Anomali

Toc -Toc-Toc

No hubo respuesta alguna del otro lado de la puerta, tenía cierto sentido considerando que eran más de las diez de la noche y todas las luces de la casa se encontraban apagadas dándole un aspecto un tanto sombrío a la moderna construcción de dos plantas ubicada en la zona central del fraccionamiento.

Toc-Toc-Toc

La mano, dirigida por su muy impaciente dueño volvió a golpear esperando recibir respuesta alguna como una luz encendiéndose o algo por el estilo. La respiración del individuo aumentaba su volumen a cada momento mientras gruesas gotas de sudor resbalaban por su frente, indicio enorme del calor al que estaba sujeto.

TOC-TOC-TOC

Con un ímpetu mucho mayor, la mano azoto la superficie de madera profiriendo una respuesta mucho mayor. Pero aun así, nada. Cualquier señal de vida brillaba por su ausencia en esa casa. Molesto y confundido, más de lo primero que lo segundo, se resignó a dar media vuelta y largarse de ahí a toda costa sin importarle en lo más mínimo cualquier represalia por parte de su jefe.

Comenzó a caminar sobre la banqueta con la esperanza de encontrar algún transporte público disponible aunque la visión de las calles desiertas y mal iluminadas no era tan optimista al respecto. Cansado, se detuvo al lado de un poste eléctrico para recuperar un poco el aliento. Verdaderamente se hallaba agobiado. Sin embargo, aun en la negrura de la noche consiguió vislumbrar un leve resplandor que provenía de la casa más cercana.

No se extrañó de aquello, bien podía ser algo completamente común, tal vez un evento de alguna clase se llevaba a cabo dentro de aquel edificio y por alguna razón desconocida se había prolongado a altas horas de la noche. Con aquellos pensamientos en mente, siguió su camino. Guiado más por el azar que por su propia iniciativa miro hacia la izquierda.

La visión de la puerta abierta de par en par como si hubiera sido forzada le recibió. Alguien había entrado a aquella casa y no parecía haber sido invitado.

Un escalofrió recorrió su espalda al pensar en aquello, por lo que decidió seguir su camino mucho más aprisa. Desafortunadamente un sentimiento de culpa le invadió el pecho, impidiéndole el escape. Avanzo un tanto decidido hacia la puerta con la intención de investigar lo que había ocurrido. Pero apenas entro en el umbral una fría ráfaga proveniente del interior de la casa lo atravesó enfriando su vago valor. Tembloroso, miro hacia la penumbra del pasillo que se alargaba tras la puerta pero solo logro ver una negrura total.

Un silencio decrepito se extendía a través de la estructura como un hongo consumiendo la madera siendo incentivado por la humedad, las tinieblas parecían volverse más espesas a cada minuto que trascurría. Lo cual era bastante extraño considerando la cantidad de luces que había visto encendidas cuando se encontraba en la vereda.

Pero cuando asomo la cabeza nuevamente hacia el exterior, vio con espanto como las luces brillaban por su ausencia y en su lugar era un relleno color alquitrán lo que se encontraba tras las ventanas que el juraba haber visto iluminadas momentos antes.

Volteo su mirada hacia las penumbras del corredor de la casa las cuales permanecían impermutables, dio un paso hacia adelante movido por un último acto de valor solo para ver la inmensa negrura que se agrupaba en el fondo como boca de lobo.

“Si miras mucho tiempo al abismo, el abismo también mirara dentro de ti.”

Aquellas palabras de Mark Twain llegaron a su memoria tras observar aquello que se estaba revelando delante de él.

Densas columnas de oscuridad se formaban de las paredes mientras reptaban como odiosas serpientes que hasta las mismas sombras maldecían el paso. Y comenzaban a fundirse en medio de aquel pasillo en la oscuridad aullante.

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