacerdote alzo la mano como si quisiera preguntar algo, a lo cual el Dr lo señalo como diciéndole que hablara, cosa que el hombre de fe hizo tras dar un profundo suspiro.

"Un momento, un momento,¿estas diciendo que lo que sea que sea esta peste controla las vísceras o las manipula de alguno modo?"-,pregunto con un tono escéptico, no es que fuera un experto en el tema, pero eso no sonaba para nada creíble, por mucho que el medico lo hubiera tratado de divulgar

La expresión del doctor era una mascara de cansancio e incredulidad, se limito a simplemente asentir con la cabeza mientras se dirigía hacia una puerta que se encontraba en el otro extremo del cuarto.

"Sigame"-,escucho el sacerdote, cosa que hizo tras incorporarse.

Lo que encontró en la otra habitación la cual era a lo que conducía la puerta le hizo dar un respingo mientras sus ojos se abrían, pues ahí, en el centro de la habitación había una típica cama de hospital, en la cual yacía una mujer que respiraba con dificultad mientras que sus ojos permanecían cerrados, dispositivos variados estaban conectados a ella.

El hombre tardo un minuto en procesar lo que estaba viendo.

"¿Ella es de..?"

El medico lo corto respondiendo a la vez su pregunta,-"De donde salio el análisis que le mostre"

El medico dirigió su atención hacia la pobre mujer, quien se encontraba en un estado digno de lastima, el sacerdote ya había sentido esa aurea muchas veces, demasiadas para recordarlas, pero a pesar de eso, la idea de acostumbrarse a la muerte nunca lograba entrar en él. Se acercó y coloco su mano sobre la frente de la mujer quien no pareció notar el contacto pero la retiro enseguida; estaba ardiendo. El cuerpo o lo poco que conseguía ver de él, estaba demacrado y bañado en sudor, como si una fina película de humedad lo hubiera estado cubriendo lentamente, pero lo que más le preocupaba era ese cutis enfermizo del cual parecía notar casi las venas hinchadas en su interior.

“¿Por qué la piel se está adoptando esa epidermis?”-, se atrevió a preguntar mientras que el médico, recargado en la pared y jadeando de cansancio le respondió tras unos minutos de espera en los que se acomodó las gafas que tenían guardadas en un bolsillo de su bata.

“Vera, como las células y los tejidos de los órganos pierden nutrientes a costa de su propia estructura para satisfacer las demandas de estos por parte del sistema digestivo, la sangre o mejor dicho; los glóbulos rojos tampoco son la excepción, la ausencia de estos y en especial del hierro causan una decoloración de la piel y aumentan la de por si intensa debilidad del cuerpo, en otras palabras, es un nuevo tipo de anemia”-,respondió mientras se acercaba al pequeño escritorio de madera que se encontraba a escasos metros de la cama de la paciente. De uno de los cajones extrajo un pliego de papel cuyo reverso mostraba lo que parecía ser los resultados de un análisis en la caja torácica y en el estómago. El sacerdote recordó lo poco que sabía del interior del cuerpo humano y eso le basto al menos para poder reconocer la familiar estructura del sistema digestivo.

Reparo en unas extrañas ramificaciones de forma extravagante que habían brotado en la pared celulosa del estómago y se entrelazaban con los intestinos grueso y delgado, mientras le daba una vuelta al páncreas y comenzaba a penetrar el hígado, fuera lo que fuera eso, no parecía ser nada natural o que formara parte del cuerpo.

“¿Qué es eso?”-, pregunto mientras lo señalaba con el dedo índice, el doctor ni se molestó en voltear a verlo mientras se acomodaba sus gafas por segunda vez en todo el día, entonces encaro al otro hombre y contesto en un tono que revelaba tanto frustración como impotencia.

“Francamente, no lo sé”

“Interesante”-, escucho Anton a su amigo mientras este sostenía el libro que habían encontrado entre sus piernas, habían pasado toda la hora del receso recluidos en el único sitio, en opinión de Anton que ningún alumno o maestro se atrevería a entrar.

Después de todo, ¿a quién le interesan los áticos?

“¿Qué es lo que notaste?”-, pregunto Anton curioso por saber si su amigo ya había encontrado la relación de quien creía ser el que estaba detrás de todo y los sucesos recientes.

“Mira”-, le indico Renko a cierto grabado en una de las paginas,-“¿Sabías que Herrbergorth fue fundado por una misma familia de procedencia húngara?, al parecer contaban con el permiso de Catalina la Grande y bastantes privilegios”

¿Una familia de origen húngaro con protección de la antigua zarina?, eso era bastante interesante, si bien no le extrañaba ya que si mal no recordaba de sus apuntes de historia, aquella emperatriz siempre le había dedicado una admiración sin precedentes a los europeos.

“¿Algo más sobre la familia?”-, pregunto mientras miraba otros parajes del libro, la voz de Renko contestando su pregunta sonó al cabo de unos segundos.

“Si, se llamaban los összefonódott según esto de aquí”-, indico mientras señalaba una especie de retrato familiar, Anton los observo tratando de ver algo en ellos que se les hiciera conocido, pero nada.

Se fijo en un hombre de nariz afilada y una cabellera negra e impecablemente peinada que terminaba recogida en una pequeña coleta,su piel lucia perfectamente cuidada aunque le pareció notar una que otra costra en la zona del cuello, oculta por los mismo de su camiseta, los ojos estaban un tanto juntos y a pesar de ser una imagen, eran penetrantes, se fijó atentamente en el broche que llevaba pegado a su solapa, al parecer, aun se podía distinguir el símbolo que había en ella. Una vara siendo rodeada por una enredadera que parecía descender.

“¿Quién es este?”-, pregunto sin separar el dedo índice de la imagen del hombre, Renko volteo a verlo mientras se acomodaba las gafas, una vez que termino, contesto.

“Kígyó összefonódott, cabeza de la familia del mismo nombre y médico de profesión, al parecer él fue el que planeo la construcción del pueblo y quien se ocupó de cierta plaga que hubo en el Este años después, si mal no recuerdo, creo que murió en Irkust, como un oficial medico ante la invasión tártara “-, contesto casi aguantando la risa.

Anton lo miraba mientras se preguntaba porque se reía, pero decidió mejor esperar a que se le pasara el ataque, cosa que duro varios minutos en los cuales Anton se dedicó a leer otros pasajes del libro, hasta topar con algo interesante.

En eso, Renko pareció calmarse e intento explicar la razón por la cual había muerto de la risa por tanto tiempo, disculpándose antes, hablo mientras reía un poco aun.

“Veras, la razón por la cual me reí es porque si traducimos correctamente del húngaro “Kígyó összefonódott”, el resultado más aproximado seria “Serpiente Entrelazada”, ¿captas la ironía?”-, pregunto mientras que su amigo negaba con la cabeza, definitivamente las terminologías no eran lo suyo, junto con cientos de más cosas.

“Mejor dime que significa de una buena vez”-, respondió secamente mientras seguía leyendo, estaba tan molesto que ni se dignó en voltearlo a ver.

Renko tosio un poco antes de continuar, cosa que hizo:

“El símbolo de la medicina es generalmente una serpiente entrelazada con una vara, pero el nombre de este sujeto significa básicamente una serpiente retorcida que va descendiendo de la vara y no ascendiendo, en otras palabras, tiene nombre de empleado fúnebre”-,comento.

Anton capto la ironía pero no le hizo mucha gracia, fuera lo que fuera, estaba bastante seguro de que había algún significado más oscuro en aquel nombre, apellido o lo que fuera, entonces capto un párrafo que termino por llamar su atención.

La primera línea era interesante, hasta que siguió leyendo y se desilusiono, pero al final del párrafo, el interés se renovó y continúo la lectura de toda la página.

Al parecer el infortunado narrador había sobrevivido a un ataque nocturno en el bosque, lo habían encontrado un día después y trasladado a su casa, solo para hacer gravemente enfermo durante semanas.

Según el reporte médico que había unos cuantos párrafos debajo, el hombre había muerto de rabia, contagiada por el animal que estuvo a punto de hacerlo su presa, también mencionaba que las secuelas de aquel incidente lo habían dejado en un estado de psicosis, ya que se le encontró tratando de acabar con su vida en tres ocasiones, tras esta última, había sido recluido en la iglesia ya que carecían de cualquier otro lugar para rehabilitarlo, murió ahí preso de la hidrofobia y considerado como un loco más.

“Mira esto”-, dijo mientras se lo paso a Renko, quien parecía estar ocupado leyendo otra página que se había desprendido del libro. “Anton, será mejor que le des un vistazo a esto”-, dijo en un tono preocupado, mientras le acercaba la hoja de papel.

Lo que leyó le puso los pelos de punta, pues lo que estaba escrito frente a él no era otra cosa que una crónica escrita por el propio “Kígyó”, se trataba sobre cierta enfermedad que había azotado aquella región hace casi 150 años en el sur de Siberia, para ser más específicos, la zona del Lago de Baikal.

“Parece ser, en primera instancia, una enfermedad contagiosa de la piel con síntomas que incluyen erupción cutánea, picor y sensibilidad. Al cabo de 3 horas tras el contagio, la enfermedad causa manchas parecidas a fuertes cicatrices en las áreas del pecho y el brazo, extendiéndose a las piernas y la espalda en la siguiente hora. La víctima es consumida completamente en 5 horas. La exposición altas temperaturas disminuye enormemente el tiempo de propagación y se ha llegado a registrar una duración de 5 minutos.”

“Tras la infección, las funciones de la víctima cesan durante unos 3 minutos para volver a reanudarse con el doble o triple la actividad de un ser humano normal. Después de esto, el tejido cicatrizado de las víctimas empezará a moverse por cuenta propia y a crecer rápidamente. Los rasgos humanos comienzan a desaparecer y la mutación va ocurriendo al azar. Los sujetos observados en esta etapa de la infección presentan el crecimiento de tres o más tipos de extremidades como brazos o piernas, la cabeza puede deformarse, alargarse o ensancharse, partes del sujeto se pueden dividir para dar lugar al crecimiento de más partes de carne. La duración de esta etapa es desconocida y no todos los sujetos aparentan con llegar a las últimas etapas.”

“En condiciones desconocidas, la persona infectada deja de moverse y se coloca en un lugar que estime conveniente en el cual echa raíces. El crecimiento carnoso comenzará a propagarse a través de todos los objetos que lo rodean para consumirlos. Tales objetos no propagan la infección como seres vivientes, el contacto prolongado con estos objetos se registra más adelante en este documento. Con este comportamiento se intenta crear un área cómoda para el crecimiento continuado de la infección.”

“Las personas infectadas con la enfermedad intentan buscar ayuda como impulso humano natural dando lugar a infecciones no deseadas. Las personas infectadas más allá de la fase de tejido de la cicatriz activa, tratan, agresivamente, de infectar a cualquier persona que intente acercarse a ellos dentro de un área definida. Se ha establecido que un infectado es capaz de ver y observar a un no infectado y se lanzarán hacia ellos. Si el infectado ha perdido la capacidad de la visión, un rango aproximadamente de 30 metros a su alrededor se considera seguro.”

“Varios han caído aquí, nunca creí que aquello pudiera ser tan grave, eso demuestra más aun mi propia doctrina de que el hombre debe aprender a valorar el inmensurable poder que puede tener el mundo invisible.”

“Ya puedo sentirlo, lo que he aplicado sobre mí y sobre mi sangre crece cada día, pero no debemos limitarnos a eso, pronto llegara el día en que tendremos el auténtico control sobre la vida y la muerte, pero ahora no es el momento oportuno, primero debemos desaparecer cuanto antes, el ejercito del perro de Alejandro viene para acá, a terminar con lo que yo y mi familia iniciamos desde hace 30 años, de la única manera en que estos barbaros saben solucionar las cosas.”

“La Carne fue solo un inicio, pronto vendrán más”

“A bhakták egészség”

-Kígyó összefonódott-

“Tania, sigo sin saber porque estamos aquí”-, protestaba un joven de cabello plateado mientras cargaba una cámara de video, frente a él, oculta tras uno de los cajones más gruesos, yacía la delegada de la clase, que estaba muy concentrada en captar cada detalle de la escena que estaba ocurriendo frente a sus ojos.

“Sasha, hazme el favor de callarte, nos oirán”-, le contesto en su particular tono medio molesto, medio agradable pero que al menos calmo las angustias del joven, quien se dedicó a continuar grabando mientras se mantenía oculto tras las sombras y un tabloide de madera que servía como un excelente parapeto.

No comprendía demasiado el sentido de lo que estaba haciendo, porque solo estaba grabando la escena en video, no lo que ellos estaban viendo, pero en fin, como fuera para complacer a la delegada de la clase, quien ejercía una considerable influencia sobre la mayoría de los maestros, lo cual le convenía mucho para que lograra obtener su beca.

Por otro lado, no podía negar que también sentía una curiosidad enorme por todo lo que había ocurrido, curiosidad que aumento al enterarse de que uno de sus vecinos había “caído enfermo”. Para su mayor sorpresa, este se trataba del señor Kolyvan , el dueño del perro que había sido atacado, no podía negar algunas de las explicaciones de Tania, en las cuales ella pensaba que de alguna manera, tanto la enfermedad que estaba ocurriendo, como el ataque al perro estaban relacionados.

Pero lo único que dudaba era sobre la relación de Anton Juvichenklo con todo eso, ya que según la teoría de Tania, el joven distante junto con su familia eran los responsables de todo eso, si bien esta no presentaba muchos puntos validos ya que la mayoría eran pura especulación tanto de ella como de el, había cierto hueco que mantenía la teoría a flote.

¿Por qué Anton, que se encontraba en el bosque horas antes del ataque y salió ileso de ahi cuando perfectamente la bestia que rondaba por ahi lo pudo haber detectado?

No podia negar que eso no era extraño, pensó mientras continuaba grabando hasta que el universo pareció compadecerse de su absurda humillación y saldo cuentas con el, de una manera no muy agradable.

Al principio solamente sintió como aquellos extraños pelillos se clavaban en su espalda, después comenzaban a subir por ella mientras que esta le picaba, la comezón era inaguantable, por lo que tuvo que apoyar la cámara mientras se rascaba, entonces sintió aquellos pelillos clavándose como espinas en su brazo, sin poder evitarlo, saco el brazo a la luz solo para exclamar de terror.

Pues ahí, en su brazo se encontraba aferrado un ciempiés de un buen tamaño, su coraza color rubí estaba rodeada por dos surcos oscuros que le recorrían ambos costados de los cuales salían docenas de pequeños apéndices curvos del mismo color del ocre que se clavaban en su piel. Un poco más arriba dos antenas robustas que cubrían una diminuta cabeza que se encontraba rematada por un par de mandíbulas espinosas se agitaban.

Aquella visión del animal que más lo aterraba basto para que entrara en pánico y todo su número anterior se fuera al traste, pues para colmo en su ataque de terror, se llevó consigo el baúl que lo ocultaba que cayó al suelo haciendo un gran estrepito, era imposible que ninguno de los dos que estaban “espiando” no lo hubiera notado.

Sasha termino con la cara en el suelo, pero al alzarla se topó con las miradas de Renko Armin y Anton Juvlichenko, uno con sorpresa y el otro con indiferencia, aunque en sus ojos apareció un dejo de molestia al ver salir de entre las sombras a Tania, quien hacia un esfuerzo para no reír, ya que no podía negar que la situación era bastante hilarante.

Se produjo un incómodo silencio entre los cuatro que termino en una tensión de unos cuantos segundos, hasta que Renko recupero la compostura y se atrevió a preguntar.

“Y bien, ¿Qué tanto escucharon?”

“¿Cuándo dijo Conrad que sería la famosa redada?”-, Pregunto Ivan mientras se encontraba recargado en su taburete inspeccionando su antiguó rifle de caza, el verlo le traía nostalgia de los viejos tiempos, nostalgia que termino al escuchar la voz de su esposa. <p class="MsoNormal">

“En tres días”-, contesto la mujer mientras se disponía a salir a comprar víveres, no sin antes añadir,-“Ni sueñes que vas a ir, con esa fiebre y esa cicatriz solo serás un estorbo”

Y cerró la puerta tras de sí dejando a Iván sumido en sus pensamientos, por un lado, lo que decía ella era muy cierto y le convenía reposar un poco, había trabajado muy duro los últimos días y para colmo había enfermado, al igual que varias personas de la aldea.

Pero por otro, le molestaba el no poder participar en un evento así cuando él tenía todo el derecho del mundo y ninguno para ir en su búsqueda.

Una punzada le recorrió la pierna, con una mueca de dolor, reviso una vez más bajo la venda, como estaba esa asquerosa cicatriz. Lo que vio estuvo a punto de hacerlo vomitar.

Anton no entendía por qué se había molestado unos momentos antes con los otros dos, pero después de oír las explicaciones de Tania y aun mejor, sus disculpas por haber sospechado específicamente de él, lo que termino de convencerle que no representaban ningún problema para la pseudo-investigacion que él y Renko llevaban a cabo, es más, hasta podían terminar sirviéndole de ayuda, lo cual esperaba que pasara.

Estaba tan sumergido en sus pensamientos que no noto a Tania detrás de él sosteniendo otra página que se había separado del libro, tuvo que tocarle el hombro para que reaccionara.

“Si”-, contesto en su característico tono apático solo para recibir la página mientras Tania respondía.

“¿Ya leíste esto?”-, pregunto mientras Sasha y Renko revisaban el libro, en busca de más pistas que apuntaran a la familia összefonódott o a su tan misterioso plan, pero terminaron por acercarse al escuchar lo que Anton leía en voz lo suficientemente alta para que los otros tres escucharan.

“Arbola Negro de Herrbergortth”-, rezaba el encabezado de la hoja, seguido de lo que parecían ser una lista de palabras pero escritas en otro tipo de caracteres, ¿tal vez occidentales?, por lo que se la paso a Renko pero Sasha lo tomo antes y comenzó a recitarlo, demostrando que al parecer dominaba ambos alfabetos. “Ezüst Serleget , Bronze lándzsa, Rosa csavart, Mély nézet,etc”-, recito tomando pequeños intervalos para respirar mientras jadeaba.

La lista parecía infinita, pero se detuvo cuando llego a un punto donde sus ojos se abrieron de par en par. “¿Qué pasa?”-, pregunto Tania impaciente mientras se dirigía hacia donde estaba su compañero estático, pero cuando ella vio lo que él había notado se quedó paralizada.

Anton se acercó molesto, ¿Qué demonios era lo que habían visto?, Sasha se lo indico con el dedo índice y el entorno los ojos, solo para abrirlos al entenderlo.

Pues ahí, en esa vieja hoja de papel con siglo y medio de edad, el único nombre no escrito con caracteres latinos y completamente entendible.

Ahí estaba escrito.

“Juvlichenko”

Su apellido paterno.

De pronto sus pies comenzaron a caminar hacia atrás, levanto ambos brazos hacia el frente para no perder el equilibrio, pero fue demasiado tarde, lo último que sintió fue el áspero contacto del suelo contra su mejilla, justo antes de que la oscuridad lo rodeara.

“¿Ya volvió en sí?”

La voz sonaba muy distante, como si lo separara una densa cortina de agua entre los otros tres que lo miraban preocupados, Anton parpadeo unas cuantas veces mientras gruñía involuntariamente, era la segunda vez que se había desmayado en toda su vida y la primera que recordaría. “¿Estas bien?”-, pregunto Renko mientras seguía sosteniendo aquella página con la maldita revelación impresa en ella. Este solo lo miro con su particular mirada apática, solo que ahora tenía un nuevo tono que a ratos parecía ser melancolía.

“Si”-, respondió, solo que su voz era tan solo una sombra de la que era anteriormente, porque claro, el descubrir algo así que confirmaba aquellas sospechas que tenía era demasiado para él.

Sus compañeros tenían opiniones distintas entre sí pero se las guardaron mientras lo venía como compadeciéndolo, mientras que Renko pensaba en la suerte que tenía Anton de tener unos padres así de comprensivos, la revelación anterior había avivado su agudeza mental, hasta el punto de comenzar a discernir sobre el auténtico motivo de haber regresado a Herrbergorth.

Tania por su parte compartía una que otra idea sobre lo que Renko estaba deduciendo pero estaba más interesada en ese tipo de organigrama, que a todas luces era uno, porque la pista de “árbol negro” era demasiado obvia, su mente, aunque no estaba al nivel monstruoso de inteligencia que la de Renko, lograba unir los puntos que le parecían destacables, cosa de la cual logro tener ideas aún más fructíferas, en especial después de leer atentamente esa página del libro con el fragmento de la crónica de la antigua cabeza de la familia összefonódott, pues aquella última frase, en húngaro sin lugar a dudas debía tener algún significado importante.

Sasha, por su parte, lo único que podía hacer era sentir pena por su compañero de clase, a pesar de que nunca habían interactuado anteriormente y su actitud de lobo solitario le molestaba ligeramente, no podía evitar el tenerle un poco de simpatía, tal vez podía aprovechar esto como una oportunidad para sacarlo de su insolación. La voz de Tania lo saco de sus pensamientos y mirar hacia donde ella caminaba, en dirección a Renko quien parecía estar pensando, Anton por su parte se mantuvo estático en el suelo con una pierna bajo su cuerpo mientras miraba hacia algún punto no determinado de la pared.

Los otros tres lo ignoraron y miraron hacia la página y el libro, según Renko, la frase al final de la primera no era otra cosa que una perfecta traducción de “Devotos de la Salud” , lo cual dejo un tanto perplejos a Renko y a Tania, quienes a pesar de saber que la profesión de Kígyó era la de médico, no se explicaban por qué el y los de su casta se consideraban así mismos unos “Devotos de la salud” cuando su acción no había sido otra que la de propagar una enfermedad por toda una zona a propósito.

Por otro lado, el susodicho tampoco mencionaba en ninguna otra página algo sobre el tal misterioso “árbol” que contenía los misteriosos nombres y el de la familia de Anton. Sasha había sugerido que visitaran aquel sitio donde había sido recluido el hombre del reporte que Anton había leído antes de leer la crónica del doctor Kígyó, algo con lo que Tania se mosto interesada e incluso Anton dirigió su atención a ellos.

Pero Renko les arruino la fiesta mientras decía con un tono bastante serio.

“Miren, ya sé que están muy emocionados con todo esto, pero en todo mi tiempo en ese lugar, jamás escuche hablar de un sitio así y mucho menos de unas celdas subterráneas y por otro, ¿de verdad creen que una cosa así exista?”

Ante el silencio de los otros tres, prosiguió no sin antes acomodarse las gafas por enésima vez al día.

“En verdad dudo mucho que tal cosa como ese “árbol” dirigido por seguramente los sucesores de la familia de Kígyó exista, pero por otro lado, sí que han ocurrido cosas muy sospechosas, ¿pero no les parece raro que justo ahora estemos encontrando pruebas que apuntan a que existe algo así manipulando desde las sombras con el fin de iniciar un plan que no se pudo concluir hace siglo y medio?, es casi como si hubiera sido convenientemente planeado…”

“Puede ser”-, lo corto Tania,-“Pero en tal caso no queda nada más que hacer, estamos ignorantes frente a alguien que seguramente lo sabe todo sobre este lugar, suponiendo que eso sea verdad, entonces porque no mejor rendirnos tranquilamente, no se tu Cuatro Ojos, pero yo no pienso terminar como una masa de carne amorfa que se arrastra por ahí tratando de propagar una infección”

Renko la miro con una cara que normalmente uno haría con alguien que no entendió el sarcasmo de una situación, pero se quedó callado.

“Bien”-, dijo Anton,-“Entonces concluimos en que tendremos que investigar ese lugar, pero no hay que olvidarse del libro y la página, por si los necesitamos más adelante”. Se mostró un poco dudoso cuando Renko se los dio.

“No, yo los guardare”-, se ofreció Tania, a lo que Anton comento,-“No te ofendas, pero creo que sería mejor que Renko se los quedara”

Tania pareció un tanto ofendida, no sin antes morderse el labio, respondió, pero con su particular tono burlón.

“Vaya y yo que creí que ya confiabas en mi”-,a lo que Anton se quedó callado mientras que Tania seguía mirándolo burlonamente, hasta que se atrevió a seguir, pero Sasha termino por interponerse, para sorpresa de todos.

“Yo lo guardare”-, dijo decidió, a lo que Tania respondió,-“Estaba bromeando, no te lo tomes a mal”-,Anton no pudo hacer más que dar una pequeña risa mientras se dirigía hacia la puerta.

“Bueno, nos vemos mañana, ya me tengo que ir de igual manera dijo mientras miraba su reloj, la esfera y sus manecillas le indicaban que la escuela había terminado hace ya casi más de tres horas. Se despidió de sus compañeros con la mano a distancia que se disponía a salir no sin antes escuchar por parte de ellos.

“Anton, ten cuidado en el bosque”

El sonrió mientras llegaba al patio, sonrisa que se desvaneció al notar que estaba nublado, gruño de fastidio mientras corría y trepaba con agilidad el muro que lo separaba del exterior, una vez en la cima, se dejó caer aterrizando de rodillas.

Al parecer sus sentidos no habían vuelto en sí, porque cayó mal golpeándose un poco, lo cual le molesto un poco, frente a él, se encontraba aquella foresta que había dejado de ser pacifica días atrás, ahora sabia de la existencia de algo que podía ser capaz de destrozarlo sin ningún miramiento.

Con aquellos pensamientos y gran parte de su pelo cubriéndole la frente hasta la altura de sus ojos, dio un largo suspiro y se internó en el lugar que alguna vez llamo su santuario.

La hojarasca crujía ante sus pies, sin duda alguna los vientos del Otoño habían hecho su parte con los arboles del lugar y el hecho de que estuviera nublado y no hubiera caído una sola gota de agua también ayudaba ese punto.

Anton recordó que afortunadamente su chaqueta tenía una capucha, con la cual podría protegerse en caso de lluvia, pero no era necesario en esos momentos, además, la tela dificultaría su audición y tenía que estar atento a cualquier sonido próximo.

Siguió avanzando mientas se cuidaba de hacer el menor ruido, lo que menos quería en esos momentos era llamar la atención, tropezó accidentalmente con una raíz.

“Chisst”-, gruño mientras entrecerraba los ojos por un momento para poder aumentar su oído; nada, no había escuchado nada, podía considerarse afortunado.

Por un momento pensó en todo lo que había pasado, pensó en la familia összefonódott y en su misteriosa cabeza familiar, pensó en aquella misteriosa plaga de la carne de hace siglo y medio, en aquella lista denominada “árbol negro” que contenía aquel nombre maldito, el solo pensar que de alguna manera su propia familia había estado involucrada en aquel crimen lo hacía sentir. Sucio.

Pero eso no era lo único, al parecer, también estaba el testimonio de aquel hombre que había sido tratado de loco, presentía de alguna manera que en su celda debían de encontrar algo que les diera más pistas.

A pesar de haber estado tan alerta, no tuvo manera de notar el aurea de lo que lo rodeaba, tampoco de poder percibir como el lugar se había quedado en completo silencio, justo como la otra vez.

Todo a su alrededor parecía volverse más profundo, el propio suelo parecía mantenerlo sujeto en ese lugar mientras que todo permanecía estático de alguna manera.

Como si un inmenso orbe se hubiera desprendido de la realidad y lo hubiera encerrado dentro de él, por un momento le pareció ver como propias partes del espacio mismo, ¡Sí!, el espacio mismo se quebraba mientras que unas grietas supurantes, semejantes a una cicatriz comenzaban a recorrer su alrededor, de ellas comenzaban a brotar.

No tenía manera de describir aquella que salía de esas grietas, pero no quería tampoco seguir viéndolo, hasta que-..Se terminó.

Se encontraba de nuevo en ese lugar, justo en el claro donde se había quedado estático, aquella misma sensación de la otra vez volvió a inundar su cabeza mientras que dos esferas negras aparecían en su conciencia como si pudiera leerle el alma misma.

No supo cómo, pero esta vez sus pies comenzaron a moverse sin obedecerlo, justo a la espesa vegetación donde la parecía que estuvo a punto de internarse la semana pasada. Simplemente era como si algo lo hubiera embelesado una corriente de aire frio le retiro el pelo de la cara mientras sus ojos parecían quedarse adormecidos por la nefasta influencia que lo tenía preso.

Misma que lo hizo tropezar con la raíz de un árbol, cayo pero unos brazos lo sujetaron fuertemente, como una madre protectora con su hijo, trato de alzar la cabeza pero una larga y lisa cabellera negra nublo gran parte de su visión, pero aun si consiguió avistar algo increíble.

Con lo que había tropezado, no era otra cosa que un roble negro, uno que carecía por completo de hoja alguna y en el cual estaba grabado algo que ya había visto varias veces. Sus ojos se abrieron un poco más de la sorpresa, pero se debilitaron al instante junto con su cuerpo que se entregó por completo en el instante en que esos labios se pegaron a su cuello mientras que los largos colmillos se clavaban en su carne lentamente.

Capitulo Tres: Árbol de entierro
La luz de la lámpara tintineaba levemente indicando que alguno de los circuitos estaba en un punto crítico y que se aproximaba un apagón, a lo que uno de los hombres, por simple precaución, se ofreció a encender unas cuantas velas, así, cuando la oscuridad se apodero del cuarto, la luz emitida por las llamas logro evitar que la vista de los que se encontraban ahí reunidos se cegara. Sus caras lucían estoicas pero en el fondo escondían un inmenso pesar, pues la noticia de la desaparición de Anton Juvlichenko se habían confirmado, el joven no había regresado a su casa el día anterior cuando se suponía que había terminado sus clases, como los padres de él y varios alumnos sabían de su manía de dar un rodeo por la espesa arboleda que rodeaba una parte del colegio varios de los presentes temían lo peor.

Conrad Juvlicjenko permaneció sentado en la cabecera de la mesa mientras que los murmullos de los hombres que lo acompañaban resonaban en toda la habitación, muy en el fondo estaba irritado pero también frustrado, por un lado por la imprudencia de Anton y por otro por la impotencia de no haber previsto esto, maldijo en voz baja a “ellos” que sin lugar a dudas, alguno de sus guardianes había sido el responsable y de no ser así, las otras alternativas lo aterraban.

El ruido a su alrededor se convirtió en un océano de voces que vociferaban continuamente diálogos de idiotas enfrascados en temas absurdos o inútiles, cuando la tensión dentro del llego a su punto álgido, descargo un golpe contra la mesa cuya madera crujió al sentir esa presión. “Guarden silencio” Acto seguido los hombres se callaron y dirigieron su vista hacia él, él le dio una mirada a cada uno mientras que en su mente los reconocía y trataba de adivinar si alguno de ellos era otra de las marionetas de ellos, cosa que le molesto ya que al parecer su instinto había decaído y demasiado.

Uno de ellos, ni más ni menos que el viejo Yakob, que alardeaba ser el mejor tirador de la estepa se atrevió después de poco a romper la burbuja de silencio que moraba en la tan esperada reunión. “¿Y bien Conrad?”-, pregunto con su agravada voz antes de toser,-“¿Qué es lo que vamos a hacer?” .Cosa que el resto de los hombres comenzaba a apoyar mientras que una pequeña parte de ellos no hacía más que levantar sonoras quejas ante la poca seguridad de la aldea en estos casos. Conrad entorno los ojos mientras su mente preparaba lo que tenía planeado, era algo cruel, pero necesario, de igual manera él nunca se había sentido como do en ese lugar por lo que podía tomarse también como un desquite personal, apretó los puños al recordar que no solo se trataba de él, también de Anton, suponiendo que seguía vivo aunque en las garras de alguno de ellos lo menos que podía hacer era salvarlo del mismo destino el cual Hellen le había rogado que no tuviera. Dio un largo suspiro mientras sacaba de su alforja un pequeño pliego enrollado, que acto seguido lo desplego sobre la mesa. Se trataba de nada más ni menos de un mapa de la región, los hombres se acercaron aún más con la intención de inspeccionarlo de cerca. En efecto, era un mapa muy bien elaborado pero al no notar uno que otro edifico importante cayeron en cuenta de que era uno del siglo XVX, pero Conrad les indico que lo único importante era la zona del bosque, la cual señalo con el índice.

“Entraremos por aquí"

Indico mientras señalaba lo que parecía ser uno de los flancos del bosque, donde la vegetación no era tan espesa, su dedo se movía sobre la superficie del pliego mientras mostraba varias marcas que sin duda indicaban elevaciones del terreno y uno que otro circulo deforme que representaba algún pequeño estanque o charca de fango.

El resto lo miraban atentos y de vez en cuando levantaban la mano para dar una sugerencia o aliviar una duda, las cuales Conrad aceptaba con serenidad, mientras mantenía una actitud profesional se preguntó si lo que hacía era lo correcto, pues lo más probable era que si fallaba, el destino que él, su esposo e incluso Antón podían terminar por tener no iba a ser menos riesgoso.

Pero no era momento de hacer pensar en eso, primero necesitaba recuperarlo de sus garras, cosa que iba a lograr con un intercambio. Sí, no se equivocaba, eran cerca de veinte hombres, todos armados y en un excelente estado físico, acostumbrados a lidiar continuamente con lobos esteparios durante su juventud, confiaba en que las habilidades de todos, ellos, con él a la cabeza bastaran para poder subyugar al vigilante o incluso a alguno de sus moderadores, claro si estos últimos se hallaban libres.

Todo iba perfecto hasta que con el rabillo del ojo lo noto. Ahí, justo en las esquina más alejada de él, estaba una mano que salía de entre las personas que lo miraban atentamente o que también estudiaban el mapa, al parecer no se habían percatado de la mano cubierta en cuero negro que cubría tranquilamente una de las esquinas del pliego, se estremeció ligeramente al ver que los dedos tamborileaban.

“Conrad,¿Qué opinas?”

Aquella voz, perteneciente al leñador Vinksy, quien a pesar de su no tan avanzada edad ya poseía una abundante cabellera color plateado, el hombre lo miraba como consternado, lo que le devolvió sus sentidos a Conrad, no sin antes ver a través del rabillo del ojo, que aquella mano ya no estaba en el mismo lugar en la que la había divisado. “Si, está bien”-, contesto secadamente volteándose con la esperanza de que ninguno de los presentes hubiera advertido el miedo que asomaba en sus ojos. “Pueden retirarse, los veré mañana”-dijo al cabo de unos minutos mientras se quedaba mirando hacia el piso.

A sus espaldas pudo escuchar varios de los murmullos de los presentes, así como las pisadas de varios de ellos al abandonar el lugar, después de unos minutos, el lugar comenzó a recibir la lenta invasión del silencio, solo ocasionalmente interrumpida por una que otra resistencia de una cigarra del patio o del bosque.

Conrad, seguía mirando el piso, parecía como si hubiera hipnotizado, las pupilas de sus ojos estaban todavía más fijas en algún punto entre los tablones, al parecer, lo había captado.

Lentamente, recorrió una de las mangas de su chaqueta y se inclinó, inspecciono una vez más la limpia superficie de lejos, pero no, su vista era lo que lo engañaba, pero nunca su olfato y mucho menos el tacto. Acerco la piel desnuda y la pego sin miramientos al suelo.

Con una expresión de disgusto, la retiro al sentir un intenso escozor en ella, se miró rápidamente el brazo y pudo advertir la erupción que parecía estar brotando como si de una podrida costra se tratara, pero de una que no crecía de los vasos sanguíneos, sino que de la propia piel.

“Así que lo han logrado, de una vez, ya la tienen lista”-, pensó mientras veía aquella lesión que lentamente se iba deshaciendo y cayendo como una costra común, debajo, solo había piel sana. Suspiro mientras se acercaba hacia la mesa para recoger el pliego solo para advertir lo que se había quedado en la esquina del pliego, sus ojos se abrieron como platos mientras que un escalofrió recorría su espalda, pues ahí, justo donde se había posado aquella fúnebre mano, se encontraba tallado un signo que conocía muy bien. Aquella fúnebre marca quedaba trazada en tinta negra sobre el papel mientras que dos de los orbes blancos que la componían parecían mirarlo fijamente mientras atravesaban su alma como si de un oscuro ángel de la redención se tratara, uno en verdad oscuro, muy oscuro, corrompido y cruel, mostrando una perspectiva de lo más mórbida sobre un deseo primordial sin llegar a caer como el hijo de la aurora.

Pero se movía, si se movía, una grieta negra se extendía como la misma peste que habían desatado sobre el papel, reptando como un ofidio ponzoñoso entre la hierba, atravesaba con una sorprendente rapidez aquellos paisajes dibujados a mano, hasta llegar a un punto crítico donde lo mostraron, el, en su mayor ingenuidad había cometido un craso error al escoger llevar un mapa que les pertenecía por derecho a ellos. Pues ahí estaba; siendo revelado por la propia pequeña peste negruzca en el mapa, la marca borrascosa en la que sus ancestros se habían incluido siendo arrastrados por las venenosas palabras de un hombre tan toxico como los brebajes que había diluido en los campos que lejos de volverse de un color esmeralda, fueron teñidos con el tono carmesí de las matanzas.

El odioso símbolo que yacía encerrado en sus más prohibidas memorias, la señal que lo marcaba a él y a toda su familia como propiedad legitima de ellos, solo meros sacos de carne al servicio de los falsos devotos de la salud, de los sacerdotes de la carne putrefacta, de los señores de la enfermedad en su estado más puro. De los propios doctores del Armagedón.

Ahí, en el centro de ese pliego, estaba dibujado un pequeño roble desprovisto de hojas como cualquier árbol en esa estación, salvo que era distinto por una simple razón, era negro, como el futuro al que había sido sentenciado, él y toda la aldea.

La habitación se encontraba dominada por el silencio, a pesar de los tres adolescentes que estaban ahí, los dos hombres recargados en las paredes, uno con el libro en sus manos, mismo que había condenado a su mejor amigo, el otro observando el suelo en silencio, su instrumento favorito, la cámara de video, yacía a un lado, abandonada como un juguete ya no deseado.

La única mujer estaba sentada en la única silla de la habitación, su pelo, color oro pálido, había dejado de estar en su característica coleta, al igual que su actitud altiva, la cual había decaído después de que les dieran la nueva. A pesar de estar en silencio por fuera, los tres gritaban de desesperación por dentro, pues a diferencia de toda la aldea, ellos tenían un pleno conocimiento de la situación, pero eso no era todo, el solo saber que uno de sus amigos, uno de los que les había abierto los ojos ante la situación, había caído, seguramente presa de la sombra que ellos habían tratado de iluminar… Tania derramo algunas lágrimas a pesar de haber mencionado estar bien, Sasha permaneció en silencio manteniendo una expresión sombría, mientras que Renko había apretado los puños y rechinado los dientes. A pesar de que sabía que en su interior, que él no había tenido culpa alguna en el asunto, no podía evitar sentirse peor con cada momento, él podía haber hecho algo en ese momento de la despedida. Pero no, ninguno de los tres se dirigió ni una simple mirada, solo permanecieron en silencio presos en una cárcel hecha de su misma impotencia, en algún punto entre esa larga espera sin motivo alguno, Renko termino por arrojar el libro al centro de la habitación, sin importarle en lo absoluto que varias páginas se quebraran o que la cubierta y la pasta se dañara más de lo que ya estaba.

Ni Sasha ni Tania le recriminaron por eso, solo observaron a la distancia mientras todos sentían como el tiempo seguía transcurriendo inmutable e indiferente a simples problemas mundanos.

Ninguno supo con exactitud cómo fue que consiguieron animarse, tal vez el solo ver a Renko levantarse y seguir avanzando contra la adversidad fue algo que los impulso, pues tanto el peli plateado como la rubia se levantaron al ver a pelinegro hacer lo mismo. “¿Qué vas a hacer?” Pregunto Tania mientras se limpiaba la cara con el dorso de la mano, mientras que Sasha seguía con su expresión apática, parecía una versión algo más pequeña y sombría de Anton. “¿No es obvio?” -, respondió Renko con su habitual tono calmado, aunque se notaba a todas luces que flaqueaba, al igual que su característica actitud serena. “Voy a buscar esa celda y a descifrar lo que contiene”

Aquello confundió bastante a los otros dos, que no pudieron evitar el recordarle que él había estado bastante escéptico ante la existencia de algo así, Sasha se reservó para el mismo que la desesperación por la noticia había alcanzado el cerebro de quizás, la persona más inteligente de la sala mientras que Tania tenía un pensamiento del todo diferente, ella sabía que Antón había sido por mucho tiempo la persona más cercana para Renko y comprendía exactamente como se sentía, a pesar de que nunca lo había vivido, se preguntó cómo sería si Sasha desapareciera, a pesar de que nunca lo aparentaba, consideraba al peli plateado como uno de sus únicos amigos verdaderos, por no decir el único genuino, el solo imaginar ese vacío existencial, desprovisto de la presencia de su compañero, la hizo ponerse más aun en los zapatos del pelinegro. “Iré contigo” Su tono de voz poco a poco volvía a ser el mismo, el de alguien demandante, mas acostumbrado a mandar que a obedecer, sonrió para mostrar más confianza.

Sasha, quien se había mantenido cruzado de brazos durante ese tiempo, sonrió también, esa era la Tania que conocía, la persona fuerte a la que acompañaba desde que tenía memoria, aunque a los ojos de los demás era solo un lacayo a sus órdenes, él sabía muy bien que no era así. Pasará lo que pasara, él siempre iba a estar ahí para servir de apoyo y en este caso, aunque el pegamento que los había unido había desaparecido, él no iba a negarse a avanzar tampoco, iba a terminar con eso, por el bien del nuevo y efímero amigo que había hecho. Dio un paso adelante mientras cambiaba su expresión, tanto Tania como Renko se sorprendieron al verlo animado.

“También iré”-, declaro con un tono de voz algo más decidido que el tono suave y cordial que siempre había mostrado.

“Entonces está decidido”-, dijo Renko mientras los otros dos asentían,-“Iremos a buscar esa misteriosa celda que habla de ese incidente, también investigaremos las pistas de lo que sea que nos lleve ahí, pero sobretodo, acabaremos con la sombra que se está posando con Herrbergorth”-, termino declarando mientras la emoción se extendía en su rostro, contagiando rápidamente a los otros dos.

“Por Anton”-, se atrevió a decir Sasha con su nuevo tono de voz, a lo que Renko respondió algo más animado,-“Si, por Anton” Pasaron varios minutos hasta que Tania rompió la atmosfera con su habitual tono de mando. “Oigan, oigan, si ya sé que todo esto es muy inspirador y toda la cosa, ¿pero se olvidaron?, la redada en la arboleda es en dos días, no tenemos tiempo que perder”-, dijo con los brazos en jarras. Justo cuando atravesaban el umbral de la casa de Sasha en dirección a la calle, este cayó en cuenta de algo muy importante. “Y ahora que lo mencionan, ¿Cómo dicen que vamos a encontrar ese lugar?”

Tanto Renko como Tania tragaron sálica ante la pregunta y se miraron entre sí.

“Doctor, ya se hace tarde, ¿seguro que no quiere ir por un café?”-, pregunto una de las enfermeras desde el umbral de la puerta.

El aludido negó con la cabeza y le indico que podía retirarse a lo que ella obedeció sin dejar de murmurar sobre la extraña actitud que su jefe había adoptado los últimos días, normalmente era uno de los que más deseaba que llegara la tarde para poder retirarse a su casa y poder disfrutar un nuevo episodio de su teleteatro favorito, pero ahora se quedaba hasta tarde y raras veces volvía a su casa por la noche, según le había comentado la esposa del doctor, quien se había mantenido indiferente hasta la quinta ocasión.

Sin embargo, al pasar junto a una de las puertas, pudo ver de reojo a las tres personas que yacían acostadas en sus respectivas camas, eso y sumado al hecho de que varias personas de la aldea habían resultado estar afectadas por un nuevo tipo de enfermedad y algunos ya estaban en una condición muy grave para tener que pasar la noche en la clínica si era preocupante, por lo que la actitud que su jefe había tomado tampoco era de extrañarse, después de todo, la mayor prioridad de un doctor, es la salud de sus pacientes.

Regresando al doctor, este se encontraba en un estado aún más digno de lastima, para empezar, la falta de sueño había hecho de las suyas dejándole unas largas bolsas en los ojos, lo que le daban el aspecto, irónicamente de un mapache, animal que siempre había aborrecido.

Su pelo, anteriormente de un tono castaño, similar a la corteza de un roble saludable, ahora se encontraba bajo una invasión de canas, que amenazaban con propagarse como no dejara de liberar el estrés, mientras que sus movimientos, no cesaban de verse toscos y sin coordinación.

Parpadeo un poco ante la luz que emergía de la pantalla de su monitor, durante uno de esos breves intervalos, sus parpados amenazaron con quedarse estáticos privándolo de su visión, pero tras algo de mínimo esfuerzo logro abrirlos. “¿Habré hecho mal al declinar la oferta del café?”-, se preguntó mientras continuaba con la lectura del artículo que había encontrado tras mucho rebuscar en el masivo océano de la Web, al mismo tiempo, mantenía una cuidadosa vigilancia sobre la imagen que mantenía abierta en otra pestaña.

En su mente veía como cierta cantidad de cifras decrecía y otra aumentaba, también se imaginaba como aquellas ramificaciones antinaturales se extendían sobre el resto de los tejidos privándolos de los nutrientes que el cuerpo requería para su continuo funcionamiento.

Consumiéndolos, asimilándolos, infectándolos, no encontraba una palabra exacta para definir el horror gástrico que estaba ocurriendo frente a sus ojos: “Era como parte del cuerpo pero al mismo tiempo no lo era, a simple vista a través del análisis podía pasar desapercibido como alguna parte del páncreas o una simple abultacíon del estómago, pero al verlo más detenidamente, se podía ver que no era así” “Estaba creciendo de manera dependiente del estómago y no solo de él, también de todo lo que quedaba al alcance de las asquerosas ramificaciones de su misma naturaleza que brotaban de su cuerpo, como puentes orgánicos que transportaban sus células a los otros tejidos”

“Entonces, estos comenzaban a perder de la misma manera sus nutrientes, su naturaleza productiva comenzaba a decaer; se devoraban sus propias células entre sí, una vez que quedaban a la merced del organismo que se había hospedado en el sistema digestivo, dentro del vientre de aquella mujer”

“Veía como horror como los propios tejidos al alcance de esas ramificaciones lentamente comenzaban a corromperse también, presentando abultaciones de la misma naturaleza que la original, hasta convertirse en objetos amorfos similares al que había crecido fuera de las paredes del estómago, como una clase de grotesca esponja de naturaleza fluidofaga se tratara”

“Y estos a su vez, comenzaban a dar luz a sus propias ramificaciones, que comenzaban a crecer a base de todas las proteínas, minerales, e incluso restos de células muertas, como si de un gran organismo macrófago se tratara”

“Alcanzando otras zonas y órganos, expandiéndose a través del cuerpo humano, entrelazándose entre ellas mismas para formar una amplia red de dichas ramificaciones, que cortaban, cortaban cualquier tejido a su alcance, para luego invadirlo y depositar dentro de él los trozos que fueran necesarios para la fecundación de un nuevo organismo de dicha naturaleza”

“Y los bultos, los bultos, horridos tumultos palpitantes que actuaban como coordinadores y epicentros de aquel suceso biológico, se movían, se movían y agitaban, como si de corazones, musculo principal se trataran, bombeando sangre a través de un nuevo sistema circulatorio hecho a base del primero, que ya estaba siendo atacado por las ramificaciones antinaturales que comenzaban a entrelazarse en ellos, tanto arterias como venas, con sus respectivos cargamentos de glóbulos rojos, sufrieron aquel asedio impotentes, ya que hasta los mismos glóbulos blancos no eran nada frente a las células invasoras”

“Y los estaban reemplazando, reemplazando, y crecían y crecían, absorbiéndolo todo y haciéndolo suyo, tirano del mundo minúsculo, esos bultos, actuaban siguiendo un patrón nocivo, hechos del propio material desechado del organismo huésped, hasta convertirse en un parasito poderoso, un auténtico vampiro que robaba la energía vital de las personas, desde adentro”

“Ya no se trataba de un acto de auto-canibalismo a niveles celulares, sino que de un acto pseudo-parasitoide, sea lo que fuera aquella enfermedad, ya había entendido su mayor consecuencia”

“La alta temperatura, la falta de energía, esa palidez, todo eso que había confundido con anemia no eran más que síntomas de una rara secuencia inoculada en el estómago o en cualquier órgano, que consumía cualquier trozo de materia a su alcance, para luego crecer de manera aún más dependiente”

“La falta de nutrientes, aquel factor que le había llamado la atención se encontraba resuelto, pues era esa “cosa” o tumor o lo que fuera que fuese lo que los absorbía y obtenía más material para seguir con su grotesca tarea de expansión”

“Pero lo más perturbador, fue lo que vio aparecer en el bulto principal, que ya había adoptado un tono verdoso sin llegar al oscuro. Ahí, en el nudo de las palpitaciones, se estaba abriendo una cavidad de tamaño minúsculo como unas grotescas fauces exigiendo alimento a todo dar”

“Actuaba de una manera similar a un Caribdis estomacal, atrayendo hacia sí mismo todos los nutrientes que podía para así perpetuar su aborrecible ciclo de dominación biológica”

“Pero, ¿Qué era lo que pasaba en los otros sistemas?, ¿era que acaso aquella terrible quimera pulposa también tenía entre sus metas el añadirlos a sus cohortes?”

“Y ahí no acababa, de entre el estómago, entrelazándose con el propio esófago, otro de esos bultos palpitantes se estaba formando y de él comenzaban a surgir esos apéndices monstruosos que también entrelazaban con el esófago, enterrándose con lo que había a su alrededor, incluida la caja toracida y las costillas, que también sufrieron el asalto de esos organismos externos que los cubrían como si de una hiedra se tratase”

“Sus ojos no dieron crédito a lo que veía, aquellos tentáculos habían alcanzado el corazón, que proseguía con su eterno ciclo de bombeo y se metían en él, entre los pocos orificios existentes se asomaban y comenzaban su pronta infección”

“Incluso, el corazón, incluso podían hacer eso, lo que dejo a su paso no fue más que el mismo órgano funcional, solo que ahora conectado por medio de las ramificaciones al bulto central, que palpitaba también de la misma forma que el musculo principal que acababa de infectar, como si de una mórbida antítesis se tratara”

“Y aquella materia que se iba formando, ya alcanzaba la piel, ya carcomía los músculos, ya iba atravesando la capa de piel y cualquier cavidad bucal a su alcance, ya aquellos espolones hechos de proteínas solidificadas perforaban la piel formando gruesos apéndices mientras que los parpados de la mujer se abrían de par en par revelando una esclera ya carcomida por esa plaga interna y la boca se abría revelando unos caninos y apéndices bucales que clamaban más carne que consumir…”

Despertó completamente sobresaltado y bañado en un frio sudor propio, miro hacia atrás solo para ver el cuerpo de la mujer aun en su lecho y respirando con dificultad, los signos vitales que se mostraban en el monitor seguían exactamente iguales a como los había visto por última vez, echo un vistazo rápido hacia la otra pestaña, el texto que hablaba de las propiedades y riesgos de la manipulación microbiológica seguía ahí, justo en el párrafo en el que se había quedado antes de caer profundamente dormido. “De modo que fue un sueño”-, pensó mientras se atusaba su escasa barba y seguía leyendo el artículo, miro de reojo el reloj que aparecía en la esquina inferior derecha, este marcaba casi las tres de la madrugada en punto.

Ya tenía todo muy en claro, ahora solo necesitaba hacer una cosa: dormir. Y se retiró del cuarto dejando el monitor encendido mientras subía escaleras arriba en dirección a los aposentos que tenía en casos como aquellos. Que mala suerte que no se molestó en revisar la segunda pestaña abierta, en la cual, el diagrama de aquel bulto pulposo que palpitaba mientras sus ramificaciones se extendían a través de todo su vientre.

“Consumir”

“Auch”-, se quejó Tania al sentir como una punta se clavaba en su tobillo, “Lo siento”-se escuchó decir a Sasha detrás, quien a pesar de estar armado con una poderosa linterna, no conseguía ni distinguir un burro a tres palmos de distancia. Llevaban casi una hora dando el recorrido por esos túneles que habían encontrado, incluso Renko estaba impactado con aquel descubrimiento, no todos los días descubrías un pasadizo olvidado bajo el altar de la iglesia que encima llegaba a lo que parecían ser unas rudimentarias alcantarillas y mucho menos lo habían encontrado por simple casualidad, fue el símbolo grabado en el precioso mantel decorado con hilos de plata del altar lo que se los indico.

Un árbol negro, el símbolo tallado en la tela era exactamente igual al grabado en aquella fúnebre página en la que también habían encontrado impreso el nombre de la familia de Anton.Aquel descubrimiento de seguro le había costado la vida a su amigo y ellos no iban a dejar que aquello fuera en vano.

Fue Sasha quien al apretar el “árbol” abrió lo que parecía ser una escotilla de granito, que ni veinte hombres juntos hubieran podido mover, al sentir la presión, el mecanismo se activó recorriendo la pesada lamina de piedra y mostrando un profundo boquete excavado directamente en la piedra viva en el cual estaban pegadas unas escaleras de hierro las cuales no parecían haber sido utilizadas en años y la herrumbre que las cubría lo demostraba.

Aquella escalera los había llevado hasta una plataforma en medio de lo que parecía ser un canal seco, no había luz alguna y encima habían al menos unos cinco túneles exactamente iguales, de no ser porque Tania sugirió que aquel sitio era probablemente una alcantarilla nunca terminada, los otros dos se hubieran perdido entre los túneles dejando que su imaginación los guiase. Y justamente, en esos momentos se hallaban recorriendo uno de ellos, e los que la penumbra era tal que se mantenían bastante cerca, para no correr el riesgo de perderse.

“Renko”-, susurro Tania a su compañero que ya comenzaba a verse un tanto distante,-“Exactamente, ¿Cómo sabes que este es el camino correcto?”-, a lo cual el contesto un tanto confuso,-“No es que lo sepa, lo presiento, es como si de alguna manera ya hubiera estado por aquí”

Aquellas últimas palabras hicieron que le helara la sangre a Sasha, quien no perdía ni un minuto en tratar de observar cualquier indicio o pista, sus ojos, escrutaban las paredes del túnel como si tratara de capturar alguna imagen con ellos, algo que él, fotógrafo aun en preparación, encontraba fácil.

Hasta que se toparon con algo tirado en el suelo, lentamente se dirigió hacia eso y se inclinó para levantarlo. Era algo cónico a juzgar por el extremo del que lo sujetaba y también parecía estar cubierto de polvo, en cuanto al material, ni idea, tal vez cuero. Una vez que lo mantuvo a una altura suficiente, lo ilumino con la linterna pero grito al ver salir de un hueco el reconocible cuerpo de un ofidio grisáceo que siseo al notar su presencia.

Soltó el objeto y la lámpara que hizo un gran estrepito cuando impacto, estrepito que las angostas paredes del túnel se encargaron de propagar, Sasha, aun en el suelo y afectado por la impresión, escucho los pasos de sus dos amigos acercándose y la luz de una de sus linternas iluminando su espalda. “Serás idiota”-, escucho decir a Tania, mientras que esta lo ayudaba a pararse y Renko los iluminaba, por su expresión, parecía morirse de ganas de preguntar lo que había ocurrido. “¿Qué ocurrió?”-, pregunto al cabo de unos minutos mientras veía hacia atrás sin dejar de iluminar al frente, parecía temeroso de que el ruido hubiera alcanzado la superficie y la idea de tener que explicarle a alguien por qué se encontraban bajo tierra no le daba mucha gracia.

“Había encontrado algo tirado en el túnel, pero cuando lo recogí, una serpiente salió de él y me siseo”-, respondió apenado, vaya que hacerse el valiente no le iba a servir de nada, sin embargo, en vez de escuchar una burla de Renko o de Tania, solo se encontró con las miradas sorprendidas de ellos dos.

“¿Y de dónde decías que salió la serpiente?”-, pregunto Tania escéptica mientras trataba de recordar algo que había leído por ahí. “No estoy muy seguro”-, respondió Sasha un tanto confuso, -“Solo recuerdo que era algo cónico y parecía tener correas” Renko dio unos pasos hacia adelante y se perdió entre la penumbra del túnel, regresando al cabo de unos minutos, con algo en la mano.

“¿Algo como esto?”-,pregunto mientras lo levantaba e iluminaba con la linterna, Sasah yTania dieron un respingo al ver la cosa que sostenía Renko en la mano, el objeto del que había brotado esa serpiente, no era otra cosa que una máscara medica del siglo XIV.

No le pesaba en absoluto la carga que arrastraba y también le daba igual que se dañara al azotarla continuamente contra el piso, en aquel pergamino ancestral no había ninguna condición sobre el buen estado de los materiales para la eficiencia del ritual de preparación.

Aunque si le molestaba bastante el tener que realizarlo en medio de aquel sitio, era tan cansado el tener que arrastrar media docena de cuerpos hasta el estúpido círculo de necromorfacion que estaba dibujado con fluidos de los Horrores de Mil formas en aquel espacio. Aunque en el fondo encontraba divertido el hecho de que la sociedad tuviera que recurrir a sus pocos, por no decir nulos conocimientos sobre la hechicería y que tuviera que ponerlos en práctica, si bien gran parte del procedimiento incluía ciencia, eso no le quitaba el hecho de que se tenía que usar magia de la más oscura para conjurarlos.

Agradecía enormemente que al menos no hubiera sol durante ese tiempo, ya que de lo contrario se hubiera forzado a quedarse resguardado en la cabaña en la que malvivía desde que se le ocurrió la brillante idea de tomar un bocadillo nocturno, la reprimenda que le dieron “ellos” fue tal que no quería acordarse de eso, las marcas de quemaduras en sus brazos y piernas aún no se regeneraban por completo de igual manera. Resoplo algo molesto, no era muy justo que digamos, su hermana había causado conmoción en la aldea y había salido impune del asunto, hasta se había encontrado con otra cosa para hincarle el diente en la foresta dos noches atrás y para limar asperezas, lo había llevado al hueco en el árbol para que “ellos” decidieran que hacer con él. Su sangre hirvió de rabia al recordar cómo estos se lo habían entregado a ella para que hiciera lo que se le antojara con él, lo que significaba a todas luces que mientras el sudaba la gota gorda teniendo que lidiar con los moderadores, ella podía estar en cualquier punto del bosque divirtiéndose con su nuevo “juguete”

El solo imaginar a ese joven siendo desmembrado lentamente mientras su sangre manaba de los muñones con la sádica risa de su hermana de fondo y su lengua lamiendo cada gota del preciado líquido le hizo agua la boca, aunque conociéndola, ella nunca haría algo así, estaba acostumbrada a aprovechar cada cosa, exprimirla hasta agotarla, sabía que estaba prohibido pero no podía evitar sentir un poco de compasión por ese joven que parecía tener toda una vida por delante.

Después de todo, ¿a quién le emocionaría el convertirse en una garrafa viviente por horas o tal vez días?

Una vez llegado al sitio, descargo la pila de cuerpos supurantes que llevaba arrastrando, un enjambre de moscas revoloteaba a su alrededor pero no podía importarle menos, en ese momento toda su atención estaba enfocada en el patrón geométrico en el que estaba parado. Suspiro antes de dirigirse hacia la bolsa y abrirla con solamente sus manos.

Maldijo en voz baja al ver que algunas costuras se habían separado y otras estaban muy mal unidas, a este paso no iba a terminar a tiempo la preparación, que si sus cálculos no fallaban, tenía que estar lista dentro de un día, para poder adelantarse al experimento.

Refunfuñando, comenzó a unir los cuerpos con el alambre metálico, valiéndose de la fuerza que se le había otorgado, no tardó mucho en culminar aquella pesada tarea, pero sabía que lo mejor estaba por venir.

“Vrazla”-, susurro mientras sacaba del costal otro objeto envuelto en telas,-“Aun sigue bajo los efectos de mi Draum Copa”-, pensó mientras arrullaba el bulto y lo descubría. Aquella sonrisa digna de pertenecer a algo tan retorcido como el volvió a asomarse entre sus labios.

Que cosa más pura había más que un recién nacido, no se arrepentía de haberlo dejado con vida aun después de haber infectado a su hermano y segar la vida de sus padres, quienes formaban parte de los cuerpos con los que había estado viajando en ese saco. Aun cuando podía habérselo dado de comer al hermano que ya estaba más allá de toda salvación y gozar de sus chillidos cuando los dientes de su prójimo se clavaran en su suave carne siendo dominado por ese primal instinto de consumirlo todo.

No, era mucho más preferible usarlo para potenciar el ritual, que nunca estaba ausente la probabilidad de un fallo y sabía bien que “ellos” no toleraban eso y los amplios recursos humanos con los que contaban para sus continuas pruebas hablaban por eso.

Colocando la hilera de cuerpos unidos entre sí, ya consumidos por la podredumbre y enjambres de moscas que no querían perderse ese banquete en medio de aquel patrón geométrico, espero silenciosamente el momento oportuno.

“Hazorrlla”-, susurro hacia el Sur. Un viento con olor a podredumbre le respondió golpeándole de lleno en las narices, aquel aroma era la muerte misma.

“Exitium”-,susurro hacia el Norte, siendo respondido al instante por una ráfaga que hizo vibrar cada parte de su cuerpo, como si una carga de energía lo hubiera traspasado.

“Xurla”-, susurro hacia el Oeste, de donde una pequeña ráfaga con roció empapo su rostro, evito con sumo cuidado el ingerir alguna de esas gotas de agua, cuyo olor le recordaba a la única vez que había visto el gran océano.

Y finalmente,-“Ghraxol”-, dijo hacia el Este, lo que llevo a un vendaval que le erizo la piel a manifestarse levemente, un inmenso calor sacudió su cuerpo como si se hubiera metido en una sauna de improviso, pero se desvaneció al cabo de unos minutos.

Sonriendo, se descubrió el brazo derecho, que al fin lucia su palidez cadavérica por completo, en el cual se podían ver distintas marcas que revelaban la existencia de dos canales circulatorios: uno rojo, en el cual manaba la sangre mortal y uno negro, en el cual corría el icor negro de los que se habían entregado a lo Oculto como él, con calma y sabiendo que la parte más riesgosa del rito había ya concluido desenfundo la larga daga de pedernal que había guardado dentro de sus negros ropajes, al ver la preciosa manufactura del objeto, no pudo hacer más que admirar a la cultura que antes los usaba para propósitos mucho más nobles, hace ya siglos de antigüedad, en la tierra donde se habían refugiado los adoradores de la sangre y la oscuridad y que habían sido sometidos por los impíos barbaros que cruzaron el océano en naves de madera impulsadas por los vientos.

Más que sometidos, habían sido casi erradicados, su legado casi milenario se encontraba perdido o muy celosamente guardado por sus descendientes, ocultos en las entrañas de la tierra o en las profundidades de los océanos.

Pero no era tiempo para lamentarse de eso, pronto les llegaría la redención por su parte, primero, como todos los cambios, había que hacer sacrificios, como este. No vacilo en clavar la filosa punta en su brazo hasta perforarlo por completo y tirar de el para ensanchar la herida, de la cual ya estaban cayendo ambos líquidos, el rio rojo y el torrente viscoso del color del alquitrán.

Caían a la tierra infertilizandola de dar vida, mientras movidos por un deseo ancestral, ambos líquidos, ya adoptando una textura que los hacia ver grotescamente..orgánicos, se acomodaban rellenando los patrones excavados cuidadosamente a flor de tierra, como si de un perfecto molde se trataran, hasta que completaron a la perfección toda la figura.

“Ez a hús jön össze, mint egy, a spirál a korrupció a csomagolást, amelyet ahoge ő pobredumbre ahogy egyesül a hatalom a szörnyű százlábúak akarata által ura ejambre, patricarca talicskát temető és örök minta a halottak ők fogyasztják még álmukból, Alzate és szolgálni nekem, necrochilopoda”-, grito mientras levantaba ambos brazos de los cuales comenzaba a brillar una fuente de energía de un tono violació y un vapor rojo emergía del suelo rodeando la pila.

Entonces levanto al niño con las dos manos mientras gritaba ya consumido por la inconmensurable influencia de los seres que habitan más allá del Vacío mismo,- “Hazorlla, a mindent elfogyasztott, és mindannyian élvezni, minden envicias és minden embruteces, átkozott a neve alatt minden nemzet DLE ember és átkozott a gyümölcsöt, hogy nemzeni a földön, ó nagy úr szemét, isten wobbles földalatti, fa szerencsétlenség, betegség a világon, átkozott ezerszer”

“Könyörgöm, hogy ezt még a tiszta lélek a befolyása a nagy Zalgototh és adj nekem, puszta küldönc tiéd, a hatalom, hogy emelje fel a csavart lények, akik kreatív egy egyszerű szeszélye ördögi, hogy beleesett a kísértésnek, a rejtett”-, termino, antes de arrojar al infante a las llamas oscuras que habían empezado a consumir la hilera de cuerpos, los gemidos de dolor que este emitía aumentaban conforme las llamas envolvían su pequeño cuerpo.

Entonces sus gemidos fueron suplantados por un bramido infernal, al que luego se le unió otro y otro y otro, todo un coro que parecía brotar del averno mismo se revelaba de entre la pira de cuerpos calcinados, los cuales ya comenzaban a moverse, arrastrándose como podían, varias manos apenas cubiertas con carne comenzaban a salir de aquella masa de carne carbonizada.

Casi una docena de ellas, entre pies y manos comenzaban a extenderse fuera de aquella hilera que ya se estaba levantado. Una cabeza, de la cual no quedaba casi nada de carne dio un bramido mientras que unas protuberancias carnosas comenzaban a brotar de su cara, hasta casi cubrirla por completo, mientras que todos los trozos del cuerpo también se estaban posicionando adoptando una repugnante forma semi-éntomo.

El sonrió, no era la primera vez que veía el nacimiento de una de estas abominaciones, cuya creación debió haber sido una idea en una mente muy dedicada a este tipo de cosas ya siglos atrás, sino que era la primera vez que ejecutaba un ritual de dicha naturaleza y había resultado salirle a la perfección.

Hasta que una punzada escoció su ojo derecho, se agacho con una mano colocada sobre este mientras maldecía su imprudencia, lo había olvidado.

Se mantuvo medio minuto en esa posición en el cual la criatura, del tamaño de seis hombres acostados, elevándose sobre los grotescos apéndices hechos a base de tanto piernas como brazos calcinados estuvo en un estado de quietud total lo cual hablaba de la eficiencia que había resultado ser el ritual mismo.

Hasta que ceso el dolor y logro levantarse sonriendo de nuevo, solo que ahora, en su ojo derecho, antes ocupado por una esfera negruzca, más oscura que la tinta aun, ahora estaba grabado como la marca de un sentenciado a muerte con hierro vivo sobre la piel, el mismo patrón geométrico sobre el cual había realizado la invocación.

Sonrió por última vez mientras sentía como todo un flujo de energía recorría su cuerpo y se concentraba en aquella marca maldita con la cual tenía asegurada no solo la superioridad sobre su hermana y algunos de los demás peones, sino que el control absoluto sobre los moderadores y además, sobre los heraldos de la Plaga, la cual, ya estaba a solo un paso para su fecundación después de tanto tiempo incubándose, por no decir, a solo un día.

Se relamido los labios al pensar en todo lo que podía llega a comer cuando esta se desatara.

Ya había dejado de dolerle desde hace tiempo, si bien sentía como los colmillos de aquel demonio disfrazado de doncella clavándose en su cuello casi a diario, no podía ni abrir la boca para protestar.

No tenía sentido alguno el hacerlo, si oponerse de por sí ya era inútil, pues desde aquel fatídico momento en el que cayó en la trampa de aquella demonio y estuvo a la merced de sus colmillos y su ponzoñosa influencia, se encontraba inmerso en una burbuja de apatía sobre su entorno.

No se podía decir que estaba hipnotizado ya que conservaba cierta autonomía sobre su mente, pero no sobre su cuerpo, que estaba obligado a obedecer los ciegos caprichos de aquella pérfida mujer, que cada momento regresaba con una distinta idea de cómo disfrutar de su sufrimiento mientras ella se ahogaba en carcajadas ajenas a la realidad. Recordó el cómo había llegado a aquella situación, durante ese recorrido en el bosque, el caer bajo una ilusión mental y aterrizar directamente en los brazos de ella, quien clavo sus colmillos de la misma manera en la que una viuda negra culmina su macabro aunque natural ritual de cortejo.

Poder contemplar por unos minutos que aquel fúnebre símbolo era real y no solo eso; también sintió como era arrastrado hacia él. Un agujero excavado en la tierra, como la madriguera de un conejo hacia una lúgubre tierra de las maravillas donde conocería no solo a los responsables de la sombra que se cernía sobre Herrbergorth.

Ser como un mero saco de carne ante ellos, siendo tocado y medido hasta ser declarado no apto y finalmente escuchar de sus propias bocas los oscuros destinos por los que podía terminar, ninguno mejor que el otro.

Hasta que ella intercedió por él, librándolo de convertirse en tan solo un recurso más para aprovechar a lo máximo por ellos, no sabía si debía agradecerle por eso, ya que lo había librado de una muerte mucho más horrible.

Como si ser desangrado hasta la muerte tampoco lo fuera, pero no tenia caso alguno, pensó mientras sentía como los brazos de aquella demonio se envolvían alrededor de su cuello una vez más, su solo contacto parecía robarle el aliento mismo, al igual que sus labios que ya iban rozando la delicada piel de su cuello, donde yacían varios pares de marcas idénticas, apenas cicatrizadas.

Pudo percibir el brillo rojizo que salía de las cuencas oculares de su captora mientras esta abría la boca de par en par y clavaba los curvos colmillos en su carne.

“Eres mío”

Volvió a escuchar eso de nuevo, las primeras veces solo había chasqueado la boca en señal de fastidio, pero ahora la notable influencia se había apoderado de su cuerpo y se lo impedía, ahora solamente se limitó a maldecir a la vida mientras dejaba que aquella demonio succionara su sangre, como si de un donador se tratara.

“Sabes bien que no tienes alternativa”

Su voz, era como una ráfaga de invierno que taladraba su mente, pero había aprendido a resistirla, por lo que no se dignó en contestar.

En su lugar, prefirió mirar hacia el cielo, el cual se había despejado hace rato, mostrando a todas dudas que el ocaso ya comenzaba a despuntarse, ahí, preso entre las ramas de un árbol y cobijado por la gruesa copa de este, pudo distinguir a la distancia la silueta de Herrbergorth.

El pueblo lucia muy tranquilo, a pesar de que en el interior sabía que no era así, pues su ausencia de seguro no había pasado inadvertida y para empeorar, ahora tenía confirmado que el “árbol negro de Herrbergorth” eran los mismos que habían desatado aquella sombra en el pueblo y no solo eso, al parecer dicha “enfermedad” era tan solo un uña en comparación a todo lo que “ellos” estaban planeando lanzar.

Suspiro mientras que en su cabeza se preguntaba como estarían los otros tres, también pensó en su familia y hasta en sus conocidos, de hecho, pensó en todos los habitantes del pueblo que conocía. En su mente pasaron sus rostros como si de una película se tratara, pero también vio las imágenes de lo que ocurriría dentro de un día, pues durante una de las “pruebas” que le habían hecho “ellos”, había tenido unas húmedas pesadillas teñidas de rojo y verde, de sangre que salía de los cuerpos como impulsada por la pólvora, de ver como aquellas protuberancias carnosas surgían de los cuerpos desmembrados en el suelo, como aquellos apéndices bultosos crecían de toda fuente de vida y espoleaban todo lo que estuviera frente a ellos, como los hombres y mujeres, con los ojos hinchados por las venas se arrojaban los unos contra los otros envueltos en un frenesí interminable mientras se devoraban entre sí.

Como una niebla rojiza comenzaba a invadir el ambiente mientras que los cuerpos de los muertos y de los vivos, ya sin distinción alguna, yacían tambaleándose por el lugar presas de la influencia que aquella plaga salida de los hipócritas oscuros, que escondían sus rostros tras mascaras de tiempos inmemoriales, donde la muerte se apoderaba del mundo y los vivos se flagelaban por las calles, creyendo en su ciega fe de la ocurrencia de un castigo divino.

También los vio a ellos, caminando por las calles ya inundadas por los muertos y los vivos, todos infectados, todos presos, prisioneros de aquella artimaña infernal que habían trabado durante siglos y ahí estaban, como dueños y señores del tumulto que habían causado.

Tanto la rabia como la impotencia afloraban en su interior, ya que el enterarse de que por varios años, por no decir siglos, no habían sido más que una gigantesca caja de Petri, destinada a satisfacer la curiosidad de unos cuantos individuos inhumanos.

Y ahí estaba, siendo succionado poco a poco por aquella sanguijuela de aspecto humano, que le susurraba más advertencias inútiles, burlándose de su impotencia, para luego proseguir con su asquerosa dieta.

Anton no pudo hacer más que quedarse quieto y seguir sintiendo eso, pero también, muy en su interior, comenzaba a sentir un tirón en sus entrañas, sin saberlo, sus ojos comenzaban a entornarse como los de un pero de caza, su piel parecía tensarse mientras que en su interior, un ardor comenzaba a hacerse presente en todo su cuerpo, entonces volvió a mirar al cielo, y en sus ojos, ahora del mismo color que la tinta. Y en ellos, se reflejaba la luna llena…

Capitulo Cuatro: Una entraña devoradora
“Es imposible”-, murmuro para sí mismo Renko, sin embargo tanto Tana como Sasha lo escucharon y esgrimieron una sonrisa triunfal.

Pues ahí mismo, frente a ellos, se encontraba una enorme puerta de hierro, ya consumida por el paso de los años, siendo resguardada por un cerrojo bastante peculiar, la habían encontrado después de seguir por el túnel donde habían encontrado la reliquia aquella, la cual para su mayor sorpresa, contenía un mapa de aquel complejo laberintico. Después de seguir andando por lo que parecieron horas, dieron con una cámara con una apariencia similar a la que habían entrado primero, salvo que esta estaba desprovista de túneles a excepción de él que servía de entrada , lo que encontraron ahí no pareció nada al principio, pero se equivocaban.

Aquella puerta de hierro, aunque ya estaba desgastada, no parecía ser vulnerable a ser forzada fácilmente y lo comprobaron varias veces antes de afirmarlo. Renko, cogiendo una piedra que yacía por ahí, la arrojo contra la cerradura, que solo rechino pero no dejo ni la menor mella.Sasha por su parte, tomo otra piedra y golpeo directamente la cerradura, con el mismo resultado que Renko.

Tania suspiro mientras se acercaba a inspeccionar la cerradura, al parecer, si sus ojos no la engañaban y si esos rasguños no habían arruinado las marcas, había algo escrito ahí, pero lamentablemente, estaba en húngaro.

Antes de que pudiera preguntar siquiera, Renko se aproximó ajustándose las gafas, por su expresión, Tania dedujo que ya había caído en cuenta de la inscripción, por lo que opto por hacerse a un lado y dejar al traga libros hacer su trabajo.

Renko pareció concentrarse un momento mientras fruncía el ceño, al parecer había traducido correctamente, pero no conseguía entender el significado. “¿Sera algo críptico?”-, pensó Tania mientras se cruzaba de brazos.

Sasha por su parte se dedicó a caminar en círculos mientras jugueteaba con la máscara que habían hallado en el túnel, no la había visto muy bien en ese entonces, por lo que aprovecho para estudiarla un poco. Cuando la tuvo frente a él, se dedicó a escrutar con sus ojos la pieza que tenía en su mano.

La nariz era de medio pie de longitud, con la forma de un pico, al parecer había estado rellena de perfume con sólo dos agujeros, uno en cada lado, próximos a los orificios nasales, pero que bastaban para respirar, cargando con el aire que uno inhalaba, la impresión de las drogas que solían ser contenidas en el extremo del pico. Al parecer estaba hecha de un material bastante fino (cuero de cabra) con lentes sobre los ojos. Al oler su interior, le llego u aroma de humedad más algo que parecía ser tomillo en descomposición, lo cual hizo que estuviera a punto de echar arcadas.

Pensó en matar la tensión por un momento así que se la coloco, avanzo a tientas en dirección hacia Tania quien estaba ocupada viendo como Renko se desesperaba por no poder captar la traducción de la cerradura, pero antes de que pudiera hacer algo, un bramido sobrenatural sacudió la tierra mientras que una ola de energía pareció golpearlos a los tres. Sasha se tambaleo momentáneamente antes de caer de espaldas sin tener tiempo para apoyarse en sus manos, Tania logro sujetarse contra la cercana pare y Renko cayó de espaldas golpeándose levemente la nuca.

“¿Qué carajos fue eso?”-, grito Sasha ganándose un golpe con el libro por parte de Renko, quien lo miraba colérico, Sasha cayó en cuenta de que aún tenía la máscara puesta e hizo ademan de quitársela pero las correas se habían ajustado demasiado, de modo que le iba a resultar imposible hacerlo solo, mientras trataba en vano de desembarazarse de esa reliquia medica trato de explicar.

“No fui yo, lo juro”

A juzgar por su tono de voz, Renko se calmó además analizo la situación, era bastante improbable que por solo abrir una máscara y colocarse se desencadenara un pequeño sismo, eso sin contar la oleada de energía y aquel bramido que habían escuchado.

“Ehem, chicos, creo que deberían ver esto”

La voz de Tania lo saco de sus pensamientos, por lo que se apresuró a ayudar a pararse a Sasha quien aún tenía puesta la máscara, ambos se dirigieron donde se encontraba parada su compañera, quien señalaba con el dedo la puerta, que al parecer, había cedido ante el impacto de energía.

Los tres avanzaron sobre ese umbral solo para internarse en una oscuridad aun mayor, que apenas sus linternas conseguían penetrar, sorpresivamente, Sasha poseía una visión perfecta, podía distinguir con exactitud cada detalle de la nueva cámara a la que acababan de entrar, hasta que sus ojos se posaron en algo que yacía en un extremo de la habitación subterránea.

A través de los gruesos cristales de los lentes de la máscara, sus ojos se abrieron sorprendidos, no podía dar crédito a lo que estaba viendo.

“No es posible”-, dijo en voz baja, pero al nivel suficiente para que sus compañeros la escucharan. “¿Qué cosa?”-, pregunto Renko mientras que su compañero hizo ademan de señalar con el dedo lo que estaba oculto entre las tinieblas.

Los otros dos apuntaron con las linternas hacia el mismo punto y vieron con horror, lo que había estado escondido por tanto tiempo bajo sus narices, algo que hubieran deseado, no saber nunca.

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